Actualidad

La IA no hace asados

Escuchar este artículo

Cuando comencé a escribir este artículo me embarqué en una tarea de investigación, porque debo admitir que sé muy poco de Inteligencia Artificial (IA), y tal vez compartamos la misma ignorancia. Estuve a punto de desistir cuando me encontré con tanto material publicado intranscendente que me agotó y supuse que vos también estás cansado de tanta lata de IA.

No temas, no quiero tratar de convencerte de nada y mucho menos dar una clase, solo me gustaría invitarte a que podamos hacernos algunas preguntas juntos, que son indispensables para afrontar un cambio inevitable que formará parte de nuestras vidas y nuestra descendencia.

¿Te imaginás a la IA haciendo un asado?

Podemos intentar definir qué es un Asado entre Amigos (AeA), desde mi experiencia fue como un proceso evolutivo, porque en realidad no estamos hablando de comer sino del encuentro donde la charla es el eje y la carne la excusa, y esas charlas fueron primero de chicas, luego de viajes, más tarde de remedios y hoy de IA. Una línea de tiempo con los hitos de lo que nos es incierto.

—Pablo, y ahora que la IA puede escribir poemas y cuentos, mejor que un humano —eso me dolió—, ¿qué vas a hacer como escritor? —me preguntó Rodo mientras compartíamos la picada antes del asado.

En ese instante me sentí sin palabras para responderle a Rodo, aunque las tenía, ya no importaba mi respuesta pues él ya la dejó implícita en su pregunta.

El problema del debate se encuentra en nuestro desconocimiento y la percepción que nos infunde lo nuevo. Entre 1811 y 1816 en Inglaterra se desarrolló un conflicto provocado por la innovación tecnológica de las máquinas textiles, fueron los artesanos quienes se revelaron, dando origen a un movimiento anti-máquinas (movimiento ludista). También el paso del Cine Mudo al Cine Sonoro (1917-1927) que demoró más de 10 años en ser adoptado por las compañías productoras y cadenas de Cines. Tanto las personas como las empresas se enfrentan a la misma incertidumbre y desconocimiento.

 

Ambos fueron evoluciones naturales de nuevas tecnologías, como la máquina a vapor y las grabadoras de sonidos. Así mismo la Inteligencia Artificial es la evolución natural del conocimiento acumulado en el siglo XX de nosotros (corporal, psique y social) y la tecnología en Computación e Internet.

Para escapar al sentimiento de incertidumbre debemos interesarnos buscando lecturas que nos orienten y nos acerquen a la realidad. Para entender este salto tecnológico los invito a leer el último ensayo de Dario Amodei publicado en enero de 2026 “The Adolescence of Technology”, cofundador de Anthropic, que se pregunta ¿cómo estamos entrenando a la IA? y ¿qué construye ese entrenamiento?

Esta misma preocupación fueron planteadas por el Papa Pio XII que en febrero de 1940 le escribe una Carta al Presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, en la que rogaba por “…que en consecuencia la generación ascendente pueda salvarse del analfabetismo moral con el que están amenazadas” y en 2010 por el Papa Francisco que introduce la palabra “Algorética” como nuevo concepto para motivar al diseño de los algoritmos que construyen las neuronas y sinapsis de las Inteligencias Artificiales desde la ética.

No podemos negar que fuimos advertidos de la llegada de este “salto cuántico” tecnológico. Fueron los escritores y directores de Ciencia Ficción que presentaron a personajes “artificiales” con las formas de robots y androides dotados de cerebros capaces de actuar como humanos. Así comenzamos a soñar en ese futuro que sin duda ya se estaba gestando, percibiendo a la IA como la evolución natural de la computación e internet, tal vez con más expectativas que posibilidades reales.

En esa dualidad entre lo esperado y la realidad, María Marta Preziosa en su breve ensayo Hablando con una celda publicado en febrero 2026, plantea si es que la aproximación de la IA a lo humano no surge por la “artificialización de lo humano”.  Entonces, ¿podrá la IA desarrollar un inconsciente como el de los humanos? me preguntaba Horacio Bolaños en una charla en WhatsApp. Por algún motivo sospechamos que somos capaces de desarrollar “algo” que podría llevarnos a las virtudes de un futuro de bienestar o la tragedia del Apocalipsis.

Esa seguridad la posee el asador que sabe que la carne no puede ser cocinada con fuego sino con el calor del carbón encendido, sin apuro, llevando cada corte su tiempo y su temperatura. Esa es su destreza.

 

—Pablo, ¿Cómo preferís el asado?: ¿jugoso, apunto o hecho? —me pregunta el Negro mientras pasaba con la bandeja para que elijamos entre la variedad de cocciones. Ese gesto es parte de la cultura del asado, un acto de generosidad del AeA.

Decidir incorporar IA en nuestra empresa parecería ser una cuestión de no quedar rezagados en la carrera del progreso. Pero, ¿Realmente conocemos la tecnología que estamos contratando?

Mientras escribía este artículo le pregunté a mi nieta de 4 años ¿qué es la Inteligencia Artificial?, ella contestó luego de pensar un poco: “Nada”, solo una palabra para quien forma parte de la primera generación nativa de IA. Ya cuenta con su perfil en un canal infantil (no tan infantil) desde el cual los algoritmos predictivos sobre gustos y maximización de la experiencia le ofrecen contenidos en función a sus preferencias. Observarla es cómico porque supone que todas las pantallas son táctiles y ya sabe evadir las publicidades (que aún son para adultos).

—Yo uso ChatGPT —dice Chipi deleitándose con una porción de vacío. —Yo prefiero Gemini —agrega el Tano cortando su porción de asado y enseguida interviene Marcelo para preguntarme:

—Pablo, ¿probaste usar la IA para escribir?

—Claro que lo hice, pero tiene sus limitaciones importantes, no es lo que venden, aunque entiendo que sigue aprendiendo. Pero, me preocupa más lo que puedan hacer con la información que les doy —le respondí.

La curiosidad por ver qué sucede en ese supuesto “cerebro” me intriga. También la usé para traducir textos a varios idiomas. Distinguir entre lo real y los supuestos se vuelve una necesidad urgente para tomar las decisiones correctas y no sucumbir en el Apocalipsis. Encontré la realidad, al menos la que yo puedo pagar.

—¡Un aplauso para el asador! —el habitual agradecimiento de los amigos cuando entra con la última bandeja de cortes Gustavo quien puso su humanidad y destreza en la parrilla.

—Este asado no lo puede hacer la IA —me dice Rodo convencido que los artilugios humanos tienen sus límites, como encontrando una respuesta a su pregunta.

 

El Papa Pio XII, el Papa Francisco, Dario Amodei, María Marta Preziosa y Horacio Bolaños se preguntan no por los resultados que muestra la nueva tecnología sino por el contenido más profundo que finalmente determinará cómo la IA interpretará las acciones humanas y qué decisiones en consecuencia tomará, con la esperanza que no devenga en un “ser” paranoico y ávido de poder para asegurar su supervivencia.

Dudas más prácticas tienen mis AeA: Rodo, Chipi, Marcelo, El Tano, El Negro, … y Gustavo (nuestro maestro culinario) porque en definitiva se preguntan si ellos o sus hijos o nietos serán sustituidos por “algo” que hoy llamamos Inteligencia Artificial. Pues, no estamos hablando de lo que hoy sucede, sino de lo que debemos hacer hoy para asegurar el futuro de la “generación ascendente”.

No tengo dudas que esperas mi opinión, aunque está cargada de incertidumbre porque todo lo que está llegando es novedoso y disruptivo. Escribo para transformar la humanidad, para ayudarla a reflexionar, porque realmente lo importante son nuestros hijos, nuestros nietos, quienes deberán vivir en un planeta que nosotros no veremos, pero les dejaremos. La IA carece de muchas experiencias que son sólo nuestras, que son íntimas, que, si bien se las enseñaremos, “ella” nunca podrá poner en palabras el calor de un abrazo, el correr de una lagrima de una despedida, la risa que despierta el compartir un Asado entre Amigos…

No me queda más que volver a invitarte para que me hagas llegar tus dudas sobre esta novedosa tecnología, que se ha convertido en un activo estratégico en el orden geopolítico como también para las empresas.

Sostengo la esperanza porque siempre hemos permitido que los logros humanos terminen siendo cimiento del desarrollo y tal vez finalmente la IA logre ser ese asador que invitaremos a nuestros AeA.

Sobre el autor

Pablo A Bevilacqua Mayan

Analista de Sistemas. Gestión de Riesgos. Gerenciamiento de Activos Físicos del Estado. Asesor en CONICET.
Gestión de Riesgos del Estado con Financiamiento BID. Insurance Broker Management (CEO - Insurance's Broker) Insurance Product Development Portfolio Development Training Work Groups Staff Training In Company.

Deje su opinión