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La América Latina del Rey Lear

Fernando Ruiz Parra

Cuando William Shakespeare escribió El Rey Lear, Londres vivía una resiliente pandemia como la que vivimos hoy. Su teatro estaba cerrado y su espíritu recluido volaba más que nunca. Quizás hoy podríamos invocarlo en nuestro pedacito del mundo para ver si, en estos momentos de reflexión profunda, algo nos puede ayudar.

El Rey Lear tenía tres hijas, dos de ellas muy mentirosas. Éstas le confesaban a su padre, el monarca, un amor que no le tenían para poder recibir más tierras como herederas. La tercera, Cordelia, honestísima en cambio, no quería que su boca reemplazara sus sentimientos: “Triste de mí que no sé poner el corazón en los labios”.

Esto viene a cuento porque siempre me ha parecido que las bellas constituciones latinoamericanas eran como las hijas mentirosas de este rey de Shakespeare: prometen lo que no cumplen. La triste Cordelia ama a su padre en silencio, de la misma manera que una Constitución no realizada a su pueblo. Nos hace plenos y felices leer nuestras constituciones y, cuanto más nueva, más sofisticado su nivel de promesas. Pero, cuando las comparamos con nuestra realidad latinoamericana, nos duele el contraste.

Como el rey Lear cuando toma conciencia de las mentiras de sus hijas, la ciudadanía rápidamente se frustra con la diferencia entre la formidable promesa de los derechos y su realidad gris.

Algunos ejemplos aislados: en México, ha habido al menos setenta mil desaparecidos desde que empezó la transición a la democracia en el 2000 tras la derrota de su entonces partido del estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). La violencia de la sociedad incivil donde reina el narco estalló y se declaró una guerra donde incluso varios de los principales funcionarios estaban coludidos con el narco.

En Colombia, la guerra interna se hizo durante cinco décadas mientras se daba la alternancia democrática y, solo para mencionar una de las infinitas historias brutales, una fracción guerrillera asesinó en pocas horas a más de cien integrantes de su propia organización buscando una infiltración militar en sus filas.

Esto por el lado de la violencia. Y, por el lado de la pobreza, el pantano de la región es abrumador, desde Argentina hasta la orilla sur del Río Bravo. En conclusión, tenemos excelentes constituciones que conviven con zonas de brutal desertificación de derechos, en un escenario estructural de subciudadanía.

Alrededor del bicentenario de la mayoría de nuestras repúblicas, las sociedades necesitan menos promesas y más eficacia del estado en hacer realmente existentes esos derechos. Y, qué tiene que ver esto con la comunicación, me está preguntando mi amigo el editor de El Hilo: que la comunicación política está al servicio de objetivos públicos y éste me parece que es el primero de todos.

*Publicado en el Hilo de la Escuela de Posgrados en Comunicación (EPC) de la Universidad Austral.

Sobre el autor

Fernando Ruiz Parra

Fernando Ruiz Parra

Licenciado en Ciencias Políticas (UCA) y Doctor en Comunicación Pública (Universidad de Navarra). Profesor de Periodismo y Democracia, (Universidad Austral). Presidente de FOPEA. Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Autor y ensayista. Su último libro fue: Cazadores de Noticias. Doscientos años en la vida cotidiana de los periodistas (Ariel, 2018)

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