Enrique Shaw Los 100 gestos de Enrique Shaw

X entrega: Presencia de Dios en 100 gestos de Enrique Shaw

Camino del atardecer

Vamos llegando hacia el final del desarrollo de los 100 gestos de Enrique Shaw, en los que Dios se hizo presente en su vida cotidiana. En esta entrega, las autoras desarrollan momentos dentro de «su piedad». Para leer la publicación anterior, hacer clic acá. La última entrega ya se encuentra disponible haciendo clic acá.

 

85) En su Fe

Su esposa decía que Enrique tenía mucha fe, pero ella no tanto[1].

86) En su coherencia

Vivía lo que creía y creía en lo que vivía, había coherencia entre sus dichos y sus hechos[2]

87) En su sencillez

“Recuerdo que en todos los recreos hacía una visita a la capilla a rezar, el pasaba también por la capilla, cada uno naturalmente, sin fijarse en los demás ni llamar la atención[3].

Cuando Shaw dejó la Marina para entrar en Rigolleau, vino a trabajar en la sección fabricación automática, estuvo metido dentro de las máquinas como un mecánico más. Lo grande de Shaw es la parte humana y sencilla[4].

Antes que nada quisiera recalcar su gran normalidad: le gustaban cosas normales, hablaba con normalidad de todo, no es que estuviera hablando continuamente de cosas serias. Sin embargo, recuerdo que yo notaba una diferencia entre él y otras personas mayores, que ahora discierno, era ausencia de toda superficialidad[5].

88) En el cariño que despertaba en el otro

“¿Cómo Enrique pudo despertar un afecto tan duradero? Fue impactante comprobar que, durante tantos años, tantos lo recordaban con cariño y admiración”[6]. Por ello cuando necesitó sangre para transfusiones más de 260 obreros fueron a donarla para su jefe y los colaboradores y sus hijos participan de los actos que conmemoran su persona.

89) En su agradecimiento constante

Se propuso agradecer a Dios siempre en general y luego de cada gracia o motivo particular de alegría recibido en su programa de vida.

A los veintidós años Enrique quería agradecer su unión con su novia Cecilia así: “¡qué unión! ¡qué alegría!, Gushita queridisisísima y Chiquitita mía! Gracias a Dios. Pero “gracias” de veras: ¿cómo dárselas? ¿Cómo retribuir tanta alegría? Se me presentaron dos modos de acción: 1) Darle o hacerle dar mayor gloria; 2) esparcir esa alegría entre los demás mortales. Y casi simultáneamente una contestación que resuelve ampliamente ambas preguntas: “hacer apostolado” es decir “dar a Dios a las almas” que es lo mismo que hacer que vivan en gracia.  O como dijo Pío XI agradezcamos tanta paz, tanta alegría, “comunicando la vida sobrenatural, que circula en las arterias del Cuerpo Místico, a quienes no la poseen, o la poseen escasamente, o sólo aparentemente la poseen[7].

90) En su reconocimiento y defensa de la dignidad de los más vulnerables.

Jesús vive en la Eucaristía y en los pobres. Es dogma de fe[8].

Escribió: «Debemos crear trabajo… y cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados«[9]. Quería que todos los empleados de la fábrica tengan su casa y auto[10].

“Explicaba que, si un empresario vendía su empresa para repartir todo a los pobres, fallaba a su misión de empresario, que era trabajar para cuidar esa fuente de trabajo clave para que muchos tengan una vida digna y estable.
Le gustaba repetir que somos administradores de los bienes que están bajo nuestra responsabilidad. Le encantaba la parábola de los talentos y su enseñanza: hay que hacer rendir lo que tenemos en nuestras manos, no sólo en nuestro beneficio sino para la sociedad. El desprendimiento consiste en saber usar los bienes sin apegarse a ellos, considerándolos medios y no fines en sí mismos.
¡Vivía el desprendimiento sin miedo! Para él la única riqueza genuina era atesorar en el Cielo” (testimonio de una de sus hijas)[11].

El hacía cosas sin mirar la condición humana de cada uno. Por ejemplo, ayudaba a terminar la casa a alguno, a pagar sus cuotas. Ayudó a muchos obreros. Hizo muchos favores. Yo lo sé porque ellos mismos lo contaban. El conversaba con los obreros, los demás, no” (testimonio de Nelly Natalia Dominguez)[12].

Las últimas palabras antes de morir fueron para rechazar el agua que le ofreció la enfermera para que tome, ofreciéndolo por quienes no tienen agua corriente en sus casas[13].

[1] Comunicación personal Sara Shaw de Critto.

[2] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, introducción.

[3] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, pág. 14.

[4] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, pág. 104. Y otro testimonio concordante en la pág. 105: Era la mejor fábrica, había conflictos como en todos lados, pero se arreglaban en seguida. Me acuerdo muy bien cuando lo conocí. Estábamos reunidos nosotros los mecánicos al costado del horno 2, estábamos por empezar a trabajar. Viene un señor muy sencillito, con un overall amarillo, un mameluco todo entero. Se paró a conversar con nosotros, se nos puso a la par y empezó a preguntar amigablemente: ¿Cómo están ustedes, cómo se encuentran? Me gustó y me impresionó que quisiera averiguar como estábamos, me extrañó porque venía con un overall amarillo y que viniera a preguntar. Los directores venían de traje y corbata” (Domingo Evangelista).

 

Referencias

[5] Viviendo con alegría página 64

[6] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, introducción.

[7] Carta de Enrique Shaw del 4-1-44.

[8] Shaw, Enrique Carpeta 4 AyBEES caja 128.

[9] Notas y apuntes personales de E. Shaw recopiladas por Critto, Adolfo.

[10] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, testimonio Máximo Bunge.

[11] Viviendo con Alegría, Sara Shaw de Critto, Ed. Claretiana, págs. 64 y 65.

[12] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 104

[13] Comunicación personal a Sara Shaw de Critto en 1962.

Sobre el autor

Sara Critto y Virna Bergoglio

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