ACDE Hoy

A cuarenta años de Iglesia y Comunidad Nacional

Escrito por Jorge Casaretto

En la primera semana de mayo de 1981, los obispos reunidos en Asamblea Plenaria aprobamos un documento luminoso para la Iglesia del país. Su extensión, más o menos de 70 páginas nos da la pauta que esa semana fue la culminación de un largo trabajo de obispos, teólogos, pastoralistas. Y esto es importante de tener en cuenta porque ya en 1979 se había decidido preparar un documento de envergadura “basado en la Doctrina social de la Iglesia aplicada a nuestro país.”

No eran tiempos difíciles sino dificilísimos, pero el Episcopado, internamente, había experimentado muchos cambios, dado que el entonces Nuncio Apostólico, después Cardenal Pío Laghi, había llegado ya hacía unos años con la consigna de renovar una Iglesia con fama de excesivo “tradicionalismo”. Además la conducción del cuerpo episcopal estaba a cargo del Cardenal Primatesta, propenso al diálogo y a una mayor renovación.

Nos vamos a detener en unos pocos aspectos de este documento pero hay dos cuestiones claves que deben ser resaltadas. La primera es un llamado a la vida democrática. Hablar de democracia en esos tiempos en que los militares proclamaban que las urnas estaban bien guardadas y  las voces políticas, sindicales y empresariales permanecían en silencio fue algo ciertamente profético. Y gracias a Dios, con el tiempo esto pudo concretarse.

El segundo aspecto fue un llamado a la reconciliación de los argentinos. Y lamentablemente tenemos que reconocer que esta ha sido una inquietud que nunca pudimos lograr que se tradujera en hechos reales. Todavía hoy tienen vigencia enfrentamientos que nos impiden plasmar proyectos válidos para todos los ciudadanos.

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Cuando se publicó este documento yo tenía cuatro años de obispo, pero mis recuerdos permanecen vivos y todavía experimento cierta emoción cuando logramos aprobarlo luego de largas discusiones.

Creo sinceramente que una lectura detenida todavía hoy en día, nos depara muy gratas sorpresas y nos vamos a encontrar con algunos párrafos que conservan una gran actualidad. Resumiendo podemos decir que el documento consta de tres partes. La primera y la tercera breves. La segunda constituye un cuerpo doctrinal importante.

Comienza con una interpretación de nuestra historia. Es la primera vez, y creo que la única, que el cuerpo episcopal asume una misión sin duda discutible. Porque ¿acaso puede haber una interpretación oficial de los acontecimientos históricos?

La segunda parte es un resumido tratado de la Doctrina Social aplicado a nuestra realidad. Y es aquí donde se resalta la opción por la democracia.

Recalco los nº 4 y 5 de esta segunda parte y sobre todo el apartado 120, de extraordinaria actualidad: “La separación y el equilibrio de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que la Constitución consagra, deben tener una vigencia permanente y efectiva, evitando la indebida injerencia de un poder sobre otro y favoreciendo el juego libre y el mutuo control entre sí”.

Todo el nº 5 tiene particular importancia para el empresariado porque se refiere al “orden económico –social”.

Y por fin la tercera parte describe la necesaria reconciliación de los argentinos no como “un apaciguamiento sentimental y emotivo de los ánimos o un superficial y transitorio acuerdo” sino como un arduo proceso basado en la verdad y la justicia, evitando que “el rencor, el odio o la revancha tomen la delantera por sobre la justicia, aunque ella sola no sea suficiente… si no se le permite al amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones”.

Lamentablemente esta voz no ha sido escuchada suficientemente por los argentinos y desde hace muchos años no podemos plasmar un camino de encuentro y comunión.

Termino una vez más recomendando la lectura de este documento. Puede descargarse haciendo clic acá.

Sobre el autor

Jorge Casaretto

Obispo Emérito de San Isidro y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

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2 comentarios

  • A partir del n.35: Lamento una vez mas que se haya ignorado, en un documento de tanta importancia, la mención, aunque sea conceptual, a una década de nuestra corta historia en la que desde los papas de la época y muchos pastores de nuestro pueblo reconocieron la cercanía entre la doctrina social emanada del evangelio y predicada por la Iglesia y la realidad efectiva sustentada en la concepción de una comunidad organizada inspirada en la visión humana y cristiana del hombre y la sociedad.
    Ignorar el hecho y la verdad históricas, por mas que para algunos sea el «hecho maldito», y para otros «la huella imborrable de un pueblo feliz», pretender en el documento recordado, agotar el diagnostico afirmando que «Muchos son los que investigan las causas de la inestabilidad institucional argentina. Algunos creen que la antinomia que separaba a federales de unitarios sigue vigente aún hoy. Otros, desconfiando de la democracia, pretenden que sólo gobiernos autocráticos ejercidos por una élite iluminada».
    Acaso la tibieza y lentitud característica del humor de la iglesia argentina tiene una causal en la negación de algunas épocas fundantes y nutrientes de las características mas profundas de nuestro ser nacional?. Es que solo sienten los pastores que se supera el clericalismo sucumbiendo en un dilema entre sumisión o autonomía? Acaso no están faltos de doctrina sino amor efectivo a la misma?