En primera persona

Mery Lunge: “Del éxito aprendí muy poco y de mis fracasos, todo”

La fundadora de Moconá Maderas y presidente de la Fundación homónima, Mery Lunge, compartió con el auditorio del último Encuentro Anual de ACDE el testimonio de su dura lucha por emprender y sacar adelante una empresa modelo en medio de las dificultades.

Emprender es un trabajo más arduo que lo que parece en los cuentos de éxito sin escalas. ¿Por qué creés que se vende como una historia rosa?

Emprender es motivador, yo soy partidaria de que la gente emprenda hasta los 100 años, porque eso hace que te tengas una razón para levantarte con ánimo todos los días porque llevás un motor adentro. Que sea una historia rosa depende de cada uno. En mi caso, pasé por todos los colores. Muchas veces la gente necesita de sueños y quizás por eso hay tantos giros alrededor de la decisión de emprender. Para mí, emprender es natural, necesario y aunque te vaya mal, hay que emprender. En mi caso, la historia de éxito llevó 40 años, no es nada fácil, pero valió la pena.

¿Qué aprendiste vos del éxito y del fracaso, de las caídas y las resurrecciones?

Del éxito, muy poco. Del fracaso, todo. Creo que allí estuvo la raíz de mi éxito, justamente en haber fracasado una y otra vez.

¿Qué atributos creés que debe ir forjando un emprendedor en la Argentina?

Acá tiene que estar dispuesto a que le vaya mal, a esforzarse, a lidiar con distintas clases sociales, tiene que estar dispuesto a perdonar, a abrazar y, por sobre todas las cosas, a ponerse en el lugar del otro. Se tiene que jugar y el argentino es de jugarse, de tomar riesgos de emprender por naturaleza. ¡No hay que tener miedo!

Muchas veces se plantea la figura del emprendedor como una persona ambiciosa y desentendida de los que lo rodean. Tu historia no es esa…

No creo que sea la historia de todos… Cuando uno les pregunta a los jóvenes qué quieren hacer, eligen muchas veces emprender como una forma fácil y rápida de hacer dinero. Pero no es así. De todas maneras, se pueden ver que sólo 3 de cada 10 personas que inician un negocio lo pueden convertir en un medio de trabajo sustentable.

Sobre tu experiencia vital, ¿qué enseñanza podés compartir con los que intentan desarrollar su propio negocio en la Argentina?

En mi caso, yo me tomé de la mano de Dios. Eso fue vital para mí. Si El Señor está conmigo, nadie podrá contra mí. Finalmente, cuando pasa el tiempo, mirás para atrás y te da cuenta de que nada de lo que me fue pasando es malo. Llegás a comprender que es lo mejor para mi y ves la mano de Dios todo el tiempo.

Para terminar, tres preguntas cortitas: una alegría que hayas tenido; una desilusión y un sueño

Una alegría: mis tres hijos adoptivos que me ayudaron a constituir una familia preciosa, que era mi gran ilusión durante mi niñez por la carencia familiar que tuve; que íbamos a vivir todos juntos en un lugar gigante al lado del río con una empresa que diera trabajo a mucha gente. Bueno, pude cumplir todo multiplicar todo eso por diez…
Una desilusión, es algo difícil. No recuerdo una gran desilusión, pero quizás la confianza en algunas personas que luego encontré que no tenían la misma intención.

Un sueño: tengo millones de sueños, pero si pudiera elegir primero me encantaría convertir a todos mis colaboradores en socios en una gran empresa, que luchemos juntos para dar de trabajo a mucha gente y que todos tengan la emoción y el entusiasmo que yo tengo.

Ahora, este Encuentro Anual lo cerrará el presidente Macri. Si lo tuvieras aquí al lado, ¿qué le pedirías?

Que no baje los brazos, que luche denodadamente para que podamos salir adelante, que por favor movilice a los empresarios para que hagamos cosas…Que movilice a toda la gente para sacar a este país adelante. Mejor dicho, mi país adelante. Que nos logre unir en la meta.

Sobre el autor

Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Licenciado en Economía (UCA), Magister en Gestión de Empresas de Comunicación (U. de Navarra) y en Sociologa (UCA). Doctorando en curso en Ciencias de la Información.

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1 comentario

  • Muy buena entrevista.Soy diácono permanente y siempre pensé en lo mismo solo que a mi me gusta demasiado el dinero y Dios me mostró que si me da la posibilidad de tener mi propia empresa solo estaría mi corazón en el dinero.
    Ahora soy vendedor de una empresa líder y tengo mucho tiempo para mis hermanos pero además soy consejero espiritual de mis compañeros de trabajo y de los directivos de la empresa.