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Siete mil veces peor que el coronavirus: Cómo Alemania salió de una crisis terminal

Antonio Margariti
Escrito por Antonio Margariti
1° entrega

ALEMANIA 1945/48

Cuando terminó la II Guerra Mundial, hace 75 años, Alemania estaba devastada. Su territorio dividido por cuatro ejércitos de ocupación: soviético, americano, británico y francés. La capital, bloqueada y fraccionada en sectores que fueron aislados por el Muro de Berlín, un infranqueable paredón de acero, cemento, concertinas, minas caza bobos y francotiradores. 

Entre muertos en combates y por graves heridas, se contaron 3.253.000 soldados. La población civil sufrió 2.457.000 bajas por bombardeos en áreas urbanas. En los gulags de Siberia fallecieron 376.000 prisioneros y en campos de concentración rusos quedaron 2.100.000 soldados. Como si no fuera poco, 12 millones de alemanes, perseguidos por el Ejército Rojo, huyeron de sus hogares en los Sudetes, Polonia, Prusia, Pomerania y Silesia, llevando un pequeño equipaje. Una catástrofe humana.  

El 52% de las viviendas estaban convertidas en escombros.  La mayoría de las plantas industriales y locales comerciales en ruinas.  Las 1.450 mejores industrias tecnológicas, salvadas de bombardeos enemigos, fueron desmanteladas y trasladadas a los países vencedores, incluyendo el centro de tecnología espacial de Peenemünde. 

Los ultrasecretos operativos “Paperclips” y “Overcast” rastrearon, detuvieron y trasladaron a los EE.UU. más de 700 científicos alemanes especializados en medicina, bioquímica, combustibles sintéticos, cohetería, electrónica, aeronáutica, química, física nuclear y armas navales.   

En el territorio alemán sólo quedaron niños, adolescentes y ancianos desamparados. Las ancianas y mujeres mayores debieron trabajar de sol a sol, limpiando escombros de las calles, los caminos y las autopistas. El alimento escaseaba. La población recibía mínimas calorías con cupones de racionamiento. La hambruna desató enfermedades e infecciones respiratorias que afectaban a sobrevivientes en estado de debilidad y desnutrición.

La economía estaba hecha añicos. Los únicos medios de intercambio eran el trueque o las cajetillas de Lucky Strike, Camel, Morris y Chesterfield que fungían como moneda. Se estaba cumpliendo el plan Morgenthau del presidente Franklin D. Roosevelt: “haremos de Alemania un campo para sembrar patatas, las fuerzas armadas tendrán absolutamente prohibido llevar a cabo cualquier medida de rehabilitación económica o industrial de Alemania” (Circular punitiva JCS 1067). 

Konrad Adenauer y Ludwig Erhard, autores del milagro económico alemán

Uno los más lúcidos alemanes de la época, Ludwig W. Erhard, que fuera ministro de Economía, declaraba: “la herencia que recibimos es terrible: un satírico aborto de inmundicias, un país desplomado y en escombros, un caos total, una Alemania sin honor”. 

El jefe del ejército americano de ocupación, Gral. Lucius D. Clay y su asesor civil Lewis W. Douglas, alarmados por la amenaza expansionista del Ejército Rojo, expresaron: “esta directiva JCS 1067 ha sido redactada por idiotas económicos. No tiene ningún sentido prohibir a los técnicos y trabajadores más hábiles de Europa, producir tanto como puedan para un continente que carece de todo. Sólo hay un camino para la recuperación europea: producir, producir y producir. No se puede recuperar la producción europea sin que Alemania sea el principal contribuyente de tal productividad”. Por ello redacta

Gral. Lucius Clay

ron la contraorden que establecía: “las Fuerzas Armadas americanas deben permitir y estimular la urgente reconstrucción económica de una estable y productiva Alemania” (Circular JCS 1779).

ORDEN JURÍDICO

 Las decisiones adoptadas en la Conferencia de Potsdam por Stalin, Churchill, Truman y Attlee establecieron la nulidad absoluta de las leyes dictadas por el III Reich y, además, constituyeron un Consejo Aliado de Control. Prontamente los representantes de la Unión Soviética y Francia se opusieron a desarrollar una política común con los demás aliados y se negaron a aprobar la creación de instituciones administrativas y económicas dirigidas por alemanes. 

Sin embargo, aprovecharon la ocupación de sus zonas, para sacar bienes y plantas industriales destinados a reconstruir sus propios países. Al final, Rusia se separó de la alianza y constituyó una zona de exclusivo control. En cambio, Francia se acopló a las decisiones de Gran Bretaña y Estados Unidos. 

En estas condiciones de discordia, los gobernadores militares americanos e ingleses y luego franceses, anunciaron la unión económica entre todas sus regiones, estableciendo un Consejo Económico electo por los parlamentos regionales, un Comité Ejecutivo de ocho miembros y cinco administraciones específicas que funcionaban como ministerios: 1.Economía y Finanzas, 2.Transporte, 3.Correos y Comunicaciones, 4.Bosques, 5.Alimentos y Agricultura, todas  dirigidas por ciudadanos alemanes que inspiraban confianza, seguridad, idoneidad y talento. Como puede suponerse, las disposiciones de estos organismos no podían estar en contradicción con lo dispuesto por el Consejo Aliado de Control.  

Finalmente, con la aprobación de autoridades militares, se designaron jueces de primera instancia de prestigio reconocido y se supervisaron sus sentencias. Los únicos impuestos que podían recaudarse eran: a) Impuestos de Aduana, b) Impuesto al Consumo, b) Tarifas de Correos, Ferrocarriles, Transporte acuático y Camiones, c) Derechos de patentes, marcas y copyright.

Así fue como en 1948 designaron un Director de Administración y Economía:  Ludwig Erhard, reconocido economista; mientras que Konrad Adenauer, ex alcalde de Colonia, era nombrado Canciller, con el voto opositor del partido Socialdemócrata. Paralelamente, los aliados impusieron una nueva constitución, supervisada por el mando militar, la cual por pedido del canciller Konrad Adenauer, no se denominó “Constitución” sino “Ley fundamental de la República Federal Alemana”.

Sus características más importantes fueron: a) prohibir Decretos de necesidad y urgencia, b) disponer que la Dignidad humana sea intangible y c) obligar a todos los poderes del Estado respetar y proteger el matrimonio y la familia.

Luego, la Ley fundamental -que sigue rigiendo- estableció estas libertades: 

  1. a) libertad de acción humana en todas sus manifestaciones, b) libertad religiosa, c) libertad de opinión y comunicación, d) igualdad frente a la ley, e) libertad de reunión y asociación, f) libertad de circulación y residencia, g) libertad de profesión y h) inviolabilidad del domicilio y de la propiedad privada.  

ORDEN ECONÓMICO

Como puede imaginarse, entre 1945 y 1948 la situación era caótica. La actividad económica estaba paralizada y los gobiernos de ocupación, tenían estas preocupaciones: 1° crítica situación de los Bancos y el repudio de la moneda, 2° el desabastecimiento de productos esenciales y desaliento en la producción de alimentos y fármacos, 3° la imposibilidad de que los hogares y las empresas privadas pudiesen llevar adelante su plan económico con regulaciones y burocracia.

Walter Eucken

Por ello encargaron a un grupo de expertos, dirigidos por Walter Eucken, la confección de un plan antiinflacionario. Estaban vinculados con la Universidad de Friburgo en Brisgovia y eran juristas, economistas, historiadores, hacendistas, teólogos, científicos y expertos en teoría de expectativas: Franz Böhm, Hans Großmann-Doerth, Wilhelm Röpke, Friedrich von Hayek, Heinrich von Stackelberg, Joseph Höffner, Alfred Müller Armack, Alexander Rüstow, Friedrich Lutz y Leonhard Miksch. El trabajo de estos científicos demandó 10 semanas y fue enviado al general Lucius D. Clay gobernador militar de la zona americana. La propuesta se titulaba “Plan para la liquidación de las finanzas de guerra, estabilidad monetaria y renacimiento de Alemania”.

Los representantes aliados (generales Lucius Clay, Jean de Lattre de Tassigny, mariscales Bernard Montgomery y Georgy Zhúkov) realizaron numerosas reuniones con sus asesores para examinarlo. El representante soviético se opuso obtusamente a la reforma monetaria y a la libertad de mercados. Al mismo tiempo, en los EE. UU, los republicanos conquistaban la mayoría en ambas cámaras y denunciaban la existencia de una red de espías soviéticos dentro de su Gobierno. Esto produjo una crisis y obligó a Harry S. Truman a despedirlos modificando las complacientes relaciones con el gobierno comunista. 

Varios de estos influyentes espías se suicidaron o murieron como consecuencia de las denuncias como Harry Dexter White (que fue creador del FMI), Alger Hiss (principal asesor de Roosevelt) y Withaker Chamber (presidente-organizador de las ONU). Simultáneamente, los soviéticos rechazaron el Plan Marshall e hicieron correr la versión de que iban a hacer su propia reforma socialista para lo cual estarían imprimiendo nuevos billetes en Leipzig. Finalmente rompieron relaciones y abandonaron el Consejo Aliado de Control. Esas circunstancias dejaron las manos libres a los militares aliados y a los científicos alemanes que habían preparado el Plan de Estabilidad y Recuperación. Pero, las dificultades no terminaron con el retiro comunista. También existía una dura oposición interna. En Alemania el partido Socialista SPD, que tenía gran predicamento por su oposición al antiguo régimen, declaraba que era necesario “empoderar al Estado estableciendo una economía socialista que funcionara mediante una Planificación centralizada de la producción y el consumo”. 

Los sindicatos alemanes, influenciados por la dirigencia socialista exigieron “la instauración de una Economía Planificada y Dirigida por el Estado”. Hasta la propia Democracia Cristiana señalaba que “en las actuales circunstancias, la planificación y el mayor poder del Estado en economía eran indispensables por un largo período, si bien reconocemos los peligros del surgimiento de un crudo capitalismo de Estado para la libertad política y económica de la gente”. Muy pocos dirigentes políticos apoyaban la idea de que “las necesidades de la población serían mejor satisfechas por medio de un sistema que incentive la producción mediante la libre iniciativa privada y elimine el poder económico de una burocracia paralizante y retrógrada”.   

Dentro de esta tempestad política, sobresalió la actitud enérgica y convincente del ministro de Economía Ludwig Erhard quien declaró: “nosotros rechazamos el Estado omnipotente y el control total de la ciudadanía por el Gobierno. Porque esta tutela crea una dependencia que sólo produce súbditos o siervos, pero forzosamente mata la libre iniciativa ciudadana. La auto enajenación de renunciar a la responsabilidad individual paraliza la voluntad y provoca la pérdida de rendimiento económico en el pueblo”. 

Sobre el autor

Antonio Margariti

Antonio Margariti

Economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente” (Fundación Libertad de Rosario).

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