Agenda para el crecimiento

Elementos básicos a considerar para un plan de desarrollo

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En primer lugar, analicemos el sentido del desarrollo. Conforme a la tesis del desarrollo económico, asegurada la continuidad de un buen nivel de inversión, se determina un círculo incesante de autosatisfacción en todas las etapas del proceso económico y que, para corregir algunos desequilibrios, existen variantes como disminuir el consumo y aumentar la exportación, cuando el crecimiento anual del PBI resulta muy lento; o bien, si fuese necesario ampliar la acumulación, alentar entonces la radicación de capitales. Pero la cuestión no es esa, sino discutir correctamente su magnitud, su composición y su ritmo, para evitar el desenvolvimiento de un gigantismo descontrolado e incluso destructor de muchas producciones inútiles y hasta con una enorme carga antiecológica.

En cuanto a radicaciones de capital, es preciso ser cautos en sus aplicaciones para evitar lo señalado precedentemente, además de las implicancias humanas referentes a los trabajadores, consumidores y usuarios, para no comenzar por el desarrollismo y terminar en el consumismo puro.

Por otro lado, es preciso considerar la inversión y el desarrollo con sentido regional, teniendo en cuenta que el estancamiento de una provincia o una región tiene estrecha relación con esas mismas situaciones de sus propias zonas, sea en producción agropecuaria, industrial o artesanal, desperdiciándose la incorporación socioeconómica de muchos seres humanos y sus capacidades de emprendimientos tradicionales. Son parte de una manipulación política que los desconoce por completo o los utiliza con planes llamados “sociales” con el único aprovechamiento demagógico y político de manipulación. Por el contrario, las comunidades pequeñas deberían contar con apoyo estatal para poder desarrollar sus potencialidades y formar parte de un ciclo virtuoso de desarrollo integral, humano y geográfico.

Abordemos entonces los elementos a considerar para un plan de desarrollo.

Atendiendo entonces a un plan regional y local, el mismo tiene por objeto en primer término, conocer las necesidades, limitaciones y potencialidades de una provincia o una región; y, en consecuencia, cuáles serían las acciones concretas posibles.

¿Y cuál sería el objetivo a corto, mediano y largo plazo?

Podríamos detallarlo así:

  • Fomentar la creación de empleo privado genuino.
  • Disminuir con ello los niveles de desempleo
  • Fomentar la integración laboral de personas vulnerables y también de jóvenes.
  • Estimular las capacidades emprendedoras de las personas.
  • Fomentar la integración de la escuela con el emprendimiento y el trabajo
  • Integrar las personas a la sociedad.

Para ello es necesario además la participación conjunta y armoniosa del sector público con el privado.

Como se trata de un plan que debe ser diseñado según cada región o cada provincia, ha de tenerse en cuenta:

  • Su ubicación geográfica y su población.
  • Su clima.
  • Sus recursos naturales.
  • Su potencialidad turística.
  • Posibles recursos tecnológicos.
  • Cuál es su infraestructura (rutas, autopistas, comunicaciones, niveles de enseñanza, hospitales, seguridad, etc.)

Reunida la mayor cantidad de información que permita un análisis de situación, se contará con adecuada información que permita considerar:

  • Fortalezas
  • Debilidades
  • Oportunidades

Con base en esas informaciones, podrán elaborarse propuestas que contengan:

  • Objetivos factibles.
  • Apoyo a los sectores más relevantes de la economía local.
  • Modos de vincular la economía local con otras regiones y potencialidades de exportaciones
  • Fortalecer el mercado local con miras a la estabilidad y el desarrollo.

Esos puntos, complementarlos con:

  • Plan de saneamiento de infraestructura.
  • Desarrollo de formación teórico-práctica para el trabajo.
  • Nuevas alternativas económicas.
  • Adaptar nuevas tecnologías al desarrollo de las potencialidades existentes.
  • Incentivos para PyMES

En base a todo ello, el proyecto deberá contener:

  • Determinación de su contenido
  • Establecer un plazo de aplicación y ejecución de este.
  • Recursos económicos indispensables.
  • Evaluación constante durante su desarrollo.
  • Organismos públicos y privados participantes
  • Coordinación de esos organismos.

Acordadas y cumplidas las etapas precedentes, entonces se diagrama el programa, que contenga:

  • Elaboración del proyecto completo.
  • Determinación de las metas y los objetivos que el mismo contenga.
  • Compromiso de cumplimiento de cada fase del proyecto.
  • Compromiso de continuidad, mejoras y ampliación. Dicho compromiso ha de estar fijado entre estado, empresas, sindicatos y partidos políticos, para hacer de cada proyecto una auténtica política pública, de modo que cuente con el consenso adecuado para acordar objetivos, metas y estrategias a seguir.

Para proyectar algo, hay que imponer un orden de trabajo, estudiando primero el lugar en donde se pretende instrumentar, adecuar las ideas al contexto que se quiere modificar y determinar la factibilidad. En síntesis, contar con una ordenación previa de estudio, análisis, diagnóstico, propuestas consecuentes y objetivos posibles de cumplir. Esa es la manera de proyectar algo para que comience, se ejecute y perdure.

Aclarado y ordenado lo anterior, se deben considerar los consensos políticos para un plan que, conforme a las pautas mencionadas, podría tener en principio, los siguientes objetivos:

1) Movilización de recursos humanos hacia las áreas más empobrecidas del territorio nacional (médicos, docentes, asistentes sociales, ingenieros, funcionarios, empresarios, etc.) con instalación permanente o semi permanente para un proceso de profundo cambio estructural de situaciones de pobreza.

2) Para ello se requiere de un Estado comprometido con ese proceso y una articulación diversa que inspire sentido de pertenencia y comunidad.

3) Considerar la importancia de la inversión en educación y tecnología, instalando escuelas y empresas pequeñas y medianas en zonas alejadas de centros urbanos que carecen de esas posibilidades, iniciando un crecimiento menos desigual y desproporcionado geográficamente.

4) Centrar estímulos y políticas para hacer llegar elementos básicos, como alimento y vestimenta. En paralelo, la infraestructura (agua, electricidad, escuelas, lugares para práctica de deporte)

Un censo también es indispensable para conocer correctamente en dónde se ha de trabajar, con qué diagnóstico y qué elementos.

5) Formación de equipos de trabajo destinados durante meses a los lugares en donde se han de desarrollar las tareas.

6) Buscar empresas que deseen asociarse al plan, con beneficios fiscales para lograr la instalación de PyMES en distintos lugares del interior del país, que posibilite la creación de pueblos, barrios, parques industriales e incluso proyectos vinculados al turismo.

7) Creación de nuevas comunidades con infraestructura adecuada (centros médicos, escuelas, centros culturales, etc.)

8) Diseñar un método de control sobre los objetivos cumplidos por etapas, entre provincias, municipios y el gobierno federal. Esos controles deben ser obligatorios.

Articulación de Estados (nacional, provincial y municipal) con organismos internacionales (ONU, OMS, por ejemplo) y también privados, para el control de las etapas a cumplir.

Acompañamiento legislativo para el fomento de la inversión, nacional y extranjera.

Estas son consideraciones para tener en cuenta para el diseño de un Plan de Desarrollo acorde con los recursos que cada región aporte, sostenido en el tiempo y obligado a continuar y sostener con acuerdos políticos.

Sobre el autor

Guillermo J. Sueldo

Abogado (USAL). El autor es titular del Estudio Sueldo & Asociados

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