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El Ángelus: anuncio del nuevo Big Bang

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Escrito por Carlos Barrio
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El Ángelus es una oración mariana muy antigua, que consta de 3 diálogos, seguidos cada uno de ellos de un Avemaría.

En un mundo tan atareado y estresante como el que vivimos, en el que estamos siempre apurados, encuentro que esta oración puede ser de gran ayuda para todos los que estamos insertos en un mundo laboral que nos sobre exige. La estructura simple y corta del Ángelus nos permite rezarlo y meditarlo haciéndonos un pequeño espacio de tiempo en nuestras rutinas laborales.

Quiero compartirles algunos aspectos valiosos que encuentro en cada uno de los tres diálogos del Ángelus.

 

El primer diálogo: cobijamiento en Dios

  1. El Ángel del Señor anunció a María,
  2. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Avemaría.

Este primer diálogo nos llama a la alegría, que es lo primero que anuncia el Ángel Gabriel. Algo insólito, inesperado, nunca visto ocurre en la humanidad. Se rompen todos los moldes. Dios, viene a anunciarnos desde un lugar periférico e ignorado del mundo, su encarnación. ¡Es el segundo y definitivo Big Bang! Pero muy distinto al primero. Éste es silencioso, imperceptible, humilde, escondido, pero tendrá una potencia enorme que culminará con la Resurrección, con el triunfo de la vida sobre la muerte.

Por la potencia de este anuncio, el mismo no puede sino empezar con una palabra clave que es “Alégrate”, porque ¡Dios que es alegría, quiere compartirla!

Esta palabra, dirigida a María, también nos es dicha hoy a todos nosotros, aquí y ahora.

Percibimos en este primer diálogo del Ángelus un anuncio que lleva una fuerza que nos impulsa a nuestro interior, al recogimiento, y que queremos guardarlo como un tesoro precioso. Se trata de una fuerza centrípeta, de escucha y meditación.

¡Nuestra alma canta la grandeza del Señor y nos estremecemos de gozo en nuestra alma!

Esta alegría anunciada nos repercute emocionalmente y da sentido a nuestra existencia. Como señala José Kentenich, la “alegría es siempre el estar en todo momento cobijado en Dios. El Padre me quiere”.[1] Dios viene a nosotros y nos colma totalmente.

Vivir cobijados en la alegría nos va a permitir sobrellevar los momentos más difíciles y duros que tengamos que atravesar, sabiendo que “quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo.”[2]

¡Cuántas veces necesitamos contar con esas reservas internas para atravesar el dolor!

Les propongo realicemos un pequeño ejercicio reflexivo a partir de este primer diálogo del Ángelus y nos preguntemos:

¿Soy consciente que Dios me habla y me transmite su alegría cada día?

¿Descubro lo bueno que traen los demás o me anclo en lo negativo?

¿Soy consciente que mi carácter muchas veces nubla mi escucha y la deforma?

¿Cómo es mi escucha interior y la de mi prójimo en el ámbito laboral y en mi hogar?

¿Qué dificulta u opaca mi escucha?

¿Cuáles son aquellas otras voces que me nublan para que no escuche la voz de Dios en mi vida diaria?

 

El segundo diálogo: la transformación

  1. He aquí la servidora del Señor.
  2. Hágase en mí según tu palabra.

Avemaría.

En este segundo diálogo se destaca la confianza de María en el plan de Dios. Se entrega a su voluntad. Ella se transforma en instrumento de su voluntad. En la parábola del Sembrador, Jesús nos dice que “… quien recibe la semilla en terreno pedregoso, es el que escucha la palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no echa raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.”[3]

Nuestra transformación debe llegar tan hondo que debe abarcar incluso nuestro ser más inconsciente y recóndito, en donde se esconden muchas represiones, complejos, incapacidades y desórdenes.

Para ir hasta allí, nos puede ayudar la meditación y la oración. Les propongo una simple oración contemplativa de respiración, en la que:

  • al inspirar recibo a Dios, y
  • al expirar me entrego a Él.

Ella nos puede ayudar a aquietarnos y penetrar en nuestras capas más profundas.

Les propongo asimismo preguntarnos lo siguiente:

¿Cuánta confianza me habita?

¿Qué dificulta mi confianza en Dios?

¿Soy capaz de decir “hágase en mí tu voluntad” en todas las circunstancias?

¿Qué puedo hacer para llegar a mis raíces?

¿Soy consciente que la falta de confianza me aleja de la comunión con Dios y los demás?

¿Cómo es mi respuesta en el trabajo a lo que Dios me sugiere cada día?

¿Cuál es mi disposición al plan de Dios en mi vida?

 

El tercer diálogo: la acción

  1. Y el Verbo se hizo carne.
  2. Y habitó entre nosotros.

Avemaría.

En este tercer diálogo el Verbo se hace carne y quiere compartir nuestra vida. Nos está llamando a encarnar nuestra transformación, a no dejar que flote en la superficie y termine sin tener fruto.

Es una fuerza centrífuga que nos llama, una vez transformados por Dios, a salir hacia las periferias de los demás, a derramar la alegría y compartirla a través de nuestra vocación y llamado.

Les propongo preguntarnos:

¿Descubro la voz de Dios en lo que siento que estoy convocado a hacer hoy?

¿A qué me siento llamado a realizar hoy en mi trabajo y en mi familia? ¿Cuál podría ser mi aporte?

¿Cuán carne se hizo Dios en mí?

¿Qué puedo ofrecer y entregar?

 

A través de estos tres diálogos del Ángelus descubro una dinámica de dos fuerzas aparentemente contrapuestas, una centrípeta (que lleva al centro, a mi interioridad) y otra centrífuga, llamándome a compartir, a anunciar la alegría, y todo ello a través de una transformación interior.

Quienes estamos familiarizados con el pensamiento de José Kentenich, reconocemos en lo profundo de este diálogo del Ángelus, las tres gracias del Santuario de Schoenstatt: el cobijamiento, la transformación y el envío apostólico.

El rezo y meditación diaria del Ángelus nos puede ayudar a vivir y a meditar nuestra vida, escuchando lo que Dios quiere decirnos, sanando nuestro interior y actuando en consecuencia desde un lugar transformado. Es un triple diálogo interior de (i) escucha y descubrimiento de la alegría, como camino hacia el cobijamiento interior; (ii) confianza en la alegría vivenciada, como senda que conduce hacia la transformación interior; y (iii) acción hacia la vida, buscando encarnar aquello que hemos transformado desde el corazón.

Les comparto una oración a María para poner todo en sus manos

María,

Madre de la alegría y la escucha que despierta …

santuario del Salvador …

amparo de los olvidados e ignorados …

calor de hogar y descanso en el camino.

Te pido que en las puertas de la Noche Buena

transformes nuestros egoísmos, amarguras y desconsuelos,

en vida nueva y esperanza.

Abre nuestros corazones lastimados y reprimidos,

para sanar las durezas y oscuridades más ocultas,

que nos dificultan llegar a nuestros hermanos. 

Llénanos junto a tu Hijo, con la alegría del Reino de los Cielos,

Amén

 

Referencias

[1] José Kentenich. “Las Fuentes de la alegría”. Editorial Patris (2006), pág. 165

[2] Nietzsche

[3] Mt 13, 20

Sobre el autor

Carlos Barrio

Abogado (UBA) con una extensa carrera en el sector legal de multinacionales. Coach Profesional (Certificación internacional en el Instituto de Estudios Integrales). Posee posgrados en Harvard y UBA.

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