Los 100 gestos de Enrique Shaw

Presencia de Dios en 100 gestos de Enrique Shaw

A través de estas entregas, presentaremos la «Presencia de Dios en 100 gestos de Enrique Shaw». Se trata de ejemplos de la vida cotidiana y empresarial de Enrique Shaw, compilados por su nieta Sara Critto y la abogada Virna Bergoglio. que fueron seleccionados y organizados en base a tres aspectos:

  • Su vida familiar
  • Su trabajo
  • Su piedad

En esta primera entrega presentamos los primeros 10 respecto a «Su vida familiar»:

1) En la comunicación en el matrimonio

Nosotros tuvimos nueve hijos y tuvimos vida de matrimonio. Conversábamos y discutíamos todo lo que sucedía y lo que hacíamos, nuestro matrimonio se veía completado desde el noviazgo por una gran amistad, incluso en las disidencias que podíamos tener. Era un apoyo muy grande, …. ¡Éramos tan felices!”[1].

2)  En su dedicación y trato a su esposa:

Trataba con mucho cariño a mamá, no recuerdo que se pelearan” (Juan Miguel Shaw, hijo)[2].

Sus hijos no recuerdan haberlos visto ni escuchado pelearse y por eso su esposa afirmó que no le cabía la menor duda de su santidad, la que debió alcanzar por aguantarla a ella[3].

3) En su predilección por los niños

«Todas las noches recorría las camas de los chicos deteniéndose a charlar con los que aún estaban despiertos y besando a los demás. Era muy demostrativo con ellos. Él, que tanto se afligía cuando perdía el tiempo, tenía todo el tiempo para los chicos: se detenía más a disfrutarlos, charlando con ellos como si no tuviera ninguna otra exigencia. Leía y escribía con los chicos saltando a su alrededor[4].

«Siempre estaba dispuesto a llevarlos a pasear en su motoneta, tanto en la quinta como en Pinamar. Siempre aparecían chicos que lo esperaban”. «Su dedicación se reflejaba en cómo nos enseñaba: diría que lo hacia continuamente, casi jugando, sin ser pesado; poco a poco, aprovechando las ocasiones[5]. En la playa parecía el flautista de Hamelin, todos los chicos lo seguían trotando hasta el muelle ida y vuelta[6].

4) En la educación de sus hijos

«Como educador era exigente, pero muy justo y nunca actuaba arrebatado”[7].

 “Él era un gran formador, que se ajustaba a la personalidad y necesidad de cada chico. Cuando yo tenía un bebe, tenía especial ternura para el penúltimo previendo que se vería desubicado por el recién nacido al que yo me volcaba. Si veía una debilidad en alguno lo apoyaba especialmente”[8].

“Nació́ el menor de nuestros hijos, y pudo ver a los mayores creciendo. Cada adelanto era para él una alegría y se preocupaba mucho de su educación y de su formación. Su sentido de la alegría en la educación era muy grande, y él gozaba la compañía de sus hijos desde el anuncio de su llegada en que todos se precipitaban hacia él[9].

5) Al evitar criticar a los demás

Por ejemplo, cuando su mujer buscaba que Enrique criticara a un pariente y él solo respondía “ya sabes cómo es”[10].

Cuando un primo le preguntó sobre qué le parecían algunas personas que estaban vaciando una empresa familiar, no contestó nada en un acto de prudencia y caridad[11].

6) En respetar, tratar con cariño y orar por quienes pensaban diferente

«Era amable y atento con todos los que lo rodeaban, hasta de los que le llevaban la contraria, especialmente los de su familia que no eran practicantes. Yo era una niña, pero percibía esa oposición explícita a todo lo que sea religioso por parte de algunos familiares próximos como mis abuelos[12]. Rezaba por su conversión.

7) En su comprensión

«Con su serenidad, su consejo y su ejemplo suavizaba los momentos de tensión y las situaciones difíciles. Sabia defender sus ideas, pero lo hacía sin perder su serenidad. Tenía ideas firmes, pero no era intransigente, manteniendo su posición, sin caer en la ofensa. Muchas veces no comprendí́ su comprensión, yo me limitaba al momento, mientras que él siempre veía más lejos y eso le hacía proporcionar las cosas. … Enrique se llevaba bien con todos, aceptaba con paciencia las dificultades de los que lo rodeaban, sobre todo de sus parientes[13].  Se propuso favorecer la unidad.

8) En su paz

Debemos buscar puntos de contacto: ser mensajeros del amor de Dios, traer palabras de paz, un poco de amor a Cristo. Debo ser instrumento de la paz de Cristo. Solamente la caridad asegura la eficacia de la acción. La paz es mi primera preocupación. Es un don del cielo, pero hay que esforzarse[14].

«En toda la vida que vivimos juntos, sólo lo vi enojarse dos veces. Una fue en Luis Chico cuando su tía soltera, Giséle Shaw entró de golpe en el dormitorio donde estábamos recostados. El se levantó un poco, le señaló́ la puerta y le dijo que se fuera. Nunca le escuché ninguna palabra hiriente. Enrique nunca peleaba con nadie y tampoco decía malas palabras[15]

Esteban Woca, peón de campo, decía que cuando llegaba Enrique se sentía seguro y comenzaba la paz profunda[16].

Enrique siempre permaneció sereno, alegre y continuó trabajando. Así Moyano Llerena afirmó que: “No es que no le importara lo político, pero no se agitaba.  Mi impresión fue que todo eso se disolvería de un modo u otro, y todos nos habíamos agitado tres meses absurdamente en esas pavadas. Un gran ejemplo, algo muy llamativo”[17].

9) En su rosario en familia

Le encantaba rezar el rosario casi todos los atardeceres en familia, “la familia que reza unida permanece unida”. “Rezaba diariamente el rosario en familia. También hacía que cada uno de los chicos dijeran sus intenciones en voz alta”[18].

Consideraba que era la costumbre de más valor, la herencia que le iban a dejar a sus hijos.

10) En pensar en los demás sin quejarse ni mostrar su cansancio y problemas.

Quería hacerla feliz a su mujer e hijos, que recuerdan especialmente lo lindo que era esperarlo y recibirlo cuando volvía de su trabajo; silbaba desde la puerta y todos los chicos corrían a recibirlo, se interesaba mucho por todos y alzaba a los menores. Nunca demostraba sus problemas, cansancio y contratiempos[19].

Para leer la II parte, hacé clic acá.

Referencias
[1] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 47/48, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[2] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 53.

[3] Comunicación personal a Sara Critto de Eiras.

[4] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 50.

[5] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, Juan Miguel Shaw, pág. 53.

[6] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 47 a 56.

[7] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 48, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[8] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 48, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[9] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 50, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[10] Recuerdos de Cecilia Bunge de Shaw, página 48.

[11] Viviendo con alegría, pág. 150.

[12] Shaw de Critto, testimonio.

[13] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 49, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[14] Notas y apuntes personales recopilados por Adolfo Critto pág. 16.

[15] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 49/50, testimonio de Cecilia Bunge, su mujer.

[16] Comunicación personal 20-4-2019.

[17] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, pág. 84.

[18] Recuerdos de Cecilia Bunge de Shaw, su esposa.

[19] Shaw de Critto, Viviendo con alegría, págs. 58 y 65.

Sobre el autor

Sara Critto y Virna Bergoglio

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