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Abuelos ricos, nietos pobres (Parte 1)

Roberto Crouzel
Escrito por Roberto Crouzel

La crisis como oportunidad para el desarrollo de un marco normativo amigable para pequeños y no tan pequeños emprendimientos y para las organizaciones sin fines de lucro.

Con solo hacer una rápida búsqueda en internet nos encontramos con que Argentina era considerada en 1895 como el país más rico del mundo o que hace unos 100 años, se encontraba entre los 4 países de mayor PBI por habitante. 

Fue en ese entonces que comenzó a decirse que era el granero del mundo, ya que nuestros productos agropecuarios se exportaban por toda Europa. 

¿Que nos pasó entonces, que cien años más tarde estamos próximos a tener casi un 50% de pobreza?

Se habla mucho de la grieta, pero si el mal tiene cien años, entonces el problema no es la grieta actual, sino que va más allá de ella. Pareciera ser una actitud adolescente por la cual generación tras generación de argentinos necesitamos estar peleados unos con otros, para encontrar siempre alguien a quien echarle la culpa de nuestros males, en lugar de solucionarlos.    

Decía Albert Einstein. Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo. ¿No será tiempo oportuno de intentar hacer una cosa distinta?

El tema da para escribir un libro, pero a la hora de buscar consensos sobre temas de interés de todos, quisiera concentrarme en un tema en particular. La crisis como oportunidad para desarrollar un marco normativo amigable para la pequeña y no tan pequeña empresa y también para las organizaciones sociales. 

 Algunos aprendizajes del Covid 19

La crisis del Covid 19 ha revelado la fortaleza y el dinamismo de las organizaciones del sector civil para participar activamente en la atención de las demandas sociales, en particular de los sectores más necesitados. Basta ver el ejemplo del proyecto Seamos Uno, del cual ACDE y muchos de sus socios, fueron protagonistas muy importantes. Mientras el Estado se encontraba desbordado por la aparición de un virus hasta entonces desconocido, un sin número de empresas, organizaciones sociales, líderes sociales y personas de buena voluntad de todo el arco ideológico, se asociaron para lograr llevar un millón de cajas de comida a barrios carenciados, alcanzando lugares a los que ni el Estado, ni los partidos políticos tenían acceso. 

Simultáneamente, se observó la creatividad de muchísimos pequeños empresarios, buscando la manera de evitar la ruina, transformando su negocio, su cadena comercial o su estrategia de comunicación a fin de sobrevivir a una de las cuarentenas más largas del mundo. Sin embargo, en la búsqueda de estrategias para reducir la caída de la actividad, la falta de existencia de marcos regulatorios adecuados que hicieran fácil la adaptación a la nueva situación, fue un obstáculo insalvable para muchos negocios, que debieron cerrar sus puertas para siempre. 

Para colmo de males, le faltó al Estado la velocidad de reacción necesaria para minimizar ese daño. En algunos casos, incluso, las cámaras, asociaciones o referentes de cada sector, supieron hacer llegar propuestas para retomar las actividades en forma rápida y segura, sin que lograran una respuesta satisfactoria en plazos razonables. 

Los obstáculos de la legalidad

Para las PYMES en general, los obstáculos para operar legalmente conforman un costo impagable en la Argentina recesiva de hoy y no vamos a poder revertir dicho proceso recesivo si no hacemos cambios que faciliten la generación de trabajo. 

Hay dos escritores muy importantes que grafican muy bien, como la inexistencia de un marco legal amigable para la pequeña empresa, se torna en un obstáculo insalvable para ayudar a las personas a progresar y salir de la pobreza y me permito, por lo tanto, trascribir algunos párrafos de alguno de sus libros. 

El primero es Hernando de Soto, que destaca este problema como una realidad de la mayoría de los países no desarrollados. En el Misterio del Capital, el comenta esta experiencia, referida al caso a los migrantes, pero fácilmente aplicable a cualquiera.

Para hacernos una idea exacta de cuán difícil era la vida de un migrante, mi equipo de investigación y yo abrimos un pequeño taller de confecciones en las afueras de Lima. Nuestra meta era crear un negocio nuevo y perfectamente legal. Entonces el equipo empezó a llenar formularios -como todo el mundo-, a hacer colas, a tomar autobuses hacia el centro de la ciudad donde se expiden las certificaciones requeridas para operar, según el texto de la ley, un pequeño negocio en el Perú. Les tomó seis horas diarias y finalmente inscribieron la empresa, 289 días más tarde.

Aunque el taller de confecciones estaba orientado a operar con un sólo trabajador, el costo de inscripción legal fue de US$ 1.231, es decir 31 veces el salario mínimo mensual peruano de entonces.  

La otra anécdota que quisiera destacar, tiene que ver con el origen del Grameen Bank o el sistema de micro créditos ideado por el premio Nobel de la Paz, Mohammed Yunus y que comenta en Hacia un mundo sin pobreza.

¿Cómo se llama usted?

-Sofía Begum

-Cuantos años tiene?

-Veintiuno.

No utilizaba lápiz, ni anotador, pues aquello habría podido hacerla huir.

-El bambú es suyo?

-Sí

-Como lo consigue?

-Lo compro.

-Cuanto le cuesta?

-Cinco takas (esto equivalía a 22 cents. en la época.)

-Tiene usted esos cinco takas?

-No. Se los pido a los paikars.

– ¿Y los intermediarios? ¿Qué ocurre con ellos?

-Tengo que venderles mis taburetes de bambú al final de la jornada, para reembolsar el préstamo. Lo que queda es mi beneficio.

-Cuanto le queda?

-Cinco takas y cincuenta paisas.

-O sea que su beneficio es de cincuenta paisas.

Ella dijo si con la cabeza. Eso equivalía a dos cents (diez céntimos), ni más ni menos.

-Pero no puede pedir prestado el dinero y comprar usted misma los materiales?

-Sí, pero los prestamistas me exigirían muchísimo. Y la gente que se relaciona con ellos sólo se empobrece más.

-Cuánto cobra el prestamista?

-Eso depende. A veces el diez por ciento por semana. ¡Tengo un vecino que paga incluso el diez por ciento al día!

-Y todo lo que gana fabricando estos bellos taburetes de bambú son esos cincuenta paisas?

-Sí.

El caso de Sofía Begun inspiró a Mohammed Yunus a armar una lista de 42 personas trabajadoras a las cuales les prestó un total de 27 dólares a largo plazo y se puso a buscar una institución financiera que pudiera satisfacer las necesidades de los pobres en materia de crédito. Al no encontrar ninguna, comenzó el proyecto de préstamos grupales y solidarios que fuera el comienzo de toda la industria de los micro créditos a nivel mundial y generara una ventana para salir de la pobreza a una infinidad de personas.  

Necesidad de un marco jurídico propio.

El primer punto es entonces, reconocer que no es razonable que los pequeños emprendimientos tengan un tratamiento regulatorio, laboral, previsional y fiscal en muchísimos aspectos similares al de la gran empresa. Ello ahoga la posibilidad de aprovechar el espíritu emprendedor (que es un generador enorme de trabajo) de muchísimas personas y reduce la posibilidad de jóvenes, jubilados, mujeres, habitantes de barrios carenciados, de mejorar su situación económica, fortalecer su autoestima, promover el valor del trabajo y el esfuerzo, generar trabajo, etc.

Las tres principales objeciones que habitualmente se señalan se vinculan a (i) evitar que se creen vehículos que permitan eludir o evadir impuestos o contribuciones de emprendimientos que debieran regirse por el sistema general (ii) evitar la precarización del empleo y que (iii) ya existen un sin número de normas para el fortalecimiento de las PYMES que no se aprovechan debidamente.

La primera objeción se resuelve con penas severas para el uso abusivo de la figura. En lugar de legislar para la excepción (el incumplidor), hay que facilitarle la vida al cumplidor y castigar al que incumple. 

En relación a la segunda objeción, se trata de cambiar el paradigma de que regular es en beneficio del chico y desregular es en beneficio del grande por un nuevo paradigma. Desregular en beneficio del pequeño y mantener las regulaciones para quienes las pueden pagar. De ese modo, no hay precarización del trabajo, pues uno de los objetivos que se logra es regularizar la situación de una infinidad de emprendimientos que hoy operan en fraude de la ley y por lo tanto fuera de cualquier régimen legal (y por lo tanto no realizan actualmente aportes ni al Estado ni a los sindicatos). 

En relación a la tercera objeción, cabe resaltar que el desconocimiento de la diversidad de funcionarios y empleados públicos y privados (por ej. de los Bancos) de normas dispersas, hace en la práctica de muy difícil aplicación los beneficios existentes. Un marco propio facilitaría la educación de la autoridad que debe aplicar la norma. Se trata en este caso, de una medida educativa.

 

Este artículo continúa en la Parte 2

Sobre el autor

Roberto Crouzel

Roberto Crouzel

Abogado (UBA) y con postgrados en UCA, U.Austral y Harvard Business School. Es socio del Estudio Beccar Varela y miembro de su Comité Ejecutivo.

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