Socios y escritores

Mirar a través de Cristo: Por qué escribí este libro

Escrito por Francisco del Campo
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Mirar a través de Cristo. Herramientas de coaching aplicadas a la vida de fe. 

Este es el título del libro que publiqué hace algunos años, que vengo gestando desde hace más de 10 años. ¿Qué me llevó a escribir? En gran parte, vencer algunas cosas personales, que pueden parecer virtud, pero no lo son tanto. Siempre fui muy tímido y reservado. Ese anhelo de desaparecer y estar “más invisible” me ha preservado de muchos males, en un mundo cada vez más verborrágico y expuesto. Me ha ayudado a conservar mi espiritualidad. Pero, al mismo tiempo, también hay un riesgo espiritual en el excesivo ocultamiento. Hay algo de la cizaña de no exponerse, porque el que escribe, se expone: a la crítica, al rechazo. Jesús tuvo su vida oculta, pero también salió. Y no siempre fue bien recibido. Si a Jesús le ocurrió esto -y el siervo no es más grande que su Señor, según Jn 15, 20- entonces no podía seguir tomando como virtud el guardarme algo que, según entiendo, puede hacer mucho bien a otros. 

Por otra parte, al escribir, todo libro trasciende a su autor, sigue su curso propio, y obra en los lectores de manera insospechada, que excede al autor y su intención. Y creo que, en esto, debemos dejar que obre el Espíritu Santo, que es quien hace crecer en el corazón aquello que sea conforme a la voluntad de Dios. 

La historia detrás del libro

El libro es un curso, un itinerario de formación -aún no acabado-, y que, a partir de un ida y vuelta con los participantes del curso, se fue enriqueciendo con el aporte de muchos. 

En el fondo, qué me llevó a hacer CLIC, este Curso de Liderazgo Cristiano. En primer lugar, me movilizó la experiencia de muchos amigos de la parroquia. Compartí con ellos muchas misiones y actividades. pero, en muchos casos, me encontré con que esos mismos amigos, al entrar a trabajar en alguna empresa, en “el mundo adulto”, lo vivido y aprendido en la vida parroquial parecía no darle respuestas suficientes para los desafíos con los que se encontraban ahora en el mundo laboral. 

Por ese entonces, yo trabajaba en un colegio parroquial en el área Pastoral del colegio, y me pasaba algo similar con los egresados del colegio: vivía una experiencia muy linda y enriquecedora durante los años escolares, pero llegaban a la UBA o tenían una experiencia laboral, y eso los llevaba a desechar con mucha facilidad tantos años donde había experimentado de manera genuina un encuentro con Cristo. 

“¿Qué pasa?” -me preguntaba- que de manera tan “fácil” salimos de la parroquia o del colegio, y al meternos en la vida laboral el mundo nos come y adoptamos sus criterios. ¿Cómo puede ser que el Evangelio solamente dé respuestas en la vida parroquial o escolar? O el Evangelio no tiene nada que aportar al mundo corporativo, o somos nosotros quienes no estamos sabiendo encontrarlo ahí. 

Inclinado por la segunda hipótesis, no podría ni quería quedarme de brazos cruzados. Salí a buscar esa presencia de Dios allí donde otros me repetían que “las cosas de Dios son parte del pasado”. Ni siquiera me animo a afirmar que fue el celo apostólico el que me llevó a esta búsqueda. Diría más bien que una cuota de terquedad, otro poco de miedo a pensar que la única manera de seguir cerca de Jesús era refugiarme en la parroquia o la Pastoral del colegio. Creo que habrá sido un poco de todo. 

Así, me introduje en el mundo del Coaching, con la intención de meterme en la “jungla corporativa”, para acompañar a otros a que se piensen, a que tengan un espacio de reflexión, algo de vida espiritual que permita humanizar un ámbito que, por lo que oía, se presentaba como un contexto alienante. 

Conocí, entonces, el Coaching: primero como alumno, luego como mentor, y posteriormente como instructor de la carrera. Ya desde las primeras clases fui cambiando mi mirada: si bien el Coaching representaba una puerta de entrada más directa al mundo de la empresa, rápidamente se convirtió en un espacio de diálogo con nuestra fe. Las herramientas para cambiar la mirada y acompañar a otros se fueron convirtiendo en una oportunidad para encontrar medios herramentales que me ayudaron a poner en práctica mi vida de fe. Y así como lo experimenté en mí, lo vi conveniente para compartirlo con otros. Hoy en día, por ejemplo, la escucha no es solamente un valor evangélico, sino que son muchas herramientas y conceptos que puedo poner en práctica con mayor eficacia gracias a las herramientas del Coaching. Así como la Filosofía -mi profesión de base- fue ocasión para que expresemos verdades de nuestra fe, el Coaching es hoy un herramental valioso para la praxis de la fe. CLIC tiene, además, un valor agregado enorme: constituye un itinerario formativo que es, simultáneamente, espiritual y profesional. Tiene esta dimensión de fe y pragmatismo que ayuda a llevar la fe creída y celebrada al ámbito laboral. 

Hoy CLIC es un espacio donde cada encuentro voy redescubriendo aspectos nuevos de Dios, me ha ido fortaleciendo en mi relación con Él. Lo vivo como una gracia. Y a eso se le suma la gracia de saber que ha hecho tanto bien a otros. ¡Qué grande y humilde es Dios, que se sirve de un pecador para hacer el bien a otros! Uno de los regalos más grandes que experimento es cuando encuentro a personas que me agradecen por el libro, que me comentan que empezaron a leerlo de nuevo, o incluso – ¡gloria a Dios! – han empezado a leer la Sagrada Escritura gracias al libro. 

Sobre el autor

Francisco del Campo

Lic. en Filosofía (UNSTA) y Coach PCC (International Coach Federation). Consultor independiente, profesor de Teología en la Univ. Austral. Fundador de CLIC (Curso de Liderazgo Cristiano. Herramientas de Coaching aplicadas a la vida de fe).

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