Testimonio & Valores

The Bad and the Good Mafia

There’s games beyond the fucking game.
Stringer Bell
The Wire (HBO 2002-2008)

En esta oportunidad, mi escrito se basa en una idea heredada. Nicolás, mi padre, es un hombre de larga experiencia política, sindical, eclesial y, como el mismo diría, con 50 años de aportes.

A modo de tono para esta lectura, le sugiero el trasfondo de Aníbal Troilo y Alberto Marino en el tango Tres amigos de Enrique Cadícamo.

¿Y por qué el título en inglés?

Quizás porque hay muchas películas y series norteamericanas sobre las mafias o porque mi bisabuelo, también Nicolás, recaló primero en New York antes de instalarse en Buenos Aires. Claro que, en ese caso, yo no habría sido “yo”, ya que la mentalidad filosófica la heredo de Adela, mi criolla madre.

De todos modos, pienso que las expresiones en otro idioma, nos facilitan una distancia de lo que habitualmente entendemos sobre algo y un acercamiento a otro matiz en el modo de ver las cosas.

La tesis de Nicolás es que hay una mafia buena y una mafia mala. Ambas tienen en común que se caracterizan por controlar una línea de trabajo, un área, un negocio, un algo que, en rigor, no les pertenece. Sin embargo, la mafia mala esconde el control que ejerce bajo fachadas legales.

La mafia buena y la mafia mala también tienen en común su estructura y su funcionamiento. La estructura informal de ambas se compone por alguien que tiene el poder, la gente de confianza, los apadrinados, el consigliere que mantiene la legalidad y los amigos en muchas instituciones con los que se establece un intercambio.

En la mafia mala, si las fuerzas de desequilibran o alguien no respeta “el anillo” o se comete una traición, el conflicto se soluciona con la muerte. En cambio, en la mafia buena no está la intención de hacer algo malo per se. Los amigos, la red, los contactos, las promesas y las deudas tironean la exigencia de un retorno. Por tanto, el efecto colateral de esta dinámica recae en los de afuera.

Como dicen los amigos de Cadícamo, Pancho Alsina y Balmaceda lo salvaron de la muerte, “y otra vez, allá en Barracas, esa deuda les pagué…”

Nicolás, al teléfono, siempre usa una frase al saludarte:

-: ¿Qué tal? ¿Algún problema? ¿Alguna solución?

Desde siempre te saluda así. De chica me extrañaba. Ahora, escribiendo esto, me doy cuenta de que para él siempre fueron sinónimos.

El problema y la solución de Nicolás es la independencia.

La independencia te da objetividad, ambas te permiten ser un poco más justo. La objetividad te sirve para mediar, para intermediar, incluso, entre las dos mafias.

La independencia te da credibilidad, pero no te hace confiable. Ni la mafia buena, ni la mafia mala confían en el independiente. No ofreces nada a cambio, no hay beneficio.
Sin dudas.

La solución está en el mismísimo problema que sufrís cuando elegís construir un mundo un poco más justo.

Sobre el autor

María Marta Preziosa

María Marta Preziosa

Dra. en Filosofía por la Universidad de Navarra. MBA por IDEA. Programa de Investigación y Docencia en Ética y Empresa. Facultad de Ciencias Económicas, Pontificia Universidad Católica Argentina

¿Cuál es tu opinión?

2 comentarios

  • Muy bueno el artículo…hace pensar y eso define un texto más que el acuerdo con el autor. Por mi parte diría o titularía al artículo como “La mafia mala y la mafia menos mala”. me explico:Al hablar de la “independencia” la autora demuestra su cuestionamiento al sistema de la mafia…sea buena o mala. Obviamente la “mala” es condenable por sus fines y sus métodos, pero la “buena” por lo menos es cuestionable por sus métodos. Un eufemismo de la “mafia buena” puede ser la “camarilla” (muy propia de los equipos deportivos) o el amiguismo. Se trata de elegir a las personas no por sus méritos sino por la amistad o el parentesco o, lo que es peor, una “lealtad” mal entendida que no es otra cosa que la posibilidad que tiene el “jefe” de imponer su voluntad.