Enrique Shaw

Un Caballero del Santo Sepulcro de Jerusalén de camino hacia los altares

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Enrique Ernesto Shaw, padre de familia y empresario argentino

La Lugartenencia de Argentina cuenta hoy entre sus miembros más distinguidos con un siervo de Dios cuya causa de beatificación está abierta, Enrique Ernesto Shaw, un modelo de vida cristiana para todos los Caballeros de América Latina y del mundo.

 El papa Francisco ha accedido a la petición de la Iglesia argentina y ha reconocido las virtudes heroicas del siervo de Dios Enrique Ernesto Shaw, un laico, nacido en París el 26 de febrero de 1921, en el seno de una familia argentina, y fallecido en Buenos Aires el 27 de julio de 1962. El Santo Padre, durante la audiencia concedida al cardenal prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos el 24 de abril de 2021, ha autorizado a la Congregación que promulgue el decreto que le concierne.

¿Quién es Enrique Ernesto Shaw?

Un laico, casado y padre de nueve hijos. Su vida fue breve, pero rica en compromisos y responsabilidades; a los cuatro años perdió a su madre, una mujer católica, y su padre, agnóstico, dejó al pequeño Enrique al cuidado de sus tías maternas, que le enseñaron el sentido de la grandeza moral, civil y social a la que estaba llamado un católico.

De 1931 a 1935 fue alumno del Colegio de La Salle, donde recibió una muy buena formación religiosa, obteniendo al mismo tiempo excelentes resultados escolares.

En 1936, ingresó en la Academia Naval de Río Santiago, cerca de La Plata, obteniendo el grado de alférez y luego el de teniente de fragata. En 1943 se casó con Cecilia Ana María Luisa Bunge, con la que tuvo una profunda comunión afectiva y espiritual. Muy pronto demostró grandes cualidades como dirigente industrial y fue un atento promotor de la doctrina social de la Iglesia, profundamente comprometido con la defensa de los derechos de los trabajadores, especialmente el salario y las prestaciones familiares, amenazando incluso con renunciar al cargo de presidente y director general de la gran industria «Rigolleau», una famosa fábrica de cristales, que pertenecía a la élite económica de la Argentina de la época.

Sus brillantes cualidades humanas y cristianas también fueron apreciadas por el Episcopado argentino, que lo eligió presidente de los Hombres de Acción Católica. En su juventud, había sido un activo colaborador en su parroquia, y más tarde fue Delegado Económico y Social del Consejo Arquidiocesano de Hombres de Buenos Aires y luego vicepresidente de la misma organización. Había participado en el nacimiento de la universidad católica argentina, de la que fue tesorero; fue un valioso presidente de la Asociación Católica de Dirigentes de empresa; y, por último, fue miembro del Club Serra, la organización destinada a fomentar las vocaciones apostólicas, y terciario franciscano.

En 1958 se le diagnosticó un melanoma maligno; a pesar de ello, no abandonó sus responsabilidades familiares ni sus compromisos profesionales y sociales. Ese mismo año, el 5 de diciembre, el P. Martinengo O.F.M., Comisario Nacional de la Tercera Orden de San Francisco, lo propuso al Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro, Card. Nicola Canali, para ser nombrado Caballero, considerándolo «una persona verdaderamente digna y merecedora del gran honor al que aspira, por lo que estoy deseoso de apoyar la acogida favorable de la presente solicitud» (Carta del 5 de diciembre de 1958).

En una lista fechada el 11 de febrero de 1959, el Administrador Apostólico de Buenos Aires lo recomendó de buen grado a la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén; la solicitud que fue renovada nuevamente el 20 de agosto de 1961 por el Rector de la Tercera Orden, Fray Bernardino Santini, O.F.M.

El 14 de junio de 1961, el párroco de la Basílica del Pilar, P. Juan Di Falco, escribió: «El Sr. Enrique Shaw pertenece a esta parroquia, participa en ella con constancia y edificación (… es) ejemplar (y.…) merece la más alta consideración como caballero y cristiano».

Su nombramiento vino acompañado de un diploma del Card. Eugene Tisserant el 17 de julio de 1962, y la noticia le fue anunciada inmediatamente, pero su vida terrestre estaba llegando a su fin.

El Siervo de Dios murió el 27 de agosto de 1962, mientras en Roma estaban en plena preparación del Concilio Vaticano II, que fue un precursor en lo que concierne al papel de los laicos en la Iglesia.

El 30 de agosto de 1962, el ingeniero Álvaro Manfredi comunicó desde Buenos Aires: «Nos entristece el prematuro fallecimiento del Caballero Enrique E. Shaw, una pérdida irreparable, pero un santo más en el cielo.

Agradeció mucho el nombramiento que le había dado casi in articulo mortis».

El Vicario General de Buenos Aires recordó entonces con tristeza: «El señor Enrique Shaw (…) era sumamente digno de tal distinción».

Al conocer la triste noticia desde Roma, se dijo que era «reconfortante saber que antes de fallecer tuvo la satisfacción de ser admitido en la Orden».

El papa Francisco, que cuando era arzobispo alentó la apertura de la causa canónica, aprueba ahora las virtudes heroicas de Enrique E. Shaw como primer paso en el camino hacia los altares.

Como Caballeros y Damas del Santo Sepulcro, nos alegramos mucho de que la Iglesia haya reconocido las grandes virtudes de nuestro hermano, que sigue las huellas del Beato Bartolo Longo, y me complace especialmente ponerlo en conocimiento general de nuestra Orden, como cofrade que nos deja a nosotros y a la Iglesia un ejemplo luminoso de virtudes cristianas.

Sobre el autor

Cardenal Fernando Filoni

Gran Maestre Orden Ecuestre del Santo Sepulcro

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