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San José Obrero: el valor de las manos que hacen y de las almas que esperan

saint Joseph and Jesus together
Escrito por Gastón Marón
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San José Hoy es 1 de mayo, Día del Trabajador. Antes que cualquier otra cosa: feliz día a vos, querido, querida colega, que sostenés con tu oficio una casa, una vocación y una parte del mundo.

La Iglesia Católica celebra hoy a San José Obrero, patrono de los trabajadores. Esposo de María, padre adoptivo de Jesús, carpintero (y probablemente también albañil) sostuvo a la Sagrada Familia con sus manos. En 1955, el Papa Pío XII instituyó esta fiesta en la Plaza de San Pedro para que coincidiera con el Día Internacional de los Trabajadores. No fue una casualidad: fue una forma de recordar que el trabajo no es solamente producción, sino dignidad.

Décadas más tarde, San Juan Pablo II, en Laborem exercens, lo dijo con otra hondura: el trabajo no solo transforma la naturaleza, transforma al que trabaja. Es ahí donde la persona se realiza. Donde aprende a perseverar, a servir y a entregar algo que no estaba antes. Donde el carácter se forma a fuerza de horas, de errores y de oficio.

Por eso San José es modelo. No por épico, sino por su fidelidad constante. No por exitoso, sino por íntegro. Hizo lo que tenía que hacer, día tras día, sin buscar el titular ni el aplauso. En ese hacer cotidiano, le dio un sentido trascendente a la vida.

Hasta acá, el día tiene sus dueños claros: los que tienen trabajo. Pero quiero detenerme un momento porque hay otra fila de personas a las que también quiero saludar hoy: los que están buscando trabajo.

Buscar trabajo también es un trabajo

Es, de hecho, de los más exigentes que existen. Es una labor sin oficina, sin sueldo, sin equipo y, muchas veces, sin horario, pero tiene jornada completa. Sus tareas son concretas: revisar el CV una vez más, prepararse para una entrevista que quizás no llegue, mandar mensajes que parecen botellas al mar y esperar respuestas que muchas veces no vuelven o regresan sin empatía, en formato genérico, después de tres semanas.

Es una etapa que enseña cosas que ningún empleo transmite con esa intensidad:

Perseverancia: porque hay que volver a empezar el lunes después de un viernes en que todo pareció derrumbarse.

Resiliencia: porque cada no duele un poco menos que el anterior, pero ninguno deja de doler.

Orden vital: nos obliga a ser cirujanos de nuestra propia vida, a ordenar las finanzas, quitar los excesos y dejar una imagen lo más pulcra posible para el próximo desafío.

Fe: esa que aparece cuando ya no hay certezas y, aun así, uno se levanta, manda otro mail y vuelve a creer que el siguiente proyecto sí va a llegar.

San José también acompaña esta fila.

Tal vez sobre todo a esta fila, porque protege a las familias en dificultad y auxilia frente a la injusticia. No promete que la espera será corta, pero recuerda que el esfuerzo de buscar tiene un valor inmenso.

En el Jubileo de los Trabajadores del año 2000, el mismo Papa polaco lo formuló más simple: el valor del hombre está en lo que es, más que en lo que tiene. Esa frase hoy también es para los que buscan. Porque la dignidad no se suspende mientras se espera el próximo sí.

Hoy celebro y rezo dos veces. Celebro a los que tienen trabajo y lo sostienen con integridad, sabiendo que su tarea, por pequeña que parezca, construye el bien común. Y celebro también a los que están en la búsqueda: a los que entrenan entrevistas frente al espejo, a los que se levantan cada mañana con una disciplina interior que pocos ven, a los que no aflojan. Por todos ellos, también rezo: para que cada esfuerzo encuentre su lugar, y para que ese lugar los encuentre íntegros.

Para ustedes también es un feliz día. Porque lo que están haciendo (aunque nadie les firme un recibo de sueldo este mes) también es trabajo. Que San José los acompañe, que el próximo sí llegue pronto y que, cuando llegue, los encuentre con todo ese valor que están acumulando ahora, puertas adentro, mientras se preparan para lo que viene.

Feliz día.

 

Referencias

Juan Pablo II. (1981). Laborem exercens [Carta encíclica]. Librería Editrice Vaticana.

Juan Pablo II. (2000, 1 de mayo). Homilía en el Jubileo de los Trabajadores. Librería Editrice Vaticana.

Pío XII. (1955, 1 de mayo). Discurso en la Plaza de San Pedro instituyendo la fiesta de San José Obrero. Librería Editrice Vaticana.

Sobre el autor

Gastón Marón

Ingeniero en Computación (UNLP), Máster en Dirección Estratégica y Tecnológica (ITBA).

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