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Excesos terminales: cuando el “cerebro colectivo” exige aprendizajes contrarreloj

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¿El País que “nos merecemos” o el del Himno que pide que lo “sepamos conseguir”?

I – Conclusiones anticipadas. Nuestra querida República padece y exhibe las heridas, fracturas y rasguños de nuestros desmedidos excesos.  Sin aprendizajes de nuestros errores, las sorprendidas generaciones frustradas se acumulan. Los análisis de los rarísimos por que crecen de manera exponencial. Miramos para atrás y el inventario de calamidades luce crónico. Si tuviéramos que agruparlos en un sustantivo causal básico arriesgaríamos quizás que nuestra mayor deuda intangible son los excesos. Excesos de emotividad. Excesos de fanatismo. Excesos de imprudencia. Excesos de emisión monetaria. Excesos de gasto público. Excesos de cantidad de impuestos y contribuciones. Excesos cuasi inmorales de evasión.  Excesos de violencia cotidiana generalizada donde el piquete manejado políticamente invade la calidad de vida de las grandes ciudades. Excesos de discursos. Y decenas y decenas de excesos fabricados por nuestra manera de ser que, en algunos aspectos luce simpática, acogedora y amigable, pero que no funciona para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.  Vamos a despedir a un amigo a Ezeiza, asistimos a un clásico de Boca-River, leemos las estadísticas de vidas sacrificadas en el tránsito, observamos como el peso pierde valor por minuto, sumamos los empleados en todos los poderes del estado y nos resulta cuasi grotesco y sin detalles el empleo público total, vamos por los 170 tributos distintos, la evasión alcanza niveles vergonzosos. Cada una de estas actitudes se corresponde – respectivamente – con el ordenado enunciado de excesos en el párrafo anterior.  La torpe convivencia con las leyes, la normativa y el deber ser, exhibe lo que proclamamos, pero no cumplimos.  El camelo camuflado de veracidad, la aptitud para engañar, agrandar, de no revelar, de no explicitar, de no adherir a la verdad está llevando a la República a una situación donde asombramos al mudo mundo. ¡¡¡¡¡¡¡No va más!!!!!!! El Nunca JAMÀS (que es decir 2 veces nunca) pide a gritos la vigencia de límites que ya no se pueden ignorar: sólo la sensatez y el cambio de actitud nos pueden redimir. Nuestra historia clínica que demandó otrora medicina ambulatoria hoy más que nunca, y sin violencia, necesita reparación de la plasticidad cerebral colectiva y quizás cirugía menor. La negación o la búsqueda de excusas que carecen de sensatez puede ser letal. La colectiva propensión decreciente por actuar cumpliendo la ley versus los ensayos disfrazados del “vale todo” provocan pérdidas irreparables. El folclórico transporte movilizado de miles de personas para fingir apoyo voluntario en los piquetes de todo el país atenta contra la competitividad de nuestros costos y daña los mentados derechos humanos.  ¿También habrá un mal que dure casi 100 años?  Persistimos gastando vidas colectivas sin dignidad y consumiéndonos en cuotitas inflacionarias.  Dosis y mesura:  ambas con faltantes o stocks escasos en el inventario nacional de los intangibles imprescindibles para una calidad de vida modelo 2022.

II – Sin culpar. Sin nombrar:  el pendiente acto de contrición enorme y profundo ya no es optativo.

Hace unos meses invitado por un grupo de profesionales de la medicina a quienes conocí a través de mi docencia en el GESI (Post grado de Gestión de Entidades de Salud) del Hospital Austral, participé de una convocatoria y presentación de una metodología realmente novedosa y revolucionaria sobre la temática de plasticidad cerebral. El tema interesantísimo abordado (Mental Training Tech) sobre tecnología de entrenamiento cerebral resultó absolutamente aplicable para enfocar soluciones – por ahora individuales- a nuestros mejorables estilos y maneras.  Se trata de un método innovador científico y de vanguardia que maximiza la posibilidad de continuar el desarrollo cerebral en el adulto. Enhebrando nuestra realidad (en neurociencia lo que no se usa se pierde) me asaltó la mejora impostergable del “cerebro colectivo”. A grandes rasgos los alemanes y los nórdicos son fríos y equilibrados, los ingleses son estrictos con las normas, los hispánicos y los italianos (nuestros padres genéticos) son explosivos, emotivos, y gesticuladores. Es probable que Argentina haya heredado mucho de lo que se comenta en el párrafo I de nuestros ancestros…. pero hemos superado los “minus” de nuestra herencia latina y convertido instituciones, estilos y maneras en caos y desastre. Las sirenas de alarma suenan fuerte, llamando a burilar, pulir, reparar y educar nuestros cerebros, individuales y colectivos. Con conocimientos y no con ideologías. Ya en 2002 y siguientes liderando el equipo Empresa y Sociedad en IDEA, estudiamos preocupados y curiosos sobre los rasgos del Capital Social. Un concepto de comunidad en el que toda actividad humana debe finalizar siendo antropocéntrica (centrada en el bien del ser humano).  Este elemento insustituible para el progreso de la Nación fue estudiado por James Coleman, por Robert Putnam, por Fukuyama y tantos otros. Alimentado básicamente por la confianza. Se construye un fenómeno subjetivo compuesto de valores y actitudes que determinan como las personas se relacionan entre sí. Confiar en el otro, normas de reciprocidad, actitudes y valores que ayudan a las personas a trascender las relaciones conflictivas y transformarlas en relaciones de cooperación.  Confianza estimulada (valga la reiteración) asociatividad, comportamiento cívico, ayuda mutua, sentimiento de pertenencia, y alianzas objetivas son los ingredientes indispensables para construir la receta vital. Sólo así aparece la pacífica revolución molecular, a partir de la articulación cognitiva individual y un cohesionado cerebro social educado.

III – ¿Educar, entrenar, amaestrar, pacificar? ¿Terminar con la piolada, la viveza criolla, la indisciplina como forma de vivir, el no cumplimiento de lo que indica el semáforo? ¿Hay lugar para seguir haciendo experimentos cuasi temibles? ¿A cuanta devaluación e inflación récord mundial jugamos? ¿Exigiremos que los políticos rindan cuentas y premiaremos y/o castigaremos en las urnas sus comportamientos sin “vender” nuestro voto? 

El ser humano funciona de acuerdo con los límites. Desde el bebe hasta la abuela octogenaria, todos actuamos en función de las consecuencias.  Tratar a todos igual independientemente de su comportamiento es demencial. Los sabios animales difieren. El ciervo más inteligente y fuerte va a la cabeza del resto guiándolo y protegiéndolo. Las discusiones sobre derecha, izquierda, extremas y distantes del centro del ángulo recto no se usan ya más. Existen 2 tipos de gobernantes: los buenos y los malos.  Los extremos han destratado al universo y al hombre. Guerras. Deforestaciones. Desastres ecológicos y contaminación. Corrupción. Los términos para ejercer el poder deben ser respetados y no violados con triquiñuelas.  El mundo exige transparencia y rendición de cuentas, retribución para el que se esfuerza. No es meritocracia vulgar sino raíz fundamental de justicia distributiva:  Dar a cada uno lo suyo.

IV – ¿No hay salida? ¿exportamos jóvenes maravillosos a precio vil? ¿cómo mejoramos el cerebro colectivo? ¿existen métodos para elaborar en tiempo y forma un cambio radical?

Si. Solo se trata de voluntad política. Sin violencia. Rusia y Ucrania son un ejemplo de lo que hay que evitar. El finlandés Pekka Räsänen neuropsicólogo investigó el funcionamiento cerebral – fundamentalmente de los chicos – para incrementar el aprendizaje y la cognitividad. Su método permite poner foco en garantizar que todos posean las habilidades básicas. Sabiamente remarca, que las practicas pedagógicas en el aula se deben basar en la ciencia y en el método científico, y no en visiones pedagógicas políticas. La educación finlandesa está inspirada en la evidencia que se conoce científicamente sobre la forma en que se aprende. Nos termina diciendo que el cerebro social resultante, no es algo que está aislado del contexto. La violencia familiar impacta. El clima social también. Empecemos por la educación aséptica y no contaminada en todos los niveles. Sea pecado mortal de lesa humanidad exportar cerebros de jóvenes a precio vil. En el año 2570 AC murieron por ignorancia (solo conocían la tracción y no la rueda) 40 veces más egipcios construyendo las pirámides. Dejaron sus vidas al único precio de yacer con los Faraones. Parir educación por doquier, y vida sana para la comunidad requiere equilibrio, coraje, honradez y esfuerzo…. Solo se emerge con el volver a creer para volver a crecer…   ¡¡¡Lo demás es puro cuento!!!

Sobre el autor

Ignacio González García

Socio de ACDE. Síndico Titular del Grupo Diario La Nación, de IDEA y de La Anónima de la Patagonia.

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1 comentario

  • De acuerdo sobre lo que seria necesario pero…….quien lo puede llevar a cabo existe en este pais alguien que pueda sopotar tantos palos en la rueda tanta gente acostumbrada a la dadiva..tanta corrupcion cometera hummm no los conozco….me suena a una hermosa utopia .perdon pero hoy estoy tan triste y enojada….gracias por tu exposicion