Agenda para el crecimiento

Bases institucionales, competitividad y ciencia para el desarrollo (parte II)

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Escrito por Marcelo Resico

Esta columna apunta a reflexionar sobre tres temas vinculados: a) las bases institucionales para el desarrollo, b) su relación con el comercio internacional, y c) qué papel juega el sistema científico-tecnológico en el mismo. Para ello me basaré en mi especialidad, el enfoque de la Economía Social de Mercado (de aquí en adelante ESM), desarrollado en Alemania en la segunda posguerra para la reconstrucción económica y social del país, que había quedado devastado por la guerra.

Viene de parte I.

Históricamente en nuestro país y en Latinoamérica, sin embargo, una política similar al desarrollismo no funcionó del todo bien. Luego de la segunda posguerra se implementó la “ISI,” o industrialización por sustitución de importaciones. Entonces se subsidiaron fuertemente sectores, pero terminaron proveyendo al mercado interno, en lugar de ganar competitividad –salvo en pocos casos excepcionales. Se generó así una lógica “rentista” por la que el estado apoyaba estos sectores, y éstos apoyaban al gobierno que los protegía, pero sin lograr el objetivo de una competitividad sustentable.

Hoy día, estas ideas acerca del crecimiento por medio de exportaciones con valor agregado siguen vigentes, como el caso reciente de China demuestra en gran escala, aunque habría que “aggiornarlas” teniendo en cuenta la nueva dimensión que han cobrado las cadenas de valor global (GVCH), así como los servicios de la economía digital, que han complejizado el análisis.6

En cuanto a cuál sería el modelo de integración al mundo de nuestro país. Parece claro que no podemos “vivir con lo nuestro” y prescindir del mundo. También que seguir las tendencias que vienen del exterior, de modo “pasivo,” ha resultado contraproducente. Por ejemplo, Chile y Argentina en el pasado reciente adoptaron el “Consenso de Washington,” pero Chile luego aplicó en los 90s encajes a los flujos de capitales para evitar la volatilidad ante las advertencias contrarias del FMI, tampoco privatizó la gran empresa estatal del cobre COCELCO (Brasil mantuvo también Petrobras), comparado con la lamentable historia pendular que debilitó a YPF.

Es recomendable tomar los elementos del contexto que más nos pueden potenciar, evitando, con iniciativa propia e inteligencia, sus efectos colaterales negativos. Lo dicho es obvio, por cierto. Lo que no lo es, es el proceso político para lograr esto en una sociedad polarizada y conflictiva, donde los grupos de interés desconfían entre sí, y el Estado, en lugar de ayudar a fortalecer la escasa confianza, se constituye en la herramienta utilizada para prevalecer sobre el contrario.

El problema nuevamente es que nuestro país se ha comportado con respecto al resto del mundo en un péndulo donde caemos en diferentes extremos y no logramos un balance adecuado. Para esto es necesario “estrategia” y “coordinación”. Y aquí el Estado puede tener un rol importante, en generar espacios de discusión, de negociación y de compromisos para una dirigencia que actúe de acuerdo con una combinación adecuada de “competencia –es decir controles mutuos– y coordinación”.

Claro que es necesario revisar con frecuencia la estrategia en medio de un entorno internacional cambiante, pero es imposible lograr la misma con posturas polarizadas. Esto último desprestigia permanentemente al país frente a los interlocutores externos –que terminan adoptando con nosotros una conducta estrictamente utilitarista en lugar de una relación estratégica (aunque se quiera disimularlo en la retórica política).7

En cuanto a cuál es el rol del Estado como facilitador de un proceso de desarrollo, y respecto a qué agencias usar para generar incentivos al crecimiento. Podemos enmarcar la cuestión argumentando que para llegar a ser una ESM –el estadio maduro de funcionamiento económico– la mayoría de los países avanzados han pasado por una etapa más “desarrollista,” con un estado más involucrado en el desarrollo productivo, como los ejemplos históricos mencionados sostienen.8

En Latinoamérica han existido casos con mejores resultados como Brasil en la posguerra y Chile en los 90s. El caso de Chile quizás es interesante porque se dio en un período de sesgo más pro-mercado. En este sentido habría que difundir mejor el rol de instituciones como CORFO o Pro-Chile en la acción microeconómica del desarrollo de sectores. Esto es algo poco mencionado tanto por los promotores del caso chileno bajo el rótulo de la “liberalización unilateral,” como por sus detractores, que demonizan el mismo caso como “panacea del neo-liberalismo”. Estas políticas de desarrollo de sectores –estilo “tercera vía,” digamos– no son reconocidas por ninguno de los dos bandos, y son soslayadas. De todos modos, como señalamos, hay que tener presente las deficiencias que ha tenido en muchos casos en Latinoamérica la política de la industrialización por sustitución de importaciones, y el contexto de evolución de una anunciada cuarta revolución industrial en ciernes.

  1. c) Papel del sistema científico-tecnológico en el desarrollo

Es preciso partir aquí de la premisa de que el sistema científico-tecnológico es fundamental en un proyecto nacional de desarrollo. Esto es así porque representa la capacidad de innovar de los sectores productivos de una nación. Esto en breve, permite competir de modo “schumpeteriano,” –en referencia al economista austríaco Joseph Schumpeter— y no por “bajos costos” (es decir mano de obra y recursos naturales baratos, o bajos impuestos), sino por “diferenciación de producto o servicio”, lo que implica esencialmente la agregación de valor.9

En cuanto a cómo estimular la investigación en ciencias duras para que tengan aplicación en el sector productivo, y cómo vincular la tecnología con el sistema educativo. Sería ante todo fomentando la interacción entre academia, empresa y estado, la llamada “triple hélice” de la que se habla mucho hoy. Como ejemplo, en el enfoque de la ESM de Alemania, puede mencionarse a la “Sociedad Fraunhöfer”. Esta es la institución más importante de Alemania y de Europa para la conexión entre ciencia y mundo de la producción –así como el instituto Max Planck, lo es de ciencia básica. La sociedad Fraunhöfer fue fundada en 1949, cuenta con más de 70 centros en ese país y varios en los otros continentes, con cerca de 30.000 empleados, la mayoría científicos e ingenieros.10 A partir de ello organizamos una conferencia referida a la “Economía y política de la innovación” desde ese enfoque.

Asimismo, se puede acceder en publicaciones al mapa de las instituciones de este tipo en Estados Unidos, que componen una extensa y compleja red.11 Y los demás países intentan realizar iniciativas similares en la medida de sus posibilidades. Nuestro país cuenta con muchas instituciones y organismos valiosos, que han sido vapuleados por las idas y vueltas de la historia, muchas veces desfinanciados, pero tienen trayectoria y capital humano acumulado. La lista completa sería larga de enumerar, pero incluye a: INVAP y el Instituto Balseiro, la CONEA (ente de energía atómica), CONAE (ente de desarrollo espacial), INTA e INTI, el CONICET, los complejos de las industrias de defensa, los Institutos Tecnológicos (públicos y privados) y las Universidades vinculadas, etc.

En cuanto a cómo generar incentivos para entusiasmar a los jóvenes en la investigación científica. Por supuesto son importantes una divulgación atractiva, las competencias y los premios, las becas y las posibilidades de financiamiento.

habría que repensar la educación técnica y la profesional en nuestro país (Alemania también se destaca por el “sistema dual,” así llamado porque tiene una parte teórica y otra de experiencia práctica en la profesión).

Pero quisiera enfatizar un solo punto, por una cuestión del espacio disponible, y como conclusión. Me refiero a la ejemplaridad de los políticos de alto rango, que premien los logros de la ciencia y la tecnología del país. Pero además de este reconocimiento “moral,” es necesario otro reconocimiento –más “real,” podríamos decir– en cuanto a reforzar la idea de que a los altos cargos públicos deben llegar las personas más capacitadas, tanto por formación como por experiencia y trayectoria. Así también, en la medida de lo posible, en la empresa, los sectores del trabajo y el resto de la dirigencia.

Por lo general las organizaciones de representación (tanto del trabajo, como de la empresa y los demás sectores) han caído con el tiempo en una función más de influencia política coyuntural que en ser centros de ideas y de propuestas, con vinculaciones fuertes a las universidades. Sin duda sería, no sólo saludable, sino vital para “Proyectar el futuro argentino” recobrar o volver a fortalecer el espíritu de valoración del conocimiento en todos los ámbitos de la dirigencia del país.

 

Artículo publicado originariamente en la web del Programa de Economía e Instituciones de la UCA (clic acá para ver el PDF).

Sobre el autor

Marcelo Resico

Doctor en Economía (UCA). Obtuvo una Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y un Diplomado en Economía Social de Mercado en la Universidad Miguel de Cervantes, en Chile. Es profesor e investigador del Departamento de Economía de la UCA.

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