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Adiós al señor Director

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Enrique del Carril (1947-2026) In memoriam

Mucho de lo que se escribirá sobre Enrique del Carril, fallecido ayer jueves 12 de marzo, girará alrededor de sus múltiples facetas que supo cultivar. No sólo por su innata curiosidad e inclinación sobre cuestiones que iban más allá de su profesión (era abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina y llegó a ser presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires -2006-2010-), sino que era un agudo observador de la actualidad y un gran lector para bucear paralelismos con los comportamientos.

Tanto que fue un ávido colaborador de la revista Empresa y fue su primer director cuando la versión impresa migró al espacio virtual. Convencido de la importancia de compartir ideas y convicciones para su discusión pública, no dejó de publicar columnas y notas editoriales para fijar su posición personal o conversar con el resto del equipo los fundamentos de su próxima editorial.

Como autor, publicó, además innumerable cantidad de columnas en medios de alcance nacional y también los orientados a los profesionales del Derecho. En particular, como dejó en claro al ser parte del grupo fundador de FORES, asignaba al buen funcionamiento de la Justicia un pilar fundamental para el despliegue de las virtudes republicanas. Pero no se aislaba en un principismo inoperante. En una columna referida al peligro de la búsqueda de la perfección en materia política como una fuente de parálisis estéril, decía en “Nuevamente el partido de los justos”, que “el partido de los puros solo servirá para dividirnos y desencadenará una situación de violencia cuyo resultado final será acentuar la división de los argentinos”. Esa grieta que se profundiza a medida que unos y otros ven rédito en la simplificación de la realidad, encumbrando el eslogan y el ideologismo como la verdad revelada.

Tanto que, se propuso volcar estas inquietudes a través de un ensayo histórico, otra de sus grandes pasiones en el libro “El País de los Cátaros” (Ediciones Dunken, Buenos Aires, 2017). Se trata sobre la herejía cátara (albigense), su origen, su desarrollo y sus manifestaciones en el mundo de hoy. Relata la cruzada contra los albigenses y reflexiona sobre los efectos de la filosofía cátara en el mundo. “Tengo cinco hijos y planté árboles con diversa suerte y ‘El país de los Cátaros’ fue la realización de un sueño de mi niñez cuando jugaba a ser un caballero medieval. A su vez fue un camino seguro en la afirmación de mi fe y del misterio que la sustenta como la religión verdadera”, explicaba en una serie de notas que este portal realiza a los socios escritores, que felizmente son muchos.

Su preocupación, comentada luego, es la del avance del populismo en todas sus formas, pero que se alimenta de una visión que inspira una forma de hacer política contemporánea. “A esta visión, enmarcada en la conquista del poder, cultora del corto plazo y del atajo, le conviene los fanatismos y la creación de enemigos irreconciliables que hay que eliminar”, reflexionaba.

Su legado es el del diálogo permanente, su preocupación es el de logar el bien común a través de acuerdos y la adhesión a los pilares republicanos. El derecho, para él, fue un camino indispensable, pero no el único. Por eso convivió con legos en esta redacción, pero que compartíamos una misma pasión basadas también en los pilares del humanismo cristiano, que nos impulsa a dialogar, leer y compartir, escribiendo y debatiendo. Querido Enrique, muchas gracias por tu compromiso y tu escucha atenta. Descansa en paz, tu siembra fue abundante y esperamos que la cosecha sea abundante.

Sobre el autor

Tristán Rodríguez Loredo

Licenciado en Economía (UCA), Magister en Gestión de Empresas de Comunicación (U. de Navarra) y en Sociologa (UCA). Editor de Economía y columnista en Editorial Perfil.

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