Los 100 gestos de Enrique Shaw

II entrega: Presencia de Dios en 100 gestos de Enrique Shaw

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Desde noviembre de 2021, desde Portal Empresa comenzamos a compartir fragmentos del trabajo «Presencia de Dios en 100 gestos de Enrique Shaw», elaborado por Sara Critto y Virna Bergoglio. Para leer la primera entrega, hacé clic acá.

En esta segunda parte presentamos otros 10 gestos respecto a «Su vida familiar»:

11) En su sonrisa permanente

Era notable su constante sonrisa y buen humor así lo escribió el Padre Fernando Miguens, vecino en su propia infancia y amigo de uno de los hijos de Enrique: “A Enrique, el noventa por ciento de las veces, lo vi sonriente. Tenía una sonrisa suave, muy parecida a la de la foto de la estampa; era una expresión típica suya. Alguna vez lo vi un poco más serio, un poco más preocupado. Nunca lo vi enojado, alterado. Y eso que lo veía muchísimo”[1].

“Entre otras cosas me he propuesto tener una cara más simpática porque es apostólicamente necesario. La caridad implica también hacernos amables. Debo ser más simpático. Quiero ser amistoso, teniendo el exterior que los demás y la causa de Dios necesitan que yo tenga”[2].

Dora R. de Ledesma cuenta sobre él: “Toda su persona era alegría. Los momentos difíciles los convertía en positivos. Siempre tenía chistes. Siempre riendo, riendo, riendo, pero siempre en Dios: con la sonrisa puesta en Dios. Era sencillo. Todo le causaba gracia. Recuerdo haber pasado un momento desagradable para un ama de casa. Le serví una bebida alcohólica, sin notar que en el vaso había bichos bolitas, muy común en una casa cerrada en Pinamar. Se lo quise sacar y cambiar el vaso, y no quiso de ninguna manera: no le dio importancia[3].

Iluminaba como afirma Mercedes B.  de Norman: “Enrique tenía un carácter fantástico. Donde estaba, transmitía paz y alegría. Era muy positivo, optimista. Su alegría era inmensa. Cuando llegaba a su casa, con sus hijos armaba un alboroto tremendo. Era el momento de más bochinche. Donde había chicos, todos lo seguían como a la miel. Yo creo, que al haberse criado tan solo, tenía necesidad de estar con chicos. Era muy cariñoso con todos, pero de una manera muy natural, muy corriente, con una gran simpatía. Tenía preocupación constante por los demás. Él decía algo parecido a que “Hay que ver a Cristo en el prójimo[4].

12) En su búsqueda de la santificación de su noviazgo y matrimonio

Quería ser santificados mutuamente en el matrimonio. Así a los veintiún años Enrique le escribió a su novia Cecilia: “Últimamente, al rezar “Santificado sea Tu Nombre”; agrego interiormente “que nuestro matrimonio sea útil para santificar al Señor y a nosotros mismos.” ¿Te resulta Cecilita de mi alma ?”[5]. “En mi comunión siempre pido a Dios que nuestras relaciones sirvan para que sean santificados Su Nombre y nosotros, así como que nuestro ejemplo y obras contribuyan a la difusión de Su Reinado[6].

 13) En considerar las imperfecciones como una ocasión de amor

Los elementos que constituyen la grandeza del matrimonio (y que constituirán el nuestro) no serán solamente nuestras perfecciones sino nuestras imperfecciones que determinarán que Cecilia y yo tengamos ocasión de demostramos nuestro amor, nuestra paciencia, nuestra esperanza y nuestra alegría al pensar en un futuro eterno unidos ambos con Dios. No hay duda de que mi vida para llegar a su plenitud necesitaba la compañía de una mujer, y no hay duda de que esa mujer, sin la cual ahora no concibo mi existencia, era, es y será Cecilia”. Enrique fue consciente de la obra imperecedera que construiría con Cecilia: “Cada día te quiero más. ¿Cómo? ¿Por qué? No sé, tal vez por el sentimiento de construir, y con tu colaboración, una obra imperecedera[7]. “No hay nueva vida sin dolor, y recuerda mi Chiquitita que estamos creando la más duradera de las obras humanas: una familia”[8].

14) En la promoción de la mujer

Le decía a su esposa Cecilia que podía ser diputada o presidenta de Pinamar S.A. Y desde muy joven se la imaginaba en un consejo directivo de importancia[9].

Testimonio de una empleada llamada Adelina Humier: “Yo estaba embarazada y me iban a reservar el trabajo tres meses, pero no me iban a pagar. El gerente administrativo no me quería dar aumento. Fui a la oficina en Paseo Colón, quería contarle personalmente a Enrique esta injusticia, él me dijo: “Ud. no tendría que haber venido hasta acá, me veía directamente en fábrica”. Y yo le expliqué que en fábrica me ponían un cerco. Entonces me dijo: “Yo el jueves la voy a llamar en fábrica”. Enrique no lo podía creer, se indignó. …Y me dieron un gran aumento; me aumentaron 500 pesos. Me acuerdo que eso me alcanzaba para el alquiler de la casa, la luz y el gas.Ese mismo jueves, mi jefe me dijo: “¡Enrique Shaw juntó a todos los jefes en el parque y les dijo que no quería que se cometieran injusticias con los empleados: “No puede ser que la gente tenga que venir a Buenos Aires a verme”! Este episodio se supo en toda la fábrica, fue una revolución, yo lo escuché varias veces[10].

15) En su solidaridad

Ante un brote de poliomielitis en Argentina escribió a su mujer: “me parecen muy buenas tus dos ideas: la de la donación y la referente a la Acción Católica” … “Creo que la polio ha distraído la atención de la gente y, además, mucho más importante, ha creado una gran solidaridad (además que la gente ve que el gobierno se ocupa, sin tanto bombo…). Es emocionante ver cómo todo el mundo limpia las veredas y quema la basura. Me han contado casos de vecinos que estaban peleados y que ahora se ayudan unos a otros[11]. “Quédate tranquila con la gamma globulina. No es tan buena como dicen por una parte y, principalmente, hay otros que tienen más derecho a ella que nosotros[12].

16) En la atención a las necesidades de los demás

También con su esposa “cuando la familia empezó́ a ser grande, se los solía llevar a todos para dejarme descansar con el más pequeño”[13]. Ya de novios le había escrito: «Para empezar no quiero dedicarte tan sólo aquellas horas del día en que uno está cansado. Inventaremos algún horario especial de trabajo, pero de algún modo quiero arreglarme para que eso, inevitable casi en nuestro modo “civilizado” de vivir, no suceda (…) lo que importa es que estemos juntos y realmente viviendo el uno para el otro. -«[14]

“Recuerdo otra vez que me comentó que, si caminaba al lado de una persona coja, que redujera la marcha, por si fuera el caso que esa persona se sentía lastimada al ver que todos caminaban más rápido” (Juan Miguel, un hijo sacerdote)[15].

17) Al fomentar la integración

“En la quinta de Muñiz, apenas construimos la pileta chica luego de la división de la quinta grande, le gustaba invitar a los chicos vecinos del barrio. Se preocupó́ también de organizar con los chicos del vecindario de Muñiz un club de futbol; “Tachito Futbol Club”, organizaba partidos en el fondo de la quinta y comprábamos copas para los ganadores. Se hicieron los arcos de madera, el terreno estaba alisado, y siempre había partidos. Enrique tenía la idea que sus hijos tenían mucho y que los de alrededor no tenían nada y que era importante compartir” (Cecilia Bunge, su mujer)[16]. Quería que sus hijos aprendan a compartir.

En la quinta de Muñiz construimos la pileta chica cuando se hizo la división con mi padre y la pileta grande quedó en el sector que se loteó. A Enrique le gustaba invitar a los chicos vecinos del barrio. Al quintero, un italiano llamado Faustino Penacca, esto le parecía un poco imprudente y prefería seleccionar a quién se iba a invitar, él estaba en la quinta desde 1924[17].

18) En su trabajo por la efectiva ayuda a la familia

Enrique consideraba para que en la familia se pueda alimentar, cuidar y educar debidamente a sus hijos[18], la apoyaba a fines de que no sean discriminados por los empleadores los trabajadores que tienen hijos menores o incapaces. Así en febrero de 1957 lo nombraron asesor de la Comisión de Estudios Económicos de la Unión Industrial Argentina. Calculó la asignación por hijo menor de 15 años y para que su implantación no fuera excesivamente gravosa para el empleador –cosa que los desalentaría a tomar personal con familia numerosa- se ideó la creación de un Fondo de Compensación de Asignaciones Familiares (mediante el 5 % de lo que los empleadores aporten a las Cajas de Jubilaciones) del que saldrían las asignaciones[19].

19) En el ofrecimiento en silencio

Ofreció sin quejas cruces variadas y su enfermedad continuando su labor servicial. Quería trabajar bien para ofrecer lo mejor a Dios y no la mediocridad[20]. Enseñó también a sus hijos a ofrecer cuando les dolía algo o regalarle sacrificios[21].

20) En su oración en el agradecimiento a través de jaculatorias.

Con naturalidad decía jaculatorias durante el día como por ejemplo “Gracias Dios mío”, “Que sea lo que Dios quiera”, Sagrado Corazón de Jesús, dadnos un corazón manso y humilde como el Tuyo. Una hija cuenta que «Todo el tiempo decía jaculatorias, lo habré escuchado cientos de veces repetir con alegría “Señor mío y Dios mío” y otras. Las repetía con naturalidad y en momentos muy oportunos, de inmediato advertía que Enrique continuamente estaba en presencia de Dios[22]. Rezaba un Padrenuestro, Avemaría y Gloria de agradecimiento cuando su mujer lo llamaba o enviaba un telegrama, por ejemplo.

 

Referencias
[1] Shaw de Critto, Viviendo con alegría.

[2] Notas y apuntes personales de E. Shaw recopiladas por Critto, Adolfo.

[3] Shaw de Critto, Viviendo con alegría.

[4] Shaw de Critto, Viviendo con alegría.

[5] Carta de Enrique Shaw a su novia del 27 de noviembre de 1942.

[6] carta de Enrique a su novia del 6-12-1942.

[7] Carta de Enrique Shaw a su novia Cecilia Bunge del 9 de marzo de 1942.

[8] Carta de Enrique Shaw a su novia del 4 de abril de 1942.

[9] Recuerdos, Cecilia Bunge de Shaw.

[10] Shaw de Critto, Viviendo con alegría pág. 130.

[11] Carta de Enrique Shaw a Cecilia Bunge del 13 de marzo de 1956.

[12] Carta de Enrique Shaw a su mujer que estaba en Pinamar del 21 de marzo de 1956

[13] Viviendo con alegría, pág. 48.

[14] Carta de Enrique Shaw a Cecilia Bunge del 22 de junio de 1942.

[15] Viviendo con alegría página 64

[16] Recuerdos de Cecilia Bunge de Shaw, página 45.

[17] Recuerdos de Cecilia Bunge de Shaw, página 45.

[18] Un empresario en plenitud, págs. 203/206.

[19] Un empresario en plenitud, págs. 203/206.

[20] …Y dominad la tierra, pág. 147: …”los cristianos, que también queremos tomar posesión del mundo, pero para luego ofrecerlo.
Queremos conquistar todo: la materia, sin la cual no habría pan, no habría vino, no habría hostias, no habría Misa; y el espíritu, que es un requisito para la fe y el amor. Todo queremos conquistar, todo queremos enriquecer, pero no para satisfacer ningún ansia de dominio sino para tener más que ofrecer a Dios”.

[21] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 96.

[22] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 96.

Sobre el autor

Sara Critto y Virna Bergoglio

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