Cultura

En busca de valor, de Javier García Labougle

Enrique del Carril
Escrito por Enrique del Carril

Reseña.

“Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.” Mateo 6, 19-23

“¿Es acaso todo este progreso humano una ficción, una mera ilusión? ¿Puede el ser humano crear genuinamente valor con su esfuerzo y trabajo, o estamos condenados una y otra vez a repetir la historia de Babel?” (pág. 201).

Con estos pensamientos puestos en la mente de Jimmy, uno de sus personajes, el autor resume con precisión el contenido de esta novela llena de sentido, amena y fácil de leer; virtudes importantísimas en este género literario porque, cuando encaramos su lectura, pretendemos pasarla bien, encontrando en la ficción que nos propone alguna enseñanza sobre el sentido de la vida y también un mensaje que elaboramos según nuestra experiencia y, valga la alusión al título, nuestros valores.

La novela cuenta la vida de diferentes personas en una etapa de nuestra historia que comienza en los últimos años del gobierno de Isabel Perón y finaliza a principios del 2016 con la instalación del gobierno de Cambiemos. Cada uno de ellos tiene sus objetivos, sus intereses y responde a valores que guían sus acciones. Algunos tienen convicciones firmes, otros van variando sus actitudes y adaptando sus conductas para sobrevivir o aprovechar en su propio beneficio las recurrentes crisis económicas que jalonaron esta etapa de nuestra historia.

Su lectura me recordó dos obras testimoniales que forman parte de nuestro acervo cultural, una literaria y otra cinematográfica,. La primera es “La Bolsa”, de José María Miró (bajo el seudónimo de Julian Martel) cuyo tema es la euforia y fiebre especulativa desatada durante el gobierno de Juarez Celman y el triste desenlace de la crisis de 1890. La segunda es la famosa película “Plata Dulce” ubicada en la época de la gestión económica del Dr. Martínez de Hoz y su final en la crisis desatada luego de su renuncia. Creo que “En Busca del Valor” tiene méritos suficientes para ubicarse en este género.

Su autor es economista, lo cual le agrega claridad en la explicación de las causas de las crisis que describe. El relato reafirmó mi convicción que la economía no pertenece a las denominadas “ciencias duras” o “exactas” sino a las humanas o sociales, porque su objeto de análisis es la conducta de los hombres reflejada en opciones, temores o esperanzas guiadas por sus valores, no en el sentido de un término aplicable a cosas materiales o a bienes sino de un concepto moral que guía el obrar de los diferentes protagonistas, cuya caracterización en la novela es tan acertada que vemos descriptos con precisión tipos humanos que identificamos con claridad en nuestras vivencias personales.

La mejor definición de valor es la que Jesús nos dejó en la cita evangélica que encabeza estas líneas. La novela, al describir sus personajes y las decisiones que toman nos muestra donde está el corazón y el tesoro de cada uno. Urbano y Celeste, junto con sus padres lo tienen en la familia que defienden con uñas y dientes cuándo arrecian las crisis. Don Gino representa la cultura del trabajo y, desde esa convicción, se juega por su empresa, sus empleados, sus clientes y su proveedores.

Tony y Charlie son dos oportunistas del mundo financiero cuyo tesoro está en el éxito económico y la imaginación para aprovechar las oportunidades que brinda un Estado habido de recursos, emisor compulsivo de títulos de deuda y artífice de recurrentes devaluaciones. Pero la diferencia entre uno y otro es abismal. El origen humilde de Tony lo impulsa a arriesgar y mantenerse al borde del precipicio pero no cae, retrocede cuando están en juego sus convicciones profundas siempre apoyado por una mujer fuerte; por el contrario Charlie no sabe de límites y su vida solo tiene sentido en la competencia y el triunfo a cualquier costo.

La novela no se limita a describir las crisis de nuestro país. A través de Jimmy, un argentino que trabaja en New York en el mercado financiero aborda los efectos de la crisis del 2008 cuando todo el sistema capitalista pareció caer y solo se salvó por la intervención del tesoro. Es excelente la metáfora que el autor elabora a partir de la vista desde los ventanales de la oficina de Jimmy. Bill, su jefe, había descripto el trípode que sostenía la civilización occidental: las Torres Gemelas representaban el poder del comercio; el Word Financial Center el poder financiero y el valor que sostiene a ambos, la libertad, simbolizada en la estatua solitaria ubicada en la boca del río Hudson. La representación del poder comercial fue destruida el 11 de septiembre de 2001 por el terrorismo y en 2008, cuando estalló la crisis de las hipotecas sub prime, temblaba el poder financiero. Pero la libertad, que mira desde el río, asegura que todo podrá recomenzar en un nuevo ciclo, porque el sistema de libre mercado, por esencia, nunca estará exento de la avaricia, la ambición y la soberbia del hombre reflejada en sus libres decisiones. No obstante, el remedio, paradójicamente, es la misma libertad representada en la famosa estatua y no en alquimias racionalistas que caen en utopías mesiánicas irrealizables.

Como se pregunta Jimmy, quizás estamos condenados a repetir la confusión de la Torre de Babel. Pero si, usando nuestra libertad, ponemos nuestro corazón en sólidos valores tenemos la promesa y la esperanza de llegar a la armonía de Pentecostés. Javier García Labougle, en esta novela, nos muestra el esfuerzo y la alegría de quienes buscan el verdadero Valor para poner allí su corazón.

Libro: “En busca de valor”
Autor: Javier García Labougle

Sobre el autor

Enrique del Carril

Enrique del Carril

Abogado. Director de la revista EMPRESA. Fue presidente del Colegio de Abogados de la CABA entre el 2006 y el 2010. Socio fundador del Foro de Estudios sobre Administración de Justicia (FORES).

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