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La Argentina y el mito de Sísifo

Alicia Caballero
Escrito por Alicia Caballero

El futuro nos preocupa a todos. El futuro del trabajo, de la educación, del planeta. El futuro del país que le dejaremos a nuestros hijos. Sin embargo, curiosamente, los argentinos dedicamos poca energía colectiva a diseñar el futuro, a planificarlo, a construirlo. Hablamos de “soñar” el futuro, pero trabajamos poco, y con escasa eficiencia, en hacer realidad esos sueños. “Argentinos a las cosas”, Ortega y Gasset dixit.

En Argentina mucho se valora la capacidad de improvisar, de resolver instantáneamente los problemas, de anteponer la viveza a la inteligencia. Los discursos políticos están saturados de críticas, de chicanas, de temas personales, e incluso de falsedades. Sobran políticos, faltan estadistas.

Argentina es un país que enfrenta desafíos enormes y significativos problemas estructurales. Más de un tercio de la población es pobre, la informalidad laboral es del 49 %, el 50 % de los jóvenes no finaliza la secundaria, la situación del sistema previsional es preocupante, agravada por la gran cantidad de ciudadanos (algunos sin necesidades económicas y críticos del gasto público), que cobran mensualmente jubilación sin haber aportado nunca.

Adicionalmente, el sistema tributario es complejo y distorsivo y para quienes pagan la presión tributaria es muy elevada. La participación del país en el comercio internacional es menor al 0,3 % y la competitividad se asocia peligrosamente al tipo de cambio. Defendidas por sindicalistas millonarios, las leyes laborales no se adecuan a los requerimientos de la modernidad (y tampoco toman en cuenta las demandas de los excluidos del sistema) y la complejidad y burocracia para cualquier trámite, transacción o movimiento, traba la dinámica económica. Incluso algunas provincias mantienen sistemas de gobierno anacrónicos, que necesitan de los pobres para mantenerse en el poder por décadas.

No podemos ser necios y pensar que todo lo antedicho puede resolverse en 4 años. Tampoco en 8, ni en 12. Se necesita tiempo, esfuerzo, instituciones y muchísimo trabajo y coordinación.

Pero lo primero que hay que definir y comunicar es la meta. Un proyecto consensuado de Nación, que soporte los ciclos electorales y que, independientemente de los vaivenes políticos constituya el faro que guía el rumbo. Y a partir de allí, definir cuáles serán las políticas y las acciones necesarias para alcanzar los objetivos. El modificar cíclicamente objetivos y políticas centrales (apertura o cierre de la economía, atracción o expulsión de capitales, privatización o estatización, etc.) genera una situación parecida a la padecida por Sísifo. Según el mito, recreado por Albert Camus en una obra muy reflexiva acerca del suicidio, como escape al absurdo de una vida condenada a repetir siempre lo mismo, Sísifo enojó a los dioses con su astucia. La condena consistió en que cada vez que, a pesar de la enorme piedra que cargaba en su espalda lograba estar cerca de la cumbre de la montaña, la piedra caía y todo volvía a comenzar.

Quizás nos cuesta entender que las cosas demoran tiempo. Desde la infraestructura requerida para permitir la producción y transporte de bienes y servicios, a la apertura de mercados para exportar, a la educación que permite formar recursos humanos capaces de participar del sistema productivo en cualquiera de sus instancias. Que requiere a su vez chicos educables, que desde su concepción hayan sido nutridos y estimulados.

Sólo con el mercado interno

Quizás nos cuesta entender que es imposible ser un país “sustentable” si sólo nos orientamos al reducido mercado interno. Sólo un crecimiento progresivo y sostenido de las exportaciones podrá permitir una mejora en el ingreso per cápita. Ahora bien, la exportación de commodities tiene un límite derivado de la disponibilidad de tierras o de recursos naturales. La exportación de valor agregado (en gran parte intangible) escapa a esa restricción. Tenemos que sofisticar y enriquecer la matriz productiva. Y financiar adecuadamente los intangibles.

Quizás nos cuesta entender que el respeto institucional es la base de una sociedad democrática y pluralista, y que debe sostenerse incluso cuando el orden institucional no nos es favorable, o no permite hacer lo que queremos.

Quizás nos cuesta entender que cuanto más complejos son los problemas, más necesarios son el conocimiento, la especialización y la experiencia. El ser inteligente no es suficiente para poder resolver todos los desafíos y manejar cualquier área. Los cargos públicos deben ser ejercidos por los mejores, porque ya no hay margen para el error. Los errores y la ineficiencia cuestan caro, incluso vidas.

Como dirigentes, de ámbitos diferentes, tenemos hoy una enorme responsabilidad. Porque el país lo construimos entre todos, pero quienes más hemos recibido, más debemos dar. Si cada uno de nosotros predica con el ejemplo, es consistente y trabaja con esmero para mejorar la realidad, seguramente el mañana será mejor. Pero es importante que tengamos claro hacia dónde vamos como país y cómo llegaremos a la meta. En la medida en que no trabajemos mucho y coordinadamente en el cómo, la meta seguirá siendo un sueño inalcanzable.

Quizás por carecer de un proyecto de Nación consensuado, o por no trabajar en forma consistente y coordinada en él, la evolución del PBI de Argentina en las últimas décadas se parece demasiado al derrotero de Sísifo.

Lo positivo es que, a diferencia del astuto rey de Corinto, el liberarnos de la pesada piedra y llegar a la cumbre depende fundamentalmente de nosotros.

Sobre el autor

Alicia Caballero

Alicia Caballero

Doctora en Economía (UCA). Decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA e integrante de su Consejo Superior. Fue Directora del Banco de la Nación Argentina.

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3 comentarios

  • Excelente, clara y valiente síntesis del nudo argentino. Oportuno en este momento crítico, donde parece imprescindible alcanzar consensos indispensables para funcionar como una nación

      • Creo que la Argentina con apenas 200 años como nación, no tiene aún la madurez para resolver problemas desde el adentro.
        Las crisis son buenas para aprender y madurar. Cuanto más rápido pasemos la tormenta menor va a ser el sufrimiento de sus habitantes.
        Sigamos madurando!!
        Cada uno desde el rol que le toca en esta hermosa patria !