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Argentinización

Escrito por Hernán Maurette

A días de las elecciones, la incertidumbre es total; aunque no respecto del resultado: nadie cree que varíe demasiado del de las PASO; tal vez se amplíe un poco más o -bastante menos probable- hasta pueda reducirse algo, de acuerdo con diferentes encuestas. La incertidumbre es lo que pasará en la Argentina luego del 15 de noviembre.

Más aún, lo que pueda suceder en el mundo a juzgar por la teoría de Willy Kohan acerca de la paulatina expansión internacional de la pandemia de argentinización que se percibe en el deterioro de las formas institucionales, la anomia creciente, el aumento del gasto público, un mayor intervencionismo estatal, la persecución impositiva de los ricos y en la regulación creciente de las actividades económicas privadas, tales como las que se decidieron aplicar a las grandes corporaciones de la industria del conocimiento, entre otros graves males.

Pareciera como si los países desarrollados recibieran informes de inteligencia para tratar de entender lo que sucede en nuestro país, que finalmente terminan inspirando acciones psicopáticas en el centro del poder mundial. Si hacían falta pruebas de eso las pudimos obtener en el asalto al capitolio, en enero de este año, o en la violencia desatada en las protestas por la muerte de George Floyd.

Podríamos decir que el levantamiento pseudo mapuche es el colofón del descarrilamiento del mejor alumno latinoamericano tras el estallido del subte del año pasado. Esta semana en Chile se anunció que no habrá inversiones privadas en 2022, sin mencionar las empresas que han levantado sus proyectos en el oasis de estabilidad regional desde la gestión de Hernán Büchi. Según el video que trascendió ayer, el país vecino estaría ingresando en un conflicto de secesión y todo indica a que una guerra contra un batallón de auto percibidos mapuches que desconocen la soberanía chilena podría ser perfectamente desplazable de alguna manera a nuestro territorio patagónico.

Si observamos a Joe Biden desde la Argentina en comparación con nuestro Presidente puede parecer Eisenhower. Pero verlo desde los Estados Unidos lo hace parecer bastante a Alberto Fernández, como afirmó hoy en su columna semanal en el BAE Alejandro Bercovich. La derrota electoral de esta semana es una señal de alerta en ese sentido.

Pero si nos desplazamos a Europa no vamos a encontrar grandes estadistas tampoco; excepto, para seguir siendo muy políticamente incorrecto, si uno se desplaza hacia el Este, en donde la república es un término que sólo parece seducir al marketing político.

Si hacemos foco en nuestra región, podríamos decir -como lo señala habitualmente Ignacio Zuleta- que la Argentina es un mojón de estabilidad. De hecho, la prensa europea se ensañó más que con el presidente brasilero, que con su ignorado par argentino.

Esto no quiere decir que acá esté todo bien, ni mucho menos. La Argentina vuelve a enfrentar una situación de variables económicas desequilibradas y en creciente tensión, y de sus gobernantes no surge una solución razonable. Hay una intención manifiesta de acordar con el FMI, pero no se percibe capacidad de atar todos los cabos sueltos y de tomar las decisiones necesarias para lograrlo. El kirchnerismo vuelve a jugar al gato y al ratón con los Estados Unidos, coqueteando con Rusia y, principalmente, con China. Se anuncian mayores acuerdos, cooperación en defensa, compras de armas, intercambios promisorios, a la espera de que llegue el Tío Sam y compense la oferta. Pero, ¿está realmente el ahora hermano mayor americano dispuesto a seguir jugando a ese juego? ¿No está haciendo todo lo contrario en Europa y en Medio Oriente? ¿Qué costo está dispuesto a asumir?

Ciertamente, la Argentina -y Latinoamérica, en general- tiene con China un esquema de complementación económica muy positivo para ambas partes. Nuestros vecinos están mucho más comprometidos con el comunismo maoísta que nosotros. Visto y considerando, ¿Cuánto va a tardar este gobierno en dar un barquinazo? ¿Soportará estoicamente el canto de las sirenas? Ha demostrado poco afecto por las políticas de Estado y por la previsibilidad internacional. En todo caso, la firma del acuerdo estratégico con China se realizó un mes después de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que significó para la entonces presidente Cristina Fernández un antes y un después en la relación hemisférica.

Por eso es importante advertir que tanto el mundo como la Argentina viven un tiempo tan convulsionado que es imposible saber qué puede pasar acá o allá.

Sobre el autor

Hernán Maurette

Politólogo. Consultor en asuntos públicos. Lidera el Comité de Comunicación de ACDE. Premio a la Trayectoria Profesional del Consejo Profesional de RR. PP. del año 2021

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