Agenda para el crecimiento

Otra sociedad para otra economía

Escrito por Cecilia Díaz

Por naturaleza la Economía es un fenómeno social. Detrás del precio, por ejemplo, no hay sólo cantidades ofrecidas y demandadas de bienes y servicios sino, también, un circuito de relaciones humanas y de prácticas que se expresan en el mercado. Por eso la cultura, el modo habitual de hacer las cosas, los contextos relacionales, importan a la Economía, condicionándola. Señalaba con acierto el economista argentino Francisco Valsecchi (1938: 59):

“Si se considera que la actividad económica es la resultante de las acciones de los individuos entrelazadas entre sí para la satisfacción de las necesidades humanas, se comprende cómo ellas deban ser coordinadas de tal manera que formen un sistema. Este sistema económico nace, pues, en la sociedad y constituye su instrumento para adaptar racionalmente los limitados medios disponibles a los fines individuales y sociales”.

Lo social, coincide la CEPAL, “subyace a cualquier acción económica o política” (Bebbington, 2004)” (Arriagada et al, 2004:13). Así, la calidad y densidad del tejido social constituyen dos premisas relevantes al funcionamiento del orden económico. Y esto se debe a que es en el plano social donde se establecen vínculos e interrelaciones que determinan órdenes de exclusión-inclusión que luego se trasladan al campo económico (Arriagada et al, 2004:12). Robert Putnam advertía, hace ya más de 20 años, sobre la importancia de los contextos relacionales respecto a los diferenciales cualitativos de desarrollo. Conclusión a la que arribaba luego de haber observado y comparado el funcionamiento de 20 gobiernos regionales italianos de los años 70s. Afirmaba el sociólogo (Putnam, 1993:2):

“Como era de esperar, algunos de los nuevos gobiernos resultaron fracasos rotundos – ineficientes, letárgicos, y corruptos -. Otros, han tenido un éxito notable que se refleja, sobre todo, en la innovación: creación de programas de atención de día, centros de capacitación, promoción de la inversión y desarrollo económico, normas ambientales, y clínicas de familia”.

¿Cuáles habían sido a su criterio los factores que habían incidido en la producción de tales diferencias? Afirmaba (Putnam, 1993: 2-3):

“La organización gubernamental es demasiado similar de una región a otra para explicar los contrastes en el rendimiento. La política de partidos o de ideologías no tiene mucha diferencia. La riqueza y la prosperidad no tienen efecto directo. La estabilidad social, la armonía política o los movimientos de la población, no son la clave. Ninguno de estos factores se correlaciona con un buen gobierno tal como lo habíamos anticipado. En cambio, el mejor predicador es uno que podría haber esperado de Alexis de Tocqueville. Tradiciones fuertes, de compromiso cívico – número de votantes, de lectores de periódicos, la pertenencia a coros sociales, círculos literarios y clubes de futbol – son las características de una región exitosa.

Algunas regiones de Italia, como la Romagna y la Toscana tienen muchas organizaciones activas en la comunidad. Los ciudadanos de estas regiones están comprometidos con las cuestiones públicas y no por el clientelismo. (…) Los líderes de estas comunidades son honestos y comprometidos con la equidad. Las redes sociales y políticas se organizan horizontalmente, no jerárquicamente. Estas comunidades cívicas valoran la solidaridad, la participación ciudadana y la integridad. Y ahí la democracia funciona. En el otro polo están las regiones «incívicas», como la Calabria y Sicilia, caracterizadas por el término francés incivisme. El concepto mismo de ciudadanía allí se atrofia. La participación en asociaciones sociales y culturales es escasa. Desde el punto de vista de los habitantes, los asuntos públicos son asunto de otro – “i notabili”, » de los jefes «, » los políticos» -, pero no de ellos. Las leyes, casi todo el mundo está de acuerdo, están hechas para romperse (…). Atrapado en estos círculos viciosos entrelazados, casi todos se sienten impotentes, explotados e infelices. Es poco sorprendente que el gobierno aquí sea menos eficaz que en las comunidades más cívicas”.

Consciente del peligro de caer en visiones sobre-socializadas o sub-socializadas del mundo económico, resulta evidente, sin embargo, que en la práctica dicho orden se asienta y es a la vez condicionado no sólo por factores financieros, comerciales o políticos sino también, por la presencia de un activo relacional conocido bajo el nombre de capital social. El cual emerge de relaciones sociales que se diferencian de las mafias, el clientelismo y las redes de corrupción por sus atributos y formas institucionales (Durston, 2000). La copiosa bibliografía sobre el tema coincide en señalar en que a pesar de ser posible causante de exclusión y/o de restricción de la libertad, entre sus beneficios el capital social posee tres cualidades que lo distinguen especialmente: reduce costos de transacción; favorece la producción de bienes públicos (tales como la confianza); y es fuente de empoderamiento. Elinor Ostrom (1933-2012), primera mujer distinguida con el Nobel de Economía por sus investigaciones sobre el gobierno de los comunes, selecciona tres formas de capital social que considera relevantes a la promoción y solución efectiva de problemas de acción colectiva:

a) confianza y normas de reciprocidad

b) redes y participación civil

c) reglas e instituciones

Dentro de este marco conceptual general, el capital social comunitario refiere a atributos y a habilidades que posee una determinada comunidad para resolver problemas comunes y que se expresan o evidencian a través de instituciones de acción colectiva (Durston, 2000) (1). Las valiosas investigaciones realizadas por Ostrom comprueban que existen comunidades que se organizan para resolver problemas comunes de manera efectiva aún en situaciones complejas e inciertas en las cuales la posibilidad de no hacerlo es alta. ¿Cómo? Una de ellas es a través de la vigencia de normas de reciprocidad.

Comportamiento humano que refiere a relaciones sociales de cooperación que ocurren sólo entre aquellos que tienen una disposición similar. Motivación generosa que caracteriza al homo reciprocans y que subyace al inicio de procesos y de acuerdos en los cuales se comparte un concepto de justicia (existe equilibrio entre derechos y obligaciones con voluntad de castigar o aplicar sanciones a los infractores), y que resultan favorables al intercambio y provisión de bienes comunes (commons en idioma original).

Inicia procesos de cooperación e intercambio social (comportamiento que tiende a reducirse con el incremento de la distancia y la dificultad de comunicación).

  • Explica prácticas (working rules) y creación de organizaciones locales con personalidad jurídica (2)
  • Reduce costos de transacción, castiga a free riders, se compadece del sufrimiento ajeno, aunque no es incondicional ya que considera injusto aprovecharse de las contribuciones y esfuerzos de los demás
  • Permite la obtención de beneficios y producción de bienes comunes (bienes que se poseen, usan, transmiten y/o heredan en situación de comunidad).
  • Describe motivaciones y vínculos sociales que condicionan la economía (imbricación socio-cultural)
  • Introduce confianza (“voz”) al mercado dentro de un marco de libertad vigilada

Marco que, al contrario de lo que vaticinaban las principales teorías de acción colectiva en materia económica hasta Ostrom, indica que no siempre ni necesariamente lo común termina en la tragedia de la de la sobre-explotación o degradación (Hardin, 1968).

La urgencia de los modernos problemas económicos, sociales y ambientales justifican, a mi juicio, la atención al discurso de los comunes. Si no es así: ¿Habrá que reconocer que estamos fatalmente atrapados en tragedias de las cuales resulta imposible salir sin el auxilio de incentivos y/o de una autorida ccentral que se haga cargo del problema.

Sobre el autor

Cecilia Díaz

Lic. en Economía y Dra. en Sociología (UCA). Profesora de grado y postgrado de Ética en los Negocios, Economía Social y Sostenibilidad, Ciencias Económicas (UCA) y de Sociología Económica, Ciencias Sociales (UCA).

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