Valores

Cuatro ventanas para la luz (Parte 1)

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Roberto Estévez
Escrito por Roberto Estévez

De la serie “De colectivos y peatones”

Ese goce que el hombre de hoy ha perdido por esta civilización racionalista. Todo se ha separado: el cuerpo del alma, la emoción de la razón, el arte de la ciencia, el hombre del cosmos. Todo lo que tienda a reunificar al hombre es positivo y forma parte de lo que será la síntesis futura, cuando algo deba reemplazar a este mundo catastrófico.

Han pasado cuarenta años desde estas palabras de Ernesto Sábato[1]. Las mismas me recuerdan el refrán danés que se repite muy cerca de aquí en Tres arroyos: cuando soplan vientos de cambio unos construyen refugios y otros construyen molinos.

David Isacs, recordado pedagogo, tituló un libro: “Familias contracorriente”, con el afecto y respeto, que el autor merece, su título sugiere la idea que los laicos debiéramos construir familias contracorriente, clubes, empresas y aldeas contracorriente, pero no es así. La carta a Diogneto nos habla de cómo vivían los cristianos con fidelidad a cristo sin apartarse de las Ciudades ni la vida común[2].

Se trata de una cuestión muy amplia, y estas líneas solo se proponen enunciar una reflexión sobre las organizaciones de trabajo que, con prescindencia de su naturaleza jurídica y escala, sirva como referencia para ver, juzgar y gobernarlas, desde una sabiduría humanista cristiana, interior a las mismas, con una iluminación que quisiera entrever todo plazo.

Esta sabiduría de la creación, la encarnación y el Reino, nos permite ver sin contradicción las realidades económicas, las sociales, las políticas y las teologales, los tiempos pasados y la Actualidad.

 La nueva complejidad

Con la metáfora de la luz, nos referimos anteriormente al ser humano como un “amasijo” corporal, emocional y espiritual[3], que necesita de otros, y en esta etapa de la historia, va  optando vivir en comederos y dormideros de proximidad a los que llama ciudad[4], sometido al arco de la ambigüedad de todo poder humano: desde el gobierno político, hasta el gobierno despótico.

En este contexto el desarraigo de la crisis del estado nacional moderno, la globalización y las migraciones masivas, cambia las razones de arraigo que responden a su humana necesidad.

Desde que hay registros de seres humanos tenemos “raíces” que nos vinculan íntimamente a unos con otros, y también con lo humano. En un mundo en cambio, las fuerzas profundas del enraizamiento humano y la tensión a lo global son mucho más fuertes que las viejas ideologías

Las personas en nuestras burbujas de sentido arraigamos hoy por el idioma, la religión y el país (paisaje); entre tanto, los principales desafíos, como el cambio climático, las migraciones masivas de quienes deben abandonar sus arraigos para sobrevivir, y las mafias del tráfico de drogas, de personas y armas, no son abordables desde los estados nacionales.

Los gobiernos suponen que es una crisis de desigualdad a escalas nacionales, sin percibir que el problema es que no existen en el imaginario global modelos de desarrollo generalizables sin acabar con el planeta tierra. Un “rico” de Buenos Aires, tiene un ingreso mensual igual al de un pasante precarizado de Londres. Sin embargo, ambos desperdician de modo semejante y los restantes sectores de sus sociedades/soledades, también insatisfechos, aspiran mayoritariamente a desperdiciar más recursos como los “ricos y famosos” influyentes en redes y medios.

Los populismos -exteriorización cesarista de una crisis de la democracia, ante un capitalismo casino que ha beneficiado en mucha mayor medida a los sectores financieros globalizados-, abren a cuestionamientos no el funcionamiento, sino la existencia del mercado, acercando a las poblaciones a ideologías inviables.

Movilizaciones sociales de enjambres auto convocados, debilitan el poder de los gobiernos y acrecientan el poder, y por tanto la responsabilidad de quienes organizan el trabajo, la comunicación y la convivencia entre las personas, tanto sea en corporaciones comerciales, como en ONGs y corporaciones.

Las organizaciones de trabajo registran perfiles muy diversos, desde sociedades de capital que cotizan en bolsa, hasta organizaciones de trabajo sin ninguna formalidad jurídica, pasando por cooperativas y fundaciones que, a veces, tiene un desarrollo del poder económico muy superior a sociedades de capital abiertas, sin estar sometidas a los controles que sobre ellas sostienen los mercados de capitales y los estados.

Por otra parte, el trabajo de la persona va de la precarización individual absoluta, a la atadura total de la organización al conjunto productivo en la cadena de valor. Se trata de relaciones que recuerdan los vínculos privados feudales, conocidos como vasallaje, en un extremo y en otro del desarrollo.

Gobernarse y gobernar siempre supone valorar

Si no valoráramos, nada nos movería de nuestra indiferencia. Ninguna de esas decisiones es posible sin un juicio previo de valor.

Al analizar nuestros juicios, nos damos cuenta que nuestra complejidad constitutiva requiere de una iluminación y de un esfuerzo:

  • Luz que nos ayude a descubrir lo más valioso para nosotros, a veces para nuestra familia, la sociedad y la comunidad política;
  • Fuerza que nos ayude a perseverar en el camino del valor percibido para procurar “lo que vale”.

Son los valores los que nos hacen maduros como personas y prudentes como gobierno, con el tiempo o con el camino no necesariamente extenso, pero si intenso de desarrollo de nosotros mismos, por las distintas experiencias que en consecuencia vivimos, nos plenifican o nos corrompen.

A partir de percepciones y actitudes, en la familia, en la sociedad civil y en la comunidad política en la que vivimos, vamos desarrollando valores tales como: el amor, el autogobierno, la laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, sobriedad, ahorro, espíritu de servicio, fidelidad a las promesas; pero también la vitalidad, audacia, innovación, creatividad, entusiasmo, liberalidad; no menos que la belleza, el orden, la armonía; sin olvidar la compasión, la amistad y la confianza…(S.S. Juan Pablo II palabras en la CEPAL, Santiago de Chile, 3 de abril de 1987, n9)

Como se ve, en la autoridad no basta la luz de la fuerza/energía para movernos, sino que a la misma debe agregarse la intención, el asentimiento, y la oportunidad/fortuna para concretarlo[5].

Byung-Chul Han sostiene que, en todo, también en la política está suprimida la distinción entre elegir y comprar … los electores se comportan como consumidores (En el enjambre, Herder, BA, 2013, p97); a lo cual agregamos nosotros que, en toda compra, hace mucho que la necesidad fue sustituida por el deseo. Con las consecuencias que se derivan de que la necesidad tiene límite, pero el deseo humano es por sí mismo ilimitado.  En la sociedad del rendimiento, el hombre se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. (La sociedad del cansancio, Herder, BA, 2018, p30) dice Han.

Sin embargo, la valoración, que se ha vuelto intención, nos mueve de nuestra indiferencia en tres círculos de nuestra personalidad: lo material o materializarle, la expansión de nuestra emotividad y propiamente nuestro corazón -en el sentido de centro de nuestra personalidad-. Desde allí se abre interiormente una cuarta dimensión, reprimida por la modernidad tardía, de la inmanencia a la trascendencia, desde la temporalidad a la eternidad, de donde nace una cuarta valoración abierta, una cuarta dimensión de gobierno: la relación de historias, de la temporalidad y de la eternidad en la temporalidad.

El reconocimiento de estas cuatro dimensiones[6], nos permite descubrir la existencia de cuatro poderes en el arte de gobernar personas -gobernarse y gobernar-: poder tener, poder crear, poder amar y poder creer. Cuatro fuentes de luz y fuerza para romper relaciones tóxicas, círculos viciosos, y para animarnos al desarrollo virtuoso, de las que todos tenemos experiencia.

 

Este artículo sigue en la Parte 2

[1] Entrevista publicada en La Nación Revista el 5 de abril de 1981. Diez años después en el artículo de Ernesto Sábato, Dialéctica de las culturas, La Nación, Sábado 23 de noviembre de 1991, p.9, se reproduce su discurso de la víspera ante el Parlamento Europeo, en la ceremonia en la cual el organismo concedió el premio Sajarov 1991 de derechos humanos, a Adem Demaci, presidente del Comité de Derechos Humanos de Kosovo: Esta oposición entre la ciencia y la creación artística existió siempre, pero en este momento del mundo cobra decisiva trascendencia, pues pone en tela de juicio los valores que nos han conducido a una catástrofe. El pensamiento de los iluministas y sus variantes positivistas sobrevaloro la ciencia y la técnica, conduciendo a la humanidad a un proceso creciente de abstracción y racionalización, alienando al hombre concreto, que no está constituido únicamente por su intelecto, sino también, y, sobre todo, por sentimientos, emociones, sueños, esperanzas, angustias y mitos. Esta crisis no es únicamente la crisis del sistema capitalista o de las dictaduras socialistas, sino de toda una concepción del mundo que terminó por modelar de idéntica manera a los dos últimos contendientes y estableciendo el reinado del hombre masificado. En el uno como en el otro -el conocimiento científico no tiene color político- las ciencias son tanto más poderosas cuanto más abstractas. Y se han ido alejando así hacia un Olimpo matemático, que deja solo y desamparado al hombre de sangre y hueso. Triángulos y acero, logaritmos y energía nuclear, unidos a las formas más abstractas del poder económico -el que comercia con el trigo no conoce ni su olor- constituyeron, finalmente, una demoníaca maquinaria en que los seres humanos han concluido por ser oscuros e impotentes engranajes

[2] los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. Extraído  1 de enero 2020: http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010522_diogneto_sp.html

[3] De colectivos y peatones: La naturaleza de la luz, Publicado por la Revista CRITERIO, en su número 2467, marzo de 2020, Buenos Aires, pp 8 a 11.

[4] De colectivos y peatones: Esconder la luz, publicado por la Revista CRITERIO, en su número 2468, mayo de 2020, Buenos Aires, pp 64 a 67.

[5] Hemos tomado la intención y la energía del aporte de Romano Guardini, la fuerza de Nicolás Maquiavelo, y el asentimiento de los desarrollos de Max Weber sobre los tipos ideales de dominación. Referimos a la oportunidad, o kairos, como un elemento externo, no necesariamente aleatorio, como si lo es la fortuna de Maquiavelo.

[6] Los tres primeros puntos de partida de este desarrollo relacionan el modelo de “objetivos genéricos de la empresa” de Miguel Angel Gallo, la “teoría de la acción humana” de Juan Antonio Pérez López, las reflexiones de Miguel Gutiérrez (“Una definición de empresa”) y de Alejandro Carrera (“Framework de la definición de negocio”), su vinculación entre si y el cuarto punto son nuestras.

Sobre el autor

Roberto Estévez

Roberto Estévez

Profesor titular ordinario de filosofía política FCS–UCA
Licenciado en Ciencias Políticas, Abogado, Master en Dirección de Empresas y Doctor en Ciencia Política. Autor de diversos libros.

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