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La visión del P. Tomás Halík sobre la figura del Papa Francisco

Escribo estas líneas con la idea de propiciar un intercambio sobre sobre conceptos tan desafiantes expresados por el ensayista, sacerdote y teólogo Tomás Halík.

Más allá de la gratificación de ver un papa argentino, cuando Francisco salió al balcón en San Pedro muchos de nosotros nos ilusionamos con un pontífice que marcara un cambio de era en la Iglesia.

El rechazo de los zapatitos y su descarte de las limusinas merecieron nuestro entusiasmo, aunque en el fondo seguíamos esperando que Francisco llegara a ser para Argentina lo que Wojtyla había sido para Polonia.

Cuando empezaron a llegar los rosarios y a multiplicarse las visitas de políticos, dirigentes sociales y sindicalistas al Vaticano, muchos de nosotros fruncimos la nariz y todavía más, cuando desaparecieron las sonrisas en la visita de Macri, fruncimos el ceño.

Poco después, el Vaticano advirtió que la procesión de visitantes degeneraba en medallas que se exhibían ostentosamente en el barro de la política local, por lo que, de tres años a esta parte, los mensajes de Francisco hacia Argentina se han reducido significativamente.

Para los que seguimos de lejos los movimientos de Francisco, no nos resultó satisfactorio un paquete de gestos y movimientos que plantean parentescos con determinadas ideologías. Conozco muchos que hoy por hoy se han tornado críticos de la gestión del Papa.

Los que están al tanto de lo que sucede en el Vaticano han destacado la concentración de Francisco en la normalización de la Iglesia en China, su búsqueda de la hermandad con otros líderes religiosos, su determinación para enfrentar los escándalos sexuales y su decidida intervención para expulsar la corrupción en la administración del Vaticano.

No obstante, no podemos ignorar que en las entrañas de la sociedad argentina se ha instalado una polémica en torno a la figura del Papa y que, muchas de las dudas son consecuencia de la falta de claridad en los mensajes que llegan desde Roma.

Estos párrafos sirven de prólogo para introducir algunos conceptos del reportaje al sacerdote y filósofo checo Tomás Halík publicado en el nº 2485 de la revista “Criterio”, con traducción del Embajador Vicente Espeche Gil (marzo de 2022).

Cuando se le pregunta al cardenal cuáles, a su parecer, son los trazos que caracterizan al Papa Francisco, Halik nos da una visión que nos conmueve:

  • “El Papa Francisco no es un revolucionario que aspire a cambiar la doctrina de la Iglesia. Las personas que lo conocen bien desde hace años dicen que no es un teólogo progresista, sino más bien misericordioso”.
  • “La misericordia es la llave para comprender su personalidad y su reforma”.
  • “Francisco no cambia los dogmas ni demuele las estructuras externas; transforma la praxis y la vida”.
  • “El no cambia la Iglesia exterior. Transforma mucho más profundamente, espiritualmente, desde el interior. Transforma por el espíritu del Evangelio: se trata de una revolución de la misericordia”.
  • “En consecuencia su reforma tiene el potencial de cambiar la Iglesia y de llevarla al corazón del mensaje de Jesús de manera más profunda que muchas reformas del pasado”.
  • “Por su ejemplo personal de coraje cristiano, el Papa Francisco nos empuja a no dejarnos intimidar ni desalentar por ciertos hechos que ocurrieron en la Iglesia”.
  • “Por el contrario, nos invita a actuar como hijos libres de Dios, empleando de manera responsable la libertad que Cristo nos ha dado, sin someternos nuevamente al yugo de la esclavitud de una religión legalista, como nos exhorta el apóstol San Pablo”.

El reportaje es largo y jugoso. Pero además de sus definiciones sobre el Papa, la nota termina con una visión de alto voltaje sobre el futuro de la Iglesia que creo llega mucho más allá de lo que nosotros, ciudadanos de a pie, podemos imaginar:

  • “Llegamos al final de un capítulo de la historia de la Iglesia. Está en camino a expirar irrevocablemente la forma de cristianismo que gran parte de los europeos consideró durante mucho tiempo como algo adquirido”.
  • “Durante muchos siglos, el cristianismo tomó las formas de una religión (“religio”) en el sentido de una fuerza que integraba a la sociedad”.
  • “En la época moderna, en la era de la fragmentación del mundo, la fe cristiana ha perdido esta “función religiosa”. Ahora se considera al cristianismo y a la religión como una “visión del mundo” entre otras”.
  • “En el futuro será una religión en el sentido de “releer” y deberemos releer atentamente y de manera crítica las dos fuentes de la fe: la Biblia y la tradición”.
  • “Estoy convencido de que la forma tradicional de la Iglesia y de su rol pastoral mediante una red de parroquias territoriales está en vías de caer en la obsolescencia.
  • “Los nuevos centros de la fe deben llegar a ser “escuelas de sabiduría cristiana”: lugares de reencuentro para las “nuevas lecturas”, la meditación común, la escucha y el compartir la experiencia de la fe”.
  • “Si la Iglesia no quiere ser una secta encerrada en sí misma, debe cambiar radicalmente en su autopercepción y en su visión del propio Ministerio al servicio de Dios en el mundo”.

Sobre el autor

Gonzalo Novillo Saravia

Titular de Tixel SA. Abogado (Universidad Nacional de Córdoba).

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