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El maná: una interpretación de la Argentina a la luz de las escrituras

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Escrito por Enrique del Carril

Tercer domingo de cuaresma

Los hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.
El día siguiente a la Pascua, comieron ya de los productos de la tierra: ese día, panes ácimos y espigas tostadas.
Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.”

Libro de Josué (5,9a.10-12):

Los israelíes debieron cruzar el desierto antes de llegar a la tierra prometida. En el desierto no tenían alimentos ni posibilidad de procurárselos con su trabajo. Solo la misericordia de Dios podía salvarlos de morir de hambre y lo hizo enviándoles el maná que caía del cielo. Pero una vez que llegaron a la tierra prometida cesó de caer el maná porque los israelíes podían procurarse el alimento con su trabajo. Se convirtieron en agricultores y “comieron de la cosecha de la tierra de Canaán”.

Esta lectura me parece muy apropiada para los tiempos que vivimos hoy en la Argentina, especialmente para encarar la solución al problema de la pobreza. El debate gira en torno del rol que debe cumplir el Estado frente a este flagelo y la postura que debemos asumir como empresarios cristianos.

En síntesis, la discusión se plantea en buscar un sistema que permita la creación de riqueza. La lectura que comento muestra cómo la misericordia divina se tradujo en enviarle a su pueblo el alimento mientras no podían procurárselo con su trabajo y El los conducía a la tierra prometida donde, con su esfuerzo podían sustentarse sin la asistencia milagrosa.

La pobreza en la Argentina tiene su causa en políticas equivocadas que vienen repitiéndose hace más de setenta años. Y esas políticas surgen, a mi juicio, de un error de concepción respecto a los fines del Estado.

Dios bendijo a nuestro país con inmensos recursos naturales. Podríamos decir que los argentinos recibimos la “tierra prometida» y hasta mitad del siglo pasado supimos aprovecharla creando riqueza mediante el trabajo. Pero luego, paulatinamente, se fue instalando la idea de que la creación de riqueza dependía más de la planificación estatal que de la iniciativa privada. Aprovechando esta política muchos sectores se desarrollaron gracias al “maná” derramado, no por Dios sino por el Estado mediante exenciones impositivas, subsidios o préstamos con intereses negativos que provenían de los impuestos pagados por los sectores más eficientes o de las cajas previsionales.

Estas políticas desalentaron el ahorro, la inversión productiva y la cultura del trabajo. Así nació la pobreza que hoy nos avergüenza.

Frente a la actual situación no cabe duda de que los empresarios cristianos tienen un deber: imitar la misericordia divina que hizo caer el maná del cielo cuando los israelitas atravesaban el desierto. Pero este recurso solo debe ser temporario y excepcional. La verdadera “limosna» del empresario es la inversión creadora de trabajo. Estamos instalados en “la tierra prometida». No podemos seguir dependiendo del “maná”.

Sobre el autor

Enrique del Carril

Abogado. Ex director de la revista EMPRESA. Fue presidente del Colegio de Abogados de la CABA entre el 2006 y el 2010. Socio fundador del Foro de Estudios sobre Administración de Justicia (FORES).

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1 comentario

  • Querido enrique en la tierra de la sobreabundancia y el talento !!! Clama al cielo por llegar a administrar tanto don laburarla y que el rvangelio de los buenos administradores hacerlo carne te felicito a,seguir !!!!