A Debate

La opción preferencial por los pobres impone terminar con la pobreza (parte II)

Antonio Margariti
Escrito por Antonio Margariti

Viene de parte I

Cómo eliminar la pobreza

Llegados a este punto, debemos convencernos de que la opción preferencial por los pobres sólo es genuina y no una impostura si nos preocupamos por eliminarla. Ello requiere inexorablemente la acción humana más notoria que es la actividad económica

porque es la acción orientada deliberadamente a suprimir o reducir   un estadio de penuria e indigencia para pasar a otro más satisfactorio y agradable.

Salir de la pobreza requiere abandonar una existencia inhumana, tosca y deprimente, alcanzando otra vida mejor, más humana, más culta y más civilizada, encontrando el sentido y la alegría de vivir.

A pesar de las disquisiciones ideológicas y de las proclamas revolucionarias, es deber de conciencia señalar que la opción preferencial por los pobres es mera declamación farisea si no se intenta seriamente terminar con la pobreza dando los pasos por el buen camino de un sendero que conduzca a la movilidad y el ascenso social.

En esa senda, los pasos que el gobierno debiera alentar son los siguientes: 

  1. Percibir que los pobres sienten malestar por la pobreza,
  2. Compartir su grado de indignación,  
  3. Ayudarlos a imaginarse una vida mejor, 
  4. Estimular su fuerza de voluntad,
  5. Socorrerlos para que adopten una conducta correcta,
  6. Fomentarles deseos de factible superación,
  7.  Permitirles ahorrar y acumular capital en moneda estable. 

a) Malestar. El deseo de dejar de ser pobres, está inicialmente inducido por el malestar que muchas personas sienten por la sordidez en que viven, por la mugre y el desorden de su vivienda y por la precariedad que rodea su existencia y la de su familia. 

b) Indignación. Para actuar y alimentar el deseo de dejar atrás el mundo deprimente en que viven, las personas pobres deben sentir indignación por el estado en que se encuentran. Si se conformasen con la roña y sus desdichas, con el desorden y la falta de servicios elementales, carecerán de motivos para salirse de las mismas. Las personas que se resignan dejan de tener deseos de superación y se abandonan a un destino sin esperanzas.     

c) Imaginación. Pero la sola indignación no basta. Después de enojarse   tienen que imaginar cómo podrían mejorar su vida y cómo harían más grata la existencia si consiguiesen transformar su deprimente hábitat en un lugar más pulcro, más ordenado y más amable o, en todo caso, si pudiesen emigrar del entorno pringoso y depresivo en que viven.  Para recrear su vida los pobres necesitan echar mano de las imágenes y recuerdos que le haya brindado una buena educación y un buen ejemplo.  Los ejemplos de vida ordenada, de conducta austera y de actitudes morales debieran surgir de los padres de familia, de los gobernantes, de los líderes y de los referentes sociales, porque influyen decisivamente en la vida de las personas pobres. 

d) Muchas veces el estado de pobreza se prolonga demasiado porque la persona al no contar con un trabajo permanente pierde el hábito de trabajar, tiene pereza, se abandona al no hacer y desiste del intento como si todo fuera inútil. Si el pobre no se esfuerza o carece de energía o no tiene firmeza y es incapaz de hacer cosas que mejoren su futuro, entonces no tendrá más remedio que conformarse con lo que tiene y resignarse ante su mala suerte. 

e) Conducta. Aunque sea absolutamente necesario tener imaginación para mejorar el futuro, nada se puede conseguir con un simple deseo, ni aun cuando vaya acompañado por un esfuerzo tenaz.  Es imprescindible saber adoptar normas de conducta correctas, planteándose estas cuestiones: ¿Cómo debo obrar?   ¿Dónde podré

obtener lo que necesito? ¿De qué manera tengo que conducirme para tener una vida mejor?  Las personas pobres necesitan imperiosamente que la escuela les brinde buena educación.  En la escuela, con profesores dignos y meritorios, tienen que aprender el orden, la disciplina, el método del esfuerzo, la alegría del logro por mérito propio y la satisfacción del deber cumplido.  

f) Superación. En un ámbito nuevo y desconocido, con reglas y comportamientos distintos a los que estaban acostumbrados, los pobres pueden sentirse extraños. Pero la puntualidad, los gestos, las palabras, el gusto por lo bueno, cumplir con la palabra  e incluso la forma adecuada de pensar son  como garrochas  que les permitirán elevarse  por encima de la vulgaridad. Si el Estado y la Sociedad quieren ayudar a los pobres, deben inculcarles el espíritu de superación, del esfuerzo, de la persistencia y de los buenos modales.  

No hay progreso social posible sin buenos modales, sin nobleza, sin elevación espiritual. La palabra “e-ducere” significa elevar, tirar para arriba y nunca nivelar hacia abajo.  Para elevar a la gente humilde es absolutamente necesario enseñarles a cuidar “las buenas formas”, los modales de cortesía, la elegancia y la belleza, para que en ellos surja naturalmente la expresión “Pobre pero honrado”. 

Ninguna de estas cuestiones significa debilidad ni amaneramiento. Lo cortés no quita lo valiente. Cortesía desciende del latín “cohors”, y significa el sistema de modales que distingue a personas educadas de los individuos groseros. Elegancia, procede de “eligere”, escoger y elegir. Belleza surge de “bellus”, buena forma y aspecto agradable. 

Lo bello y lo bueno siempre deben estar unidos en una alianza eterna. Quien groseramente degrada lo bello para pasar por populachero, hace un terrible mal porque destruye lo bueno.  Cuando una humilde madre, poco instruida, reprende a su hijo diciéndole: “niño no hagas esto, es feo y está mal” condensa en pocas palabras lo que miles de páginas de pedagogía no alcanzarían a enseñar.  

g) Acumulación. Finalmente, para que este mecanismo de elevación y ascenso social funcione adecuadamente, se requiere que cada marginado social, pueda ganar un sueldo razonable, no se lo arrebaten con impuestos, no le impongan aportes compulsivos, ni los llenen de protocolos ridículos y tenga la posibilidad efectiva de acumular el dinero ganado con su esfuerzo, sin que el salario pierda valor. Las condiciones para que los pobres puedan ahorrar y acumular su propio capital son inexorablemente cinco:

1° el aliento de la iniciativa a trabajar honestamente sin esperar las migajas del Estado ni los planes asistenciales que estimulan la vagancia; 

2° el profesionalismo que surge del gusto por el trabajo ordenado y la satisfacción por la obra bien hecha; 

3° la eliminación de toda traba, obstáculo legal o impedimento regulatorio para trabajar, facturar, cobrar su trabajo y conservar el ingreso sin necesidad de trámites o acciones administrativas, bancarias y judiciales; 

4° la eliminación de impuestos directos y la rebaja sustancial de los tributos indirectos que graven sus compras de bienes durables, el pago de servicios y la adquisición de bienes de consumo corriente. 

5° percibir íntegramente y sin deducciones, el salario por trabajos realizados   en una moneda que le sirva como medio de pago, unidad de cuenta y custodia de valor, respetando a rajatablas su derecho a elegir. 

Sólo haciendo que los pobres salgan de la pobreza podremos tener la satisfacción del deber cumplido. Nuestra conciencia estará en paz porque hemos obrado con amor y sembrado la semilla en buena tierra. Entonces. se cumplirá la promesa divina de que el Señor nos dará el ciento por uno. 

Sobre el autor

Antonio Margariti

Antonio Margariti

Economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente” (Fundación Libertad de Rosario).

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