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El error de no comunicar nuestros desaciertos

Duda y error. Dos palabras que pocas veces llegan a imprimirse en una hoja. Son obstáculos que debemos sortear y buscamos borrar antes de empezar a responder la consigna. Cuando llegamos a la respuesta, elegimos olvidarnos que su presencia fue parte del proceso de ideación. Preferimos que el lector nunca se entere de su existencia.

Charles Darwin no optó por el mismo camino. A la par de su renombrada obra El origen de las especies, Darwin completó sus diarios personales donde plasmaba su desarrollo de ideas. El psicólogo Howard Gruber, a partir de un análisis que duró 10 años, reconstruyó ese viaje de ideas explicitando el error y la duda como una parte esencial del proceso. Para Darwin permitirse permanecer en su estado dubitativo fue una parte esencial para llegar a una respuesta final. Aún así la duda no fue comunicada por su autor sino reconstruida por medio de un proceso de investigación. Al igual que un hilo que hilvana distintos puntos de un trayecto, el error y la duda son parte del proceso de tejer nuestro punto de vista. El desafío esta en comunicar un aspecto de nuestro proceso mental que compartimos incluso con una mente brillante como la de Charles Darwin. 

Definir a la creatividad no es una tarea sencilla. Si bien la creatividad es una palabra relativamente nueva en el diccionario, su campo disciplinar consta de múltiples paradigmas para abordarlo. En general, la vida cotidiana nos lleva a pensar que la creatividad radica en el individuo. Howard Gruber pertenece a esta corriente y define a la creatividad a partir del punto de vista que el individuo construye al estar inmerso en su trabajo. Sin embargo, hay corrientes que proponen una perspectiva mas social del concepto. Esto implica que la creatividad es vista como un reconocimiento social que dota al creativo de eminencia. Desde esta perspectiva la creatividad queda reducida a un selecto grupo de mentes que cuentan con este tipo estatus. 

Robert Weisberg no concuerda con la idea que la creatividad depende de una eventual aprobación de otros. Según su entender, los procesos cognitivos de una persona pueden ser igualmente creativos independientemente que su resultado final sea digno de reconocimiento o no. Entonces, la creatividad ocurre cuando el individuo reconoce el valor en su trabajo al producirlo independientemente del dictamen eventual de su público. Weisberg estudia a Watson y Crick, por un lado, y a Pablo Picasso, por el otro, para mostrar que el proceso creativo de los individuos es igual de importante en las instancias de acierto como en las de error. 

Utilizamos la palabra creatividad de múltiples maneras sin necesariamente asegurarnos que estamos hablando de la misma cosa. Tal como vemos, hay muchas formas de definir a la creatividad. Si no entendemos como definirla, es muy difícil que lleguemos a personificar sus cualidades. Las percepciones que a veces tenemos del término nos hacen pensar que la creatividad sólo queda reducida a un determinado grupo de personas. Sin embargo, cuando abrimos el debate y problematizamos el concepto, nos damos cuenta de que su amplitud nos puede incluir a todos. Poder leer sobre los desaciertos de eminencias nos ayuda a entender el valor del error y su necesidad para encontrar un camino nuevo. La creatividad no se reduce a personas con cualidades determinadas sino, mas bien, se da en aquellos individuos que asumen el compromiso de trabajo sostenido en el tiempo y abrazan ideas distintas que lejos están de los lugares comunes de pensamiento.

Mary Catherine Bateson escribió un libro sobre como componer una historia de vida. Desde esta perspectiva, la creatividad se encuentra en la capacidad que tenemos de poder convertirnos en narradores de los caminos recorridos. Muchas veces las cultura en la que estamos inmersos nos hace creer que la vida debe replicar un camino continuo hacia una meta determinada. La autora nos explica que la realidad dista mucho de esta imagen. Nuestras vidas están llenas de islas inconexas que son productos de las distintas experiencias a las que estamos expuestos. Nuestro rol creativo es entender como conectar las discontinuidades de nuestras vidas y poder imaginar un archipiélago. Poder trazar un continuo es lo que nos permite transferir el aprendizaje de una vivencia a otra.    

En la actualidad, nuestro mundo ha sido definido por una nueva normalidad que conocemos casi a cuenta gotas con el paso del tiempo. La duda y el error suelen estar a la orden del día al encontrarnos en terreno desconocido. Sin embargo, nuestro instinto de supervivencia nos lleva a querer encontrar las respuestas de forma adaptativa haciendo oídos sordos a nuestra perplejidad. Nos encontramos frente una oportunidad única donde no tener una solución es un comportamiento esperable y, aún así, necesitamos saltar al paso final y olvidarnos del proceso.

Duda y error. El intento de este artículo es comunicar su importancia. Sentarnos con nuestras dudas y manifestar nuestros errores es un camino igual de válido para la creatividad. Implica comunicar que aceptamos, en este momento, no tener una respuesta satisfactoria ante lo que nos pasa. Implica que para crear necesitamos tiempo y esfuerzo. Después de todo, las respuestas creativas resultan novedosas porque no las conocemos en el momento en que las pensamos.  

Sobre el autor

Ana Inés Jorge Artigau

Licenciada en Comunicación (UDESA) y Doctora en Comunicación (U. Austral). Es docente de Cátedra de Creatividad (U. Austral). Fue asistente en la Comisión Fullbright de Buenos Aires.

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2 comentarios

  • Muy bueno,, es cierto: el error enseña, como dice Kipling en su famoso poema SI, “Si puedes enfrentarte con el triunfo y la derrota y mirar de la misma manera a estos dos impostores”. En cuanto a la duda…..Ya Descartes la ponía como base del método científico