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El sector empresario necesita unirse

1.Un mal momento

El sector atraviesa hoy uno de sus peores momentos, hostigado desde el Estado a través de obligaciones desmesuradas y de burocracias impenetrables, con el cambio permanente en las reglas de juego y con una mayor intervención en la economía.

También la clase política contribuye haciéndolo responsable del aumento de precios y etiquetándolo como uno de los “poderes concentrados” que sólo persigue afán de lucro.

El sector sindical participa también en esta lapidación con un discurso clasista cargado de contenidos ideológicos que nada tiene que ver con las relaciones emanadas del contrato de trabajo.

Y también es acosado desde la Justicia del Trabajo, que suele abandonar su posición neutral, amparando hasta los reclamos más extravagantes.

2.Clima áspero

Los sucesivos fracasos en el intento de ordenar la economía nacional han generado una incertidumbre que ya se ha hecho crónica y que –a su vez- ha venido disipando la vocación de los que quieren emprender.

Se instala en la sociedad la idea de que las desigualdades son resultado de los abusos perpetrados por quienes aprovechan insensiblemente de una posición dominante o por la acción de especuladores que lucran a costa del bien común.

El factor aglutinante que genera estas coincidencias está referido a “la redistribución del ingreso”, un eufemismo elegante para disfrazar la expoliación al Sector Privado.

Esta atmósfera irrespirable para los hombres de empresa ha tenido gran impacto provocando una caída vertical de nuevas inversiones. Además, se ha acelerado el éxodo de empresas, la fuga de cerebros y el cierre de establecimientos.

3.Responsabilidad de la dirigencia

No asusta tanto la magnitud de la crisis que viene como la ausencia de opciones para superar la que estamos transitando. Y sin ingresar en sus causas, no puede resultarnos indiferente la responsabilidad que le cabe a la dirigencia empresaria que, con su permisividad y sus omisiones, ha contribuido a gestar esta decadencia.

Sorprende el silencio de las organizaciones gremiales empresarias. Hay miedo. Miedo a las represalias. No se sale de lo “políticamente correcto”. Sólo se conocen trascendidos, off de records y versiones de periodistas afines.

Aunque Wikipedia define el término “establishment” como el “grupo dominante visible o élite que ostenta la autoridad en una nación”, el periodismo en Argentina lo identifica más con los ejecutivos que detentan un mayor poder económico y financiero. Ese establishment (que no es el “círculo rojo”) ha manejado hilos en las sombras, pero no ha estado a la altura de las circunstancias. Algo hizo mal o algo dejó de hacer. Su responsabilidad en esta decadencia resulta incuestionable.

4.Chantaje

Se podrá aseverar que en estos tiempos resulta riesgoso enfrentar a Gobiernos que apelan a recursos extorsivos. El caso paradigmático es el histórico rechazo del Campo a la Circular nº 125 que se ha convertido -a la larga- en un bumerang contra el Sector Agropecuario.

El Sector Petrolero y las utilities –a su vez- constituyen otro ejemplo de sumisión que ha venido evitando enfrentamientos. Para pasar desapercibidos han jugado al submarino –arreglando precios y tarifas a la sombra- pero, como la rana, no han advertido que el agua va subiendo de temperatura.

No sólo hemos involucionado en materia de libertades para las actividades del sector privado, sino que se recurre al chantaje y a la manipulación para silenciar las voces del disenso, lo que ha generado un mayor espacio para la actividad de los lobistas.

5.Mala imagen

Poco se ha hecho en los últimos lustros para defender la imagen pública de las empresas y de la iniciativa privada como motor de la economía.

La “patria financiera”, la “patria contratista” y los empresarios “amigos del poder” han sido eslabones de una cadena que ha sumido al empresariado en el desprestigio y la abdicación. El desfile de arrepentidos después de los cuadernos ha venido a convalidar el estigma.

Muchos dirigentes empresarios han canjeado sus silencios por contratos, protección arancelaria, beneficios fiscales, tarifas, licencias o líneas especiales de crédito.

6. Pérdida de poder

Desde siempre los sectores de la industria, el comercio y las finanzas, han sido identificados como los factores de poder con mayor incidencia en las sociedades occidentales. En nuestro país, su protagonismo en los siglos XIX y XX ha sido relevante, con permanente presencia de los sectores financiero y agropecuario en la mesa del poder.

No obstante, en la segunda mitad del siglo pasado aparece un crecimiento significativo del poder sindical y una alianza cada vez más estrecha entre la dirigencia sindical y la clase política.

Y –ya en este milenio- es la clase política la que le abre la puerta a un nuevo jugador– las “organizaciones sociales”, movimientos de izquierda radicalizada que en los últimos años han logrado espacios insospechados al asumir la representación de los indigentes y al captar la canalización de los recursos para combatir la pobreza.

Llegamos así a este oscuro presente con una hegemonía de los caudillos políticos, sindicales, sociales y de la burocracia estatal. Para prevalecer, procuran conquistar algunos sectores de la justicia y tienden puentes con las lacras de la sociedad -es decir- traficantes y barrabravas.

El poder que históricamente detentaban los sectores de la producción se ha licuado en las últimas décadas, rompiendo un equilibrio que hoy se traduce en salida de capitales y suspensión de inversiones.

Hoy no sólo nos topamos con la realidad de un sector empresario que no tiene ni voz, ni voto, sino con una dirigencia temerosa que sólo procura sobrevivir “hasta que aclare”.

7. Entidades dispersas

El Foro de Convergencia Empresaria nació en 2013 como un instrumento que permitiera dotar al empresariado de una voz potente. Consiguió rápidas adhesiones hasta plantear, en 2015, políticas de estado a los candidatos presidenciales. Pero la informalidad de su estructura le ha impedido proyectarse y ejercer una representación genuina del Sector.

Los industriales cuentan con una estructura sólida y representativa, y el comercio y los servicios disponen de una mayor capilaridad. Las petroleras, los constructores, el sistema financiero, etc. cuentan también con instituciones de nicho pero que sólo defienden los intereses de su segmento.

Los intereses generales del Sector son atendidos –en algunas oportunidades- por algunas asociaciones que vinculan a los propietarios de las grandes empresas o por entidades informales que nuclean a las organizaciones de tercer grado, pero sin reglas ni procedimientos.

8. Situación comparada

En casi todo el mundo desarrollado se ha logrado alcanzar una convergencia entre los distintos sectores de la actividad industrial y de servicios para lograr una única representación que permita defender con eficacia la libertad de mercado.

En el caso español, desde hace 50 años la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) lidera el Sector y mantiene la cabecera en la mesa del poder. Representa a más de dos mil asociaciones de base y a doscientas organizaciones territoriales y sectoriales.

En cambio, en Argentina carecemos de una organización de cúpula que represente a todo el abanico de actividades.

9. El sector necesita unirse

En este punto nos detenemos para preguntarnos si no ha llegado el momento de constituir una entidad que aglutine a todos los sectores productivos en una organización abierta y participativa:

  • que sea la protagonista en la negociación con el Gobierno y los sindicatos
  • que fomente el espíritu emprendedor y que impulse el crecimiento y el empleo
  • que haga propuestas para mejorar la economía y la competitividad
  • que potencie la investigación y la innovación tecnológica en la empresa
  • que promueva la formación empresarial, la sociedad de la información, y la protección del medio ambiente
  • que defienda la economía de mercado, la internacionalización de la empresa, la libre competencia y la RSE

Debería ser, por encima de todo, una institución cuyos líderes y voceros cuenten con la inmunidad necesaria para expresarse libremente. Y deberán ser esos líderes los que tengan que recorrer el largo camino de los consensos para suscribir el pacto que concrete la unidad del sector. Sólo con esa unidad los factores de la producción podrán recuperar la silla que les corresponde en la mesa del poder.

Termino con estos versos, escritos hace 400 años por Francisco de Quevedo:

 

“No he de callar, por más que con el dedo,

ya tocando la boca, o ya la frente,

silencio avises, o amenaces miedo.

 ¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Sobre el autor

Gonzalo Novillo Saravia

Gonzalo Novillo Saravia

Titular de Tixel SA. Abogado (Universidad Nacional de Córdoba).

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