En primera persona

Conmemorando el día de la mujer, equidad e igualdad

Imagen de Jackson David en Pixabay
Oscar Cecchi
Escrito por Oscar Cecchi

No es mi intención hacer comentarios sobre las desviaciones políticas de la marcha de la mujer del 8 de marzo pasado, siempre aprovechada por oportunistas, sino referirme al día de la mujer que se conmemoró. Recordé en este momento que Mamá, quien fue una adelantada, desde el cielo y con alegría debería estar diciendo: “”mi lucha no fue en vano”.  Soy el hermano varón en el medio de cuatro mujeres profesionales, cuyos roles e inconvenientes en sus derechos los viví desde pequeño. Mi madre me enseñó equidad de género, que no es igualdad. Equidad en lo laboral, en la justicia, en la educación, en la familia; esto es por lo que se luchaba y no igualdad, porque hombres y mujeres somos diferentes. La igualdad sola puede llegar a desconocer lo diverso, la equidad respeta las diferencias que nos enriquecen y nos hace sinérgicos y complementarios y, porque no decirlo, felices y llenos de placer. Pasé mis años juveniles en un modelo de sociedad en donde debía ser macho fuerte, modelo tóxico que afecta a todos sin distinción de sexo.  Leí un comentario, con el cual acordaba, que los hombres debíamos salir de este estereotipo y desenterrar una masculinidad distinta, que yo pienso que debe ser amorosa, compresiva, cooperativa, creadora, amigable y dulcemente pasional, que sepa dar y recibir amor. La femineidad tiene atributos muy propios y distinguibles, la más conocida su sensibilidad y una gran inteligencia emocional, es muy comprensiva, de su capacidad de intuición no dudemos y escuchémosla. (“Ojo ese amigo no me gusta”) Tienen un pensamiento automático sobre el conocimiento de las personas, son más precavidas para tomar decisiones arriesgadas, más cálidas y cordiales al afecto. ¡Y, cuidado, tienen más memoria! En la toma de decisiones, el aporte de la mujer es único e irremplazable, por eso, cuando las postergamos no solo pierden ellas, también nosotros. Por otro lado, los hombres, nunca vamos a dejar de envidiarlas, aunque no lo mencionemos, ellas llevan al niño en la panza durante 9 meses y al primer llanto se prenden de sus pechos no solo por hambre sino por amor y a nosotros, los padres, tardan en reconocernos.  El primer día les hacemos una pirueta pensando que nos están mirando, es probable que él/ ella piense: ¿y este, quién es? Si quieres ser papa, gánatelo con el tiempo. ¡Luchemos por la vida!

Sobre el autor

Oscar Cecchi

Oscar Cecchi

Ingeniero, Magister en Ciencias del Estado. Creador de la cátedra Calidad de vida laboral y productividad (UTN). Empresario y socio de ACDE.

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