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Por qué no crece la economía argentina

Foto de Oleg Magni en Pexels

En los últimos 10 años, con algunos altibajos, el PBI de la Argentina se ha mantenido prácticamente estancado. Según datos del INDEC, entre 2011 y 2020, el PBI cayó 12.4%. Aun suponiendo que este año la economía se recupere un 6.5%, la baja sería de 6.4%. La caída del ingreso per cápita es mayor todavía si se tiene en cuenta que entre 2011 y 2021, la población aumentó un 11%.

Pero esta reciente evolución negativa de la economía argentina no es un episodio aislado, sino que se enmarca en una pérdida de poder adquisitivo de larga trayectoria. De acuerdo a datos publicados por A. Maddison, (“The world economy, OCDE)”, la Argentina ocupaba en 1913 el 10º lugar en PBI por habitante, luego de Australia, USA, Nueva Zelanda, Reino Unido, Canadá, Suiza, Bélgica, Holanda y Dinamarca. Su ingreso per cápita era en ese año 33% menor al de Australia. En 2018, el país cayó al puesto 62, según cifras del Banco Mundial y su ingreso era 86% menor al de Suiza, que ocupaba el primer lugar en ese año.

Varias causas contribuyeron a que la Argentina sufriera este retroceso, pero fundamentalmente se debe a que el país pasó de ser una de las economías más abiertas del mundo a una economía cerrada y poco competitiva. Entre 1910 y 1930, el promedio de exportaciones sobre el PBI fue 25%, basado fundamentalmente en productos agropecuarios. Las divisas obtenidas se destinaban a la importación, básicamente de productos manufacturados. A partir de 1930, los mercados internacionales se cerraron y el país tuvo problemas para colocar sus exportaciones y ese porcentaje fue disminuyendo hasta alcanzar un mínimo de 5,1% en 1980. Luego se recuperó, llegando a 16% en 2020, pero en el promedio de 2011-2020 fue de solo 14,7%. Otros países de similar base agropecuaria se reconvirtieron y mantuvieron elevadas tasas de apertura, como Canadá (29%), Australia (24%). En el vecindario, Chile (31%) también mantuvo su economía abierta. Entre los países desarrollados, los miembros de la OCDE, en promedio, exportaron en 2020 el 29% de su PBI.

La Argentina no supo adaptarse a los cambios en la economía mundial y dejó su lugar de privilegio a los países industrializados y a la agresiva competencia de los países asiáticos. Antes de la Segunda Guerra, en 1937, la participación argentina en las exportaciones mundiales era de 3.23%, pero en 2020, ese porcentaje había caído al 0.31%.  Si hubiera mantenido la misma proporción que en aquel año, tendría que estar exportando USD 630 mil millones y no los USD 55 mil millones que exportó en 2020. Corea del Sur siguió el camino inverso: de 0.84% subió a 2.90 % y China también, pasó de 1.75% a 14.64% entre esas fechas.

La caída en las exportaciones argentinas afectó drásticamente su posibilidad de importar. En 2020, las importaciones de bienes y servicios de la Argentina representaron solo el 13.9% del PBI. Si bien no se puede decir que sea una relación de causa-efecto, existe una relación directa entre el PBI y las importaciones. La mayoría de los países desarrollados y los países asiáticos están por encima del 30%: Bélgica (80,5%), Países Bajos (69,9%), Austria (41,4%), Suiza (39,5%), Alemania (32,1%), Tailandia (43,4%) y Corea (30,6%). Solo los países con un gran mercado interno presentan menores relaciones como Estados Unidos (10%), China (14,5%), Japón (14,2%), India (16,9%) y Brasil (10%). Cuanto más chico es un país, más necesita de su comercio para crecer.

El cuello de botella de las importaciones

En un mundo cada vez más globalizado, los productos importados integran prácticamente todas las actividades económicas de un país y la Argentina no es una excepción. Del total importado en 2020, 39.6% correspondió a Bienes Intermedios; 17.9% a Piezas y Accesorios para Bienes de Capital; 17.4% a Bienes de Capital; 15% a Bienes de Consumo; 6.2% a Combustibles y Lubricantes y 3.8% a Vehículos Automotores de Pasajeros.

El problema es que la Argentina desde hace muchos años tiene una alta propensión a importar. Según cifras del INDEC, las manufacturas de origen industrial (MOI) necesitan importaciones por el equivalente al 40% del valor de su producción. Por otro lado, la “elasticidad” de las importaciones respecto del PBI es de 3,3, es decir que para que el Producto Bruto aumente 1% las importaciones deben crecer más de 3%. Pero la industria demanda más importaciones: su “elasticidad” es de 5,5 frente a 2,3 del sector agropecuario.

Esta necesidad de dólares para importar hace que la demanda de divisas generalmente supere a la oferta provocando crisis en la balanza de pagos. Lo que debería corregirse por el libre juego de la demanda, en la práctica ha funcionado solo en pocos períodos. La mayor parte del tiempo el mercado cambiario ha sido “administrado” por el gobierno de turno y el tipo de cambio es utilizado frecuentemente como “ancla cambiaria” para tratar de bajar la inflación.

Por qué no crecen las exportaciones

La Argentina alcanzó un pico máximo en el valor de sus exportaciones en 2011, con US$ 82,9 millones. Desde entonces fue disminuyendo hasta alcanzar a USD 54.9 mil millones en 2020, como ya se mencionara. El promedio del período 2012-2020 se redujo a US$ 64,4 mil millones. La composición de las exportaciones da una pauta del estancamiento de las mismas en la última década.

En 2020, el 69.2% de las exportaciones correspondió a productos primarios y manufacturas de origen agropecuario (MOA). Solo el 24.3% fueron manufacturas de origen industrial (MOI) y el 6,5%, Combustibles y Energía. En 2010, los Productos Primarios y MOA sumaban el 55,5%, mientras que las MOI representaban el 34,9%. Es decir que la participación de la industria en las exportaciones totales ha sufrido una fuerte caída, no pudiendo generar las divisas que necesita para su funcionamiento. Si se comparan las exportaciones MOI con las importaciones totales menos los bienes de consumo (“importaciones esenciales”), puede apreciarse un saldo negativo en todos los años entre 2010 y 2020.

El problema es que el agro solo no puede abastecer las divisas que necesita el país. Si bien las exportaciones de Productos primarios y MOA han aumentado en las últimas décadas, la “importaciones esenciales” lo hicieron en mayor medida. Entre 2010 y 2019, todos los años el saldo fue negativo. En 2020, el saldo fue positivo porque las exportaciones del agro solo cayeron 8.5% frente a la mencionada baja de 15% en las “importaciones esenciales” por la caída de 9.9% en el PBI.

La historia de las exportaciones en las últimas décadas expone, por un lado, el fracaso de las trabas y las regulaciones impuestas por las autoridades al sector agropecuario. Notoriamente, la vigencia de los derechos de exportación ha frenado la expansión del sector al igual que la discriminación cambiaria. Por otro lado, la exagerada protección arancelaria y no arancelaria que recibe el sector industrial, ha generado a lo largo de los años un “sesgo anti exportador”, ya que a las empresas les resulta más rentable un mercado interno pequeño con márgenes de ganancia elevados que tener que afrontar la competencia internacional de mayores volúmenes y márgenes más reducidos. Está claro que para crecer hacen falta inversiones, pero no cualquier inversión sino aquellas que están orientadas a la exportación. El Gobierno debe concretar mayores acuerdos comerciales, como el que se cerró con la UE, para ayudar a exportar a las empresas.

Pero no toda la culpa debe ser atribuida a los empresarios, ya que el marco en que deben actuar no es muy favorable para ellos, principalmente la insoportable y creciente presión impositiva. El gasto público consolidado de Nación, provincias y municipios en relación al PBI fue de 26.6% en 2002, pero luego empezó a crecer hasta alcanzar el 46,3% en 2017. Este nivel quita recursos al sector privado y limita sus posibilidades de crecimiento. En otros países es claramente inferior: Canadá (17,3%), Chile (22,4%), Australia (26,6%) y la OCDE (27,3%). Otros factores, como la inflación, las trabas cambiarias, el riesgo país y la falta de crédito de largo plazo para realizar inversiones también contribuyeron a frenar el desarrollo del país.

Sobre el autor

Carlos Moyano Walker

Licenciado en Economía (UCA), asesor senior de la Fundación ICBC y consultor económico.

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1 comentario

  • La causa del estancamiento de nuestro país es el clima antiempresarial, que se manifiesta especialmente con la Ley de Contrato de Trabajo y sus anexas fuertemente penalizadoras al empleador, que desalientan la creación de emprendimientos, y con pocos emprendimientos, se genera poco empleo. Siendo el empleo el factor más importante en la economía de los países.
    La riqueza de las naciones la generan los emprendedores, donde no se los ataca, hay alto nivel de empleo, y donde trabaja el 60 % de las Personas Económicamente Activas (PEA), se genera mucha riqueza que a su vez crea el desarrollo económico; contrariamente donde trabajan pocas personas, como ocurre en nuestro país, el 40 % de la PEA y en casi todos los subdesarrollados, se genera poca riqueza, escaso empleo, la desocupación es importante, los sueldos son bajos, pobreza y estancamiento.
    En los países desarrollados, se protege mejor a los trabajadores con los Seguros de Desempleo, que no atacan a los empleadores, con lo cuál el empleo es casi pleno, con bajo desempleo, mejores salarios, y una sociedad mejor. En los países desarrollados los sueldos son entre tres y cinco veces más que los nuestros.
    Cuando hay escasa oferta de empleo los salarios son bajos y no hay crecimiento.
    Las sociedades crecen de abajo hacia arriba.
    En nuestro país hay una excepción con el estatuto de los trabajadores de la industria de la construcción, el ¨Fondo de Cese Laboral¨, donde no hay costo indemnizatorio, ya que los empleadores depositan mensualmente la proporción a un mes por año, en una libreta del trabajador. El ex ministro Roberto Lavagna propuso que esto se extienda a todos los nuevos empleos, pero no tuvo éxito.
    Con esta modalidad Brasil, que en 1950 era un país que sólo exportaba café y cacao, es hoy la séptima economía mundial, salieron de la pobreza 40 millones de personas en las últimas décadas y según CEPAL, en 2017 recibió casi 80 mil millones de dólares de inversión extranjera ( Argentina solo 5) y su Banco Central tenía casi 400 mil millones de dólares de reserva.
    Más datos, en mi libro ¨Pleno Empleo¨ la riqueza de las naciones y desarrollo económico.