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Escuela de cultura del trabajo

Cielo de colores
Escrito por Mariano Obarrio

La sociedad civil debe ponerse de pie para convertir a la Argentina en una gran escuela de formación laboral y de cultura del trabajo. El caso testigo de la fábrica de indumentaria Textilcom nos enseñó una gran lección: todos somos parte de la solución si trabajamos en forma integrada por un fin común, el de crear riqueza y generar trabajo y dignidad en medio de una crisis cultural de valores fundamentales.

Para eso nació el Movimiento por los Valores de la Argentina, cuyo primer proyecto es el Plan Maestro de Reconversión Laboral para la Cultura del Trabajo. Textilcom es una foto que explica el concepto mejor que mil palabras. El empresario Carlos Vilariño se contactó con el MVA y definió las competencias laborales que demanda su nueva forma de producción. Pero tenía un problema: no encontraba trabajadores con cultura del trabajo o competencias actitudinales. No cumplían compromisos, abandonaban, faltaban a la planta o llegaban tarde. “Yo les enseño a manejar las máquinas, pero necesito gente que no abandone a los tres días”, decía Vilariño.

El MVA lo contactó con fundaciones de la sociedad civil que capacitan en cultura del trabajo: Fundación Franciscana, Forge, Pescar, Espartanos, Identidad Vecinal, La Juanita, Los Piletones, Reciduca y otras. Todas ellas aún están enviando sus postulantes para cubrir 139 vacantes. Vilariño dispuso una “escuelita” en la planta. La capacitación dura 30 días y luego pasan a la planta. Los primeros 25 trabajadores ya se están capacitando. Los ministerios de Producción, Trabajo y Desarrollo Social aportan financiamiento para una parte de las remuneraciones y para financiar el proyecto de expansión de Textilcom.

El Gobierno hizo su parte, la empresa la suya, las ONGs otro tanto y el MVA organizó la vinculación entre las partes. Es la muestra en miniatura del Plan Maestro de Reconversión Laboral y Cultura del Trabajo a gran escala. El Plan, consensuado por la sociedad civil, de abajo hacia arriba, busca vincular al sector privado, el sindical, las ONGs, el sector educativo y el Estado. Es ambicioso, sí, pero es imprescindible. En las últimas semanas, manifestaron su adhesión dirigentes sociales y políticos como Esteban Bullrich, Miguel Pichetto, Rogelio Frigerio, Miguel Ángel Toma, Margarita Barrientos, Héctor “Toty” Flores, Andrés Cisneros, Andrés Ibarra, Pedro Del Piero, Elsa Kelly, Cornelia Schmidt y otros cien dirigentes sociales, educativos y empresariales, entre ellos Gonzalo Tanoira, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

La convocatoria del MVA es abierta a quienes sientan que, entre todos los sectores, se pueden integrar esfuerzos y proyectos para recuperar el valor de la cultura del trabajo. Para recuperar la economía, antes hay que recuperar al ser humano. Y así convertir a la Argentina en una gran escuela de oficios que demandará la producción del futuro. El programa de capacitación laboral masivo e integral debe ser sobre todas aquellas competencias que demandará el futuro productivo en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial. No sirve de nada capacitar a cien carpinteros en un barrio, si luego hay 98 que quedan afuera del mercado.

Por lo tanto, el primer paso es definir las competencias demandadas de cada sector o cadena productiva para asegurar la inserción laboral futura. Sobre ese mapa construir un conjunto de cursos de capacitación para las poblaciones necesitadas de integrarse al mundo del trabajo. El próximo será encontrar más casos como el de Textilcom, organizar proyectos en regiones o en empresas, y lanzar el Plan con la firma de más de cien adherentes en un encuentro en el Club del Progreso, a mediados de marzo. El Plan busca sustituir la cultura del asistencialismo por la Cultura del Trabajo para el desarrollo económico y social; reducir la pobreza, garantizar la empleabilidad de titulares de planes sociales, mejorar la competitividad y la productividad, y recuperar la dignidad, la libertad y la independencia de todos. *El primer paso es crear una Agencia Nacional de Reconversión Laboral y Productiva. Podría estar integrada por el Gobierno, las provincias, los municipios, las cámaras empresariales, el movimiento obrero, las ONGs de la Sociedad Civil y el sector educativo. Mientras que el Gobierno no lo ponga en marcha, esa gran Agencia podría fundarse en instituciones de la sociedad civil y agrupar a los interesados. *Identificar los oficios y competencias laborales que demandará el sector productivo en todos sus sectores y cadenas de valor. *Diseñar las capacitaciones con los privados, sindicatos, educadores, ONGs y Estado:

La capacitación debe ser técnica, actitudinal, física y sanitaria para distintas poblaciones, en distintos espacios físicos y con diversos recursos.

Capacitar además docentes e instructores para las capacitaciones.

Capacitar en el cooperativismo de alto valor agregado.

Organizar la legislación y la normativa necesaria y crear un sistema de seguimiento y medición de resultados.

Los empresarios y sindicatos pueden identificar las competencias demandadas. Economistas y tributaristas pueden identificar vías de financiamiento y condiciones macroeconómicas, laborales y tributarias.

Las ONGs pueden aportar formación actitudinal. Los educadores darán terminalidad educativa. El Estado podrá dar incentivos tributarios y previsionales para el empleo. Los objetivos estratégicos son un desarrollo demográfico equilibrado y sostenible. El aprovechamiento productivo de todo el territorio nacional. La consolidación de la soberanía y la presencia poblacional en todo el país. El desarrollo de ciudades del interior y la redistribución poblacional.

El desarrollo de proyectos que mejoren el medio ambiente. La preparación de la economía para la Cuarta Revolución Industrial. También se buscará la construcción de viviendas, escuelas, universidades, centros de capacitación, predios deportivos y unidades carcelarias, con formación en valores y oficios con el modelo de la Fundación Espartanos. Los sectores más dinámicos a desarrollar serían la producción de alimentos, infraestructura, forestación, economía del conocimiento, fertilización y manejo del agua, minería, energía, logística y servicios, industria, cuidado de personas y todo tipo de actividades agropecuarias, entre tantas otras. Cada sector de la sociedad civil tiene un aparte de la solución y el único secreto es organizar la integración de todos.

Sobre el autor

Mariano Obarrio

Periodista, ex La Nación, actualmente trabaja en A24.com, Radio Del Plata, Radio Cultura y edita el portal La Nueva República. Fundó el Movimiento por los Valores de la Argentina.

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