Enrique Shaw

Enrique Shaw: un testimonio sobre mi padre

La santidad se elige, no es algo espontáneo, no depende de la buena suerte o de circunstancias externas. A los 14 años ingresó en la Escuela Naval de Río Santiago y permaneció en la Armada hasta finalizar la Segunda Guerra Mundial.

A los diez y ocho años Enrique Shaw leyó por casualidad un libro sobre la Doctrina Social de la Iglesia del Cardenal Verdier y se entusiasmó, fue el inicio de una definida vocación. Más adelante en una carta a su esposa escribió a los veinticuatro años:  En mis “propósitos para el comienzo de este año tengo en mente uno con mucha fuerza, es necesario hacerse santo, empezar ya”.

Para lograr esto hizo un programa de vida, y lo denominó: Peldaños de Amor a Dios. En su trayectoria se puede constatar que pudo plasmar sus ideales. En el año 1946, empezó a trabajar en la Cristalería Rigolleau en Berazategui. Ese año se dirigió al Episcopado para ofrecerse como voluntario. Le pidieron que organice el envío de alimentos a la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial a través de los obispos europeos. Hizo una convocatoria a muchos empresarios y varios respondieron con mucha generosidad.

Cuando ya no hubo necesidad de seguir enviando ayuda a Europa, el grupo que había llevado a cabo esa intensa tarea logró consolidarse y decidieron seguir trabajando juntos y organizar una asociación. Así se inició la etapa fundacional de ACDE. En 1952 se consolidó ACDE y es nombrado primer presidente y miembro fundador. Este fue un hecho muy relevante en su vida, esta organización nació con el objetivo de conectar la Doctrina Social de la Iglesia con los empresarios.

Su familia siguió aumentando, tuvieron nueve hijos. Hay más de 400 testimonios que narran cómo fue en su vida en familia, en la empresa y en el apostolado. Fue un ferviente defensor del diálogo social, fue el redactor y gran impulsor del salario familiar. Esto se logró después de numerosas reuniones para construir consensos entre sindicalistas, cámaras empresariales, funcionarios y legisladores.

Siempre dialogó con los sindicalistas, a quienes consideraba socios importantes para lograr una eficaz gestión compartida y asegurar la supervivencia de las empresas. En la historia es frecuente encontrar situaciones pendulares. Antes de 1955 los sindicatos eran fuertes y hubo algunos abusos. Después del cambio de gobierno, el péndulo fue al otro extremo, se prohibieron las actividades sindicales y la CGT cerró.

Debido a esta situación, en 1956 se preocupó y esta inquietud lo llevó a trabajar por la Pastoral Colectiva sobre Promoción y Responsabilidad de los trabajadores.” Su gran conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia le permitió convertirse en el redactor. Fue uno de los primeros asesores laicos del Episcopado argentino.

En 1957, a los 36 años, lo impulsaron desde el directorio de las Cristalerías a inscribirse en el curso de Gerencia Avanzada en Harvard y fue uno de los primeros argentinos en hacer ese prestigioso curso. En 1958 Monseñor Octavio Derisi, inició la Universidad Católica Argentina con la colaboración de prestigiosos profesores ad honorem y en edificios prestados por comodato.

Pero se necesitaba recursos para comprar pupitres y decidió pedir ayuda a empresarios. Enrique Shaw colaboró y fue designado primer Tesorero y miembro del Consejo de Administración de la Universidad Católica Argentina. Llegó a ser el director delegado, en la fábrica trabajaban cerca de 4.000 personas.En 1961, llegó una orden de la empresa Corning Glass Works, dueños de la mayoría accionaria, para despedir alrededor de 1.200 empleados y él se opuso.

Escribió una carta afirmando que, si se echaba a una persona, él renunciaba. Sabía que estaba muy enfermo y que estaba arriesgando el futuro de su familia que se quedaría sin la protección de una pensión, pero confiaba en la Providencia. Viajó a Nueva York y explicó que la falta de pedidos a la fábrica se debía a una situación transitoria. Aceptaron y al poco tiempo llegaron pedidos, los operarios calificados estaban en la planta y se pudo responder. Desde la sede central lo felicitaron.

Al final de su vida estaba muy enfermo y necesitó una transfusión de sangre, más de doscientos empleados de la fábrica fueron a donar. Valoraba la unidad y la camaradería. Antes de morir pudo agradecerles diciéndoles que estaba tan unido a ellos, que hasta por sus venas corría la misma sangre.

En este sentido se nota una convergencia con el enfoque de la encíclica, Fratelli tutti, que aboga por hacer renacer y fortalecer el ideal de la hermandad.

Sobre el autor

Sara Shaw de Critto

Fue presidenta y actualmente es vicepresidenta de FundTV, Fundación Televisión Educativa. Presidenta de la Fundación Elsa Shaw de Pearson. Miembro de la Comisión Directiva de ACDE.

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