En primera persona

Los discapacitados no existen

Pedro Ylarri
Escrito por Pedro Ylarri

La primera versión de un artículo publicado en Revista Empresa en ocasión del Día Mundial del Síndrome de Down incluyó el término “personas con capacidades diferentes”, lo que derivó en un comentario de una lectora. El consejo fue: “Por las dudas, el término correcto es ‘personas con discapacidad’, no con ‘capacidades diferentes’. Si algún ‘fundamentalista’ lee la nota puede llegar a ofenderse por el término incorrecto”. De inmediato corregimos el artículo para no herir susceptibilidades, aunque personalmente no estaba de acuerdo con ese cambio.

Yo creo que los discapacitados no existen. Su mera mención ya es discriminatoria. Hace 20 años, cuando me inicié en el periodismo, mis editores -personas cultas que creían en el peso que tiene el significado de las palabras- me enseñaron precisamente que el término correcto era decir “personas con discapacidad” o, incluso, “personas que afrontan una discapacidad”. La razón tenía su lógica: decir discapacitado era anteponer su “condición” de discapacitado antes que el de persona. Por eso, lo correcto es decir “persona con discapacidad”. Cabe decir, que ninguno de mis editores era una persona con discapacidad ni afrontaba ninguna discapacidad.

Yo escribía “persona con discapacidad” hasta que hace tres años le diagnosticaron a mi hijo parálisis cerebral. Nos lo dijo un neurólogo que entendía incluso menos el valor de las palabras: “No es muy difícil: ¿ves esa mancha blanca que tiene en el cerebro? Bueno esa parte es la que tiene quemada, es parálisis cerebral”. Antes, habíamos visitado a una kinesióloga, que nos había anticipado: “Tu hijo nunca va a caminar, al menos sin ayuda”.

Cuando te dicen algo así, uno lo niega, no se le tiñen las retinas de negro enseguida. Pero se empieza a mirar de otra manera. Por ejemplo, al salir de la kinesióloga por la misma puerta que había entrado, ahí en Scalabrini Ortiz y Santa Fe, empecé a ver la enorme cantidad de gente alrededor que no camina “normal”. Algunos van en sillas de rueda o muletas; esos son los más obvios. Pero también están los que renguean, los que tienen que agarrarse para bajar el escalón. Lo que vi es que todos caminaban diferente, cuando yo pensaban que todos caminaban igual.

Mi hijo hace 7 terapias semanales y usa valvas para caminar y un casi infinito número de cosas y actividades que yo no hacía cuando era chico. Hacemos en familia 150% de lo que se considera un buen tratamiento. Y yo no pienso que mi hijo sea ningún discapacitado. Yo le enseño a él que no es un discapacitado. Mi hijo hoy camina (sí, con mucho esfuerzo, ahora camina solito, pese a los pronósticos iniciales de la kine). Pero cuando no quiere hacerlo y yo se que puede hacerlo, simplemente le digo: “Vamos, caminá, no sos un discapacitado”.

El mismo editor que me enseñó que se dice “persona con discapacidad”; es decir, lo que políticamente es correcto decir, me dijo una gran verdad. Yo no sabía cómo mencionar a un travesti. Si poner ‘el’ o poner ‘la’. Y el me dijo: “Nosotros, los periodistas, no somos quién para decir quién es una persona. Por eso, vos poné lo que el o ella dice que es”. Siguiendo este criterio, ahora me pregunto: ¿Cómo quiere llamarse un discapacitado? Le parece mejor “persona con discapacidad” o “persona discapacitada”. Para mi sólo quieren llamarse persona y que lo que los hace “discapacitados” para el resto sea tratado como normal.

Por eso no existen los discapacitados. La directora del jardín al que va mi hijo, que se llama ‘A Descubrir’ y está en Benavidez, lo sabe bien. Ella siempre repite “todos los chicos son diferentes”. Y no lo dice por mi hijo. Lo dice por todos. Porque todos somos diferentes. Se lo dice a los padres, claro; porque los chicos ya se dieron cuenta que todos son igualmente diferentes. No lo saben, pero es cierto: la discapacidad es un invento de la adultez.

Sobre el autor

Pedro Ylarri

Pedro Ylarri

Periodista especializado en economía y negocios. Trabajó en medios como la Agencia DyN, Editorial Perfil y El Cronista Comercial. Hoy es director de yCon Media y profesor de la UCA. Miembro del staff de redacción de Portal Empresa.

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4 comentarios

    • Pedro. Muy bueno y realmente emocionante. Siempre admiré a los padres y madres que, con la alegría que vos demuestras día a día, afrontan estas situaciones y llegan a tratarlas como algo de la vida cotidiana.
      Respecto al tema semántico, me gusta la expresión “con capacidades diferentes” porque es positiva. Al final que es una “capacidad” en un ser humano..algo muy parcial, cierta habilidad para determinadas cosas etc. Pero Dios quiso que sean diferentes y, muchas veces, uno ve que una persona con lo que convencionalmente decimos que es “discapacitado”, resulta que tiene muchas mas capacidades que nosotros ya sea afectivas, intelectuales, de la voluntad etc. Por eso tienen “capacidades diferentes” a las nuestras y, muchas veces ello ocurre porque sus padres se han ocupado de desarrollarlas.

  • Estimado Pedro.

    No solo saludo tu artículo sino que, además, coincido plenamente en tu apreciación y entendimiento. No existen las personas con discapacidad dado que, como bien dices, la simple mención de “discapacidad” implica la anulación de una parte de ese sujeto. Adolece de aquello que se llama “capacidad”. ¿Que es la “capacidad”?. ¿Que significa ser capaz?

    Hace años que lucho contra esa forma de dirigirse a las personas con capacidades diferentes. Lamentablemente, incluso el lector que realiza la mencionada “corrección” lo único que hizo fue considerar que la verdad a perseguir es como ha sido mencionado el colectivo objeto de referencia en tratados internacionales y, por ende, como ha sido considerado en una referencia fría de nuestra norma local. Sin embargo desconoce la exégesis del término y lo pretendido por la norma. ¿Que significa una definición jurídica si no aprehende, si no incorpora el verdadero sentido social del término?.

    Cuando nació mi hijo le diagnosticaron lisencefalia. El Médico que nos dio la noticia, usufructuario del apellido de su padre, se sentó y nos dijo de la peor manera que habíamos tenido un futuro vegetal. No presentó sensibilidad social, ni humana. Para el era solo un dato médico. Ni más, ni menos. Nos robaron el momento del nacimiento, el momento en que la familia viene a visitarte; nos robaron el primer año de vida de mi hijo. Hoy tiene 6 años. Está a mi lado jugando con su tablet mirando videos de TOPA, autos chocones y sacándose fotos. También hace sus terapias.. varias terapias… pero como digo… está acá y acaba de pedir chocolate.

    Si te caes, si te ve mal o si estas triste te abraza y te cura la tristeza. Si te ve contento, si escucha música, si tomo mi guitarra canta y baila conmigo. Si ve que tomo las llaves del auto viene corriendo a pasear conmigo.

    ¿Quién tiene discapacidad?. ¿Ese médico que no supo siquiera ser persona o mi hijo que tiene capacidades diferentes psico-sociales y motrices?.

    Abrazo

  • A mas decir, comparto con ustedes el introito de una publicación que realicé hace unos años:

    “Siempre es difícil reflexionar sobre que implica la discapacidad para un sujeto; más difícil será hacerlo en pocas líneas cuando, en su definición, podemos encerrar conceptos complejos. Preguntémonos solamente si una discapacidad es una condición médica de modo tal que, definida por la ciencia y conforme parámetros previamente acordados, un sujeto tendrá tal o cual discapacidad o bien tendrá una cuantía determinada “inhabilitante” o si, por el contrario, lo que importara, a modo de analizar al sujeto, es su capacidad de desarrollarse en la sociedad en la cual se halla impuesto.

    Si interpretamos a la condición personal del sujeto como su capacidad de desarrollarse en determinada sociedad entonces nos deberemos movernos hacia conceptos que hacen a las capacidades psicosociales para, con ello, analizar el contexto social al cual se refiere. ¿Es la familia? ¿Es el entorno social? ¿Es el entorno económico? ¿O es la conjunción y fuerza de todos esos entornos?

    Si aceptamos que lo que importa, entonces, para cada sujeto, es conocer sus posibilidades de desarrollo (y con ello sus posibilidades de alcanzar una vida plena como símbolo de justicia y razón de una sociedad democrática) conforme sus capacidades pisco sociales no queda otra que reconocer el entorno al cual se enfrenta.

    De esta manera, ante disparidad de entornos, se depondrá ilegítimo realizar comparaciones entre diferentes contextos para una discapacidad médica-funcional que no contempla la capacidad psicosocial del sujeto según su situación particular.

    Por ello, al desarrollo del sujeto con diferentes capacidades piscosociales lo hacemos entre todos y en sociedad pero SIEMPRE se debe observar el entorno al que el sujeto debe enfrentar.”

    Fuente: http://www.sergiocarbone.com.ar/convencion-internacional-sobre-los-derechos-de-las-personas-con-discapacidad.html