Valores

El valor sanador de las palabras

Escrito por Carlos Barrio
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Al principio existía la Palabra,

… en ella estaba la vida”
(Jn. 1,)

Todo comunica, y como dice Watzlawick “no es posible no comunicarse. … toda comunicación implica un compromiso y, por ende, define la relación. Esta es otra forma de decir que una comunicación no sólo transmite información, sino que, al mismo tiempo, impone conductas.”

Nuestras palabras, lo que decimos y callamos generan distintos estados de ánimos en nosotros y los demás, al igual que nuestras miradas y gestos, los tonos de voz que utilizamos, lo que hacemos y evitamos.

Viene al caso un ejemplo, en el cual distintas palabras afectaron la forma como reaccionaron las personas. El médico español Mario Alonso Puig, comenta en un reciente reportaje, que los médicos griegos descubrieron que en la conexión con los enfermos la palabra podía tener una capacidad sanadora, dado que producen un impacto energético en el cuerpo y de esta forma, pueden provocar un efecto negativo o positivo.

Cuenta Puig que en un hospital de Boston se hizo un experimento con un grupo de voluntarios. Los invitaron a ingresar a una habitación y les proyectaron palabras negativas: oscuridad, dolor, dificultad, problema, imposibilidad. Luego se les sacó sangre para estudiar el efecto que podría haber tenido estas palabras negativas en sus hormonas. Seguidamente se cambiaron las palabras proyectadas por otras positivas como: solución, alegría, felicidad, y se les volvió a sacar sangre y se observaron en las dos muestras una diferencia muy notable en las hormonas que estaban presentes. En la primera muestra había una gran cantidad de cortisol, es decir de hormonas del miedo, que cuando se liberan por mecanismos emocionales son muy dañinas. Contrariamente, cuando se analizó la sangre de la segunda muestra, ese cortisol había descendido a valores normales. 

Las palabras tienen un gran impacto y, por lo tanto, si una palabra es capaz de cambiar un sentimiento o producir una emoción, también puede modificar procesos fisiológicos en el cuerpo. 

Señala Puig que cuando un paciente llegaba al quirófano, él no le recibía con la mascarilla, sino que estaba afuera con su traje y el gorro médico. De esta forma lo podía reconocer, y le decía: “tranquilo que esto va a ir bien, confíe.” Estas palabras, unidas a su actitud, hacía que la persona se relacionara de una manera positiva y tranquila. 

En el mundo de las organizaciones las palabras tienen una gran relevancia y pueden generar un aumento o disminución del cortisol de las personas en virtud de las conversaciones posibles o censuradas, produciendo los mismos efectos que los ocurridos en el ejercicio realizado en el hospital de Boston. Lo notable es que estas palabras pueden producir un efecto en la productividad de estas personas, afectando los resultados económicos.

Es bueno tomar consciencia de lo que señala Fernando Flores que “las organizaciones son sistemas conversacionales, son redes dinámicas de conversación” . En estos sistemas conversacionales hay temas que se alientan a conversar y otros que se evitan, censuran o desvalorizan. 

Me pregunto, ¿cuáles son las palabras que la organización en la que trabajo utiliza para sintetizar su propia actividad? ¿Cómo me resuenan? ¿Me motivan o retraen?

¿Qué conversaciones son las más habituales que se llevan a cabo? ¿De qué se puede conversar y qué cuestiones se evitan o censuran? ¿Me siento incluido en estas conversaciones?

¿Qué generan en mí estas conversaciones, esta metacomunicación que se expresa a través de lo que se habilita a hablar, se ignora o censura? 

En este sentido, el desarrollo de la cultura del feedback en las empresas es de por sí toda una definición de la vocación comunicativa y se ha transformado en un hábito positivo que se va imponiendo, fomentando la integración y el trabajo en equipo. 

Tenemos necesidad de saber cómo se percibe nuestro trabajo en la empresa. 

La forma cómo damos y recibimos este feedback, las palabras que utilizamos y cómo lo decimos, puede generar un incremento de la endorfina como hormona positiva, como, por el contrario, puede provocar un incremento las hormonas del stress -el cortisol-. Podemos animar, motivar o alentar a alguien, o por el contrario desanimar, desmotivar o desalentar.

¿Cómo afectan el trabajo en equipo y los resultados económicos de la empresa una buena comunicación? 

¿Soy consciente del efecto que generan mis palabras en los demás? ¿Aumentan las hormonas positivas, o, por el contrario, incrementan el cortisol? 

¿Qué me provocan las palabras que recibo, me animan y entusiasman o entristecen o desalientan?

Me quedo meditando el pasaje del Evangelio en el que los discípulos de Emaús decían entre ellos de Jesús “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?

¿Qué provocó este “ardor del corazón” entre los discípulos? 

¿Podré hacer que las palabras del Evangelio ardan en mi corazón y me lleven a aumentar mis hormonas positivas y las contagie a quienes me rodean?

Sobre el autor

Carlos Barrio

Abogado (UBA) con una extensa carrera en el sector legal de multinacionales. Coach Profesional (Certificación internacional en el Instituto de Estudios Integrales). Posee posgrados en Harvard y UBA.

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