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Las generaciones ante la nueva complejidad: una mirada humanista

A lo largo de los últimos años la sociedad ha venido experimentando una serie de sucesos de gran trascendencia histórica que están llevando al límite a la humanidad. Todos los estamentos de la sociedad están viendo cómo las respuestas estándar para los problemas de ayer no sirven para los de hoy. Altibajos constantes, diversidad de opiniones, la celeridad con que ocurren las circunstancias, el impacto global de las mismas… hacen que la respuesta dada a los problemas se convierta en una incógnita con consecuencias impredecibles que, en muchos casos, agrava el problema y en otros muchos no lo soluciona. Son épocas turbulentas donde lo nuevo quiere romper con las viejas costumbres que han demostrado ya no tener validez[1]. Estamos ante un “momento social”[2] donde la sociedad se juega su futuro:

Vivimos una encrucijada crucial y decisiva, con un punto de rotura o cambio profundo en el que nos jugamos el todo por el todo, descripción etimológica de la palabra crisis, y razón de su uso médico: pues es esa crisis y su superación la que separa al paciente de la muerte” [3]

La consecución de estos hechos históricos, que en esencia no son “nuevos” en la historia de la humanidad, derivará irremediablemente en una revolución en todos los ámbitos que sentará las bases de las próximas generaciones. Su éxito dependerá del equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, de la sabia gestión y reajuste de los recursos del pasado junto con las innovaciones que surjan. Ante semejante desafío, es momento de mirar una vez más hacia el interior del hombre. Adoptar una actitud reflexiva que permita sin estridencias centrarse en lo verdaderamente importante, dejando de lado aquellos impulsos más básicos que puedan desviar nuestra atención. Enfocar el cambio con la seguridad de saber que el hombre, en toda su complejidad, saldrá beneficiado y con él la sociedad al completo.

Alejandro Llano[4] propone para ello un “cultivo serio y sistemático del arte, la ciencia y el diálogo social”, ya que “la experiencia histórica…demuestra…que las innovaciones de fondo (no las modas, ni los tópicos, ni los estilos) surgen de grupos…capaces de estudiar en equipo los problemas teóricos y prácticos, de discutir implacablemente sobre ellos, y de intentar llevarlos a la práctica con esa virtud tan olvidada como imprescindible que es la valentía, el coraje social”. Dos líneas de acción claves y de aplicación directa en el ámbito empresarial. Por una parte, propone el crecimiento formativo cómo eje fundamental para lograr el desarrollo personal necesario que permita entender la inmensidad del problema y, por otra parte, la necesidad de afrontarlo en equipo, ya que es en el diálogo permanente y la colaboración de donde surgen las grandes ideas que permanecen más allá de los hábitos o métodos imperantes en una época.

El éxito de las organizaciones hoy estaría supeditado así al desarrollo y perfeccionamiento de las habilidades propiamente humanas de los miembros que la componen (Llano and Llano, 1999). Dirigir los esfuerzos sobre aquellas actividades que fomenten la reflexión y el examen constante de nuestras acciones. Un contexto donde todas las sensibilidades vitales de las diferentes generaciones tengan cabida con actitud abierta, pero con sentido crítico. Fomentar la curiosidad de preguntarse el porqué de las cosas, de no permitir que aquello que se da por sabido no pueda ser cuestionado y de ser capaces de imaginar el futuro como un estado donde el hombre se presenta expiado de sus errores pasados.

La directividad del trabajo convertida en “la expresión de la autonomía personal”[5] posibilita a la persona imprimir su propio sello y facilita la expresión de todo su talento. La nueva complejidad exige una respuesta con una perspectiva de fondo que permita que todas las generaciones dirijan y operen a su nivel. Conseguir la inhesión entre los miembros de las diferentes generaciones desde una posición de liderazgo donde “la motivación, la jefatura y mando…busque un fin más alto: potenciar la voluntad del otro al unirla con otras voluntades” [6].

*Este artículo fue publicado originariamente en el blog de Empresa y Humanismo, de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra.

 

Referencias:

Llano, A. (2012) La Cultura de lo Nuevo, Nueva Revista. Available at: https://www.nuevarevista.net/destacados/la-cultura-de-lo-nuevo/ (Accessed: 1 June 2020).

Llano, A. and Llano, C. (1999) ‘Paradojas de la ética empresarial’, Revista empresa y humanismo, 1(1), pp. 69–89.

Llano Cifuentes, C. et al. (1990) La vertiente humana del trabajo en la empresa. Madrid: Ediciones RIALP, S.A. Available at: https://books.google.com.mx/books?id=EfAutT0ekwoC.

Llano Cifuentes, C. (2014) La amistad en la empresa. FCE – Fondo de Cultura Económica.

Stein, G. (2020) Un ‘grano de locura’ sin el cual es imposible vivir…, eldiario.es.

Strauss, W. and Howe, N. (1991) Generations, The History of America´s Future, 1684 to 2069. New York: William Morrow.

[1] Paradojas del destino, al escribir estas palabras escuchaba el Estudio no. 2 Op. 25 de Chopin que vendría bien a definir la angustia interior de la sociedad hoy ante la falta de respuestas. Como enjambres de abejas sin panal.

[2] “Momento Social” o “Social Moment” es un término acuñado por William Strauss y Neil Howe que describe una “era, que típicamente dura alrededor de una década, cuando la gente percibe que los eventos históricos están cambiando radicalmente su ambiente social” p. 71 (Strauss and Howe, 1991)

[3]  (Stein, 2020)

[4]  (Llano, 2012)

[5] p. 28 (Llano Cifuentes et al., 1990)

[6] p. 184 (Llano Cifuentes, 2014)

Sobre el autor

Francisco Villaplana

Ingeniero aeroespacial (Universidad de Missouri) y doctorando del Instituto de Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra. Centra su investigación en el impacto que tendrá la Generación Z en la gestión de personas y la cultura de las organizaciones.

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