En la Pascua celebramos la intervención de Dios en nuestra historia. Nuestra vida, a la que el pecado llena de dolor y termina por colocarle una etiqueta con su fecha de caducidad, ve abrirse una puerta hacia la eternidad en Jesús Resucitado. Esta novedad no solo genera una mera extensión de tiempo, sino que además pone a nuestro alcance una plenitud que antes nos era inaccesible. La Pascua es la Buena Noticia del futuro encuentro con Aquel que es la fuente de la Paz, la Comunión y el Amor que nuestros corazones tanto anhelan.
Todo es posible gracias a Jesucristo. Él dio su vida por nosotros, para luego recuperarla en su victoria sobre la muerte y el mal como Hijo único de Dios. Alegrarnos por su triunfo no implica sólo remitirnos a lo acontecido en el pasado, sino que nos llama a reconocer que esto también se realiza en nuestro hoy concreto. Ante cada realidad de violencia, de desencuentro, de odio, podemos hacer experiencia de la acción renovadora del Espíritu Santo que todo lo transforma. Él nos anima a convertir el corazón para abrirnos a su obra y nos asegura que todo terminará bien si nos confiamos a su voluntad y a sus caminos.
Pido a Dios que cada uno de ustedes, en lo personal, familiar y laboral, reciban en estos días el mismo anuncio dado por los ángeles en la mañana del domingo de Pascua: “¡Jesús ha resucitado!”. Ruego que animados por esta noticia puedan comprender que no encontrarán la felicidad en lugares de muerte, porque ella sólo habita donde el Señor Resucitado está presente. Deseo que puedan llenarse de alegría al reconocer que está vivo entre ustedes allí donde liderando sus empresas hacen de nuestro mundo un lugar mejor y más digno para cada persona y para toda la sociedad. Donde hacemos posible lo bueno, allí Jesús está resucitando. ¡Muy feliz Pascua de Resurrección y que Dios los bendiga con su don de Vida Nueva!
