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Cuarta Revolución Industrial: revisión de literatura enfocada en los efectos sobre el empleo

Escrito por Martín Calveira

El presente artículo integra la publicación «Productividad Inclusiva» del IAE Business School, de la Universidad Austral (diciembre 2021). Comenzamos compartiendo «La imprescindible Productividad Inclusiva (PI)» de Juan José Llach y en las próximas semanas podrán leer los artículos que forman parte el dossier

La producción de literatura en relación a la Cuarta Revolución Industrial y sus efectos económicos presenta diversos matices que, hasta la actualidad, son esencialmente pronósticos y análisis sobre futuros desarrollos potenciales. Uno de ellos se refiere a que ante cambios tan disruptivos en la economía y en el tejido productivo se generarán fuertes tensiones en los mercados, principalmente a través de la relación de sustitución entre trabajo y máquinas, es decir, derivaciones del proceso de inserción de automatización en la estructura productiva.

El documento inicial sobre este tópico es el de Frey y Osborne (2017). Estos autores tomaron la base de ocupaciones laborales del Department of Labor de los Estados Unidos y estimaron que la implementación de nuevas tecnologías podría generar una potencial reducción del 47% de los puestos de trabajo. Ciertamente, un pronóstico desfavorable.

Mediante una perspectiva similar, Acemoglu y Restrepo, desde su numerosa producción académica, argumentan que la automatización se corresponde con la adopción de nuevas tecnologías que permiten sustituir el capital por mano de obra en varios sectores de producción. Este proceso modifica el contenido de la tarea de producción afectando a la mano de obra debido a su efecto desplazamiento, es decir, el capital asume las tareas que antes las realizaba la mano de obra. Sin embargo, los autores también argumentan que el efecto desplazamiento ha sido contrarrestado por las tecnologías que crean nuevas tareas en las que el trabajo tiene una ventaja comparativa. Esas nuevas tareas no solo generan un efecto positivo sobre la productividad, sino también un efecto de reincorporación: reestablecen la mano de obra en una gama más amplia de tareas y, por lo tanto, modifican y/o agregan el contenido de la tarea de producción en favor de la mano de obra.

Otro de los trabajos importantes es el de Arntz et al. (2017) donde se presentan estimaciones de automatización de tareas reales de trabajadores y no las que indican el puesto formal, ya que el objetivo es determinar la verdadera capacidad de automatización. De hecho, un trabajador tiene una ocupación cuya descripción de la tarea puede ser destinada al proceso de automatización, pero si las tareas realmente realizadas en esa ocupación implican actividades menos rutinarias, la automatización prevista será sustancialmente menor a la proyectada por Frey y Osborne (2017).

En ese sentido, según Autor (2015), la capacidad de sustituir trabajo por tecnología está acotada por la gran cantidad de tareas que los humanos ejecutan de manera sencilla, pero que no pueden traducirse en una serie de reglas lógicas que una computadora pueda llevar a cabo.

Efectivamente, las nuevas tecnologías propician la creación o crecimiento de la demanda laboral para la realización de determinadas tareas pero hay otros casos donde el impacto tecnológico tiene matices. Pfeiffer (2016) expone un análisis relacionado con habilidades que se desarrollan en tareas en cinco plantas de montaje de la industria manufacturera alemana. De ese estudio se deriva que hay límites para la sustitución de mano de obra y que se exponen en la variabilidad (casi ilimitada) de la conducta laboral, lo que denomina habilidades tácitas. En particular, destaca que algunos de los operadores de las líneas de montaje desarrollan capacidades relacionadas con aspectos sensoriales tipo holísticos (uso simultáneo de varios sentidos), de tipo exploratorio, así como otras basadas en la experiencia En efecto, todas estas dimensiones humanas del trabajo no podrían ser reemplazadas por máquinas.

En ese marco, la literatura también destaca el rol potencial del Estado a través de sus políticas sociales y económicas. En general, las políticas públicas deberían impulsar la capacitación y transformación de la fuerza laboral ante esta nueva economía, como un bien público cuyas externalidades positivas no solo son estáticas, sino dinámicas con alto grado de potencialidad para contribuir al desarrollo productivo. Por otro lado, en particular, el Estado debe tener un rol activo generando, a través de su gestión, condiciones necesarias para la aplicación de políticas de cambio tecnológico con dirección específica, es decir, acciones para que la inversión se canalice en industrias de intensidad tecnológica y, principalmente, con adaptabilidad al empleo. Asimismo, debe evitar la formación de economías duales, es decir, sectores más progresivos que otros, donde pueden generarse consecuencias negativas sobre la distribución del ingreso, distorsiones nominales e inflación. En este sentido, un caso testigo es el de la República de Corea, donde las políticas públicas integrales también se enfocaron marcadamente en el impulso a los factores de producción, esencialmente, el trabajo.

La Cuarta Revolución Industrial constituye una gran oportunidad para la economía global, principalmente por el impulso potencial sobre la productividad. Sin embargo, también establece riesgos potenciales que ameritan una intervención de las políticas públicas y trabajo en conjunto con el sector privado en aras de evitar que los cambios productivos generen costos sociales de envergadura. Esto se intensifica en los países emergentes.  Por ese motivo, aludimos que el proyecto Productividad Inclusiva debería ser un instrumento cabal de gestión integrándose a la política pública ante esta nueva revolución industrial. Nuestro esfuerzo académico y de gestión permanece en ese sentido.

 

* El texto se deriva de la presentación Impacto de la cuarta revolución industrial en el empleo y en la distribución del ingreso realizada en la reunión de la AAEP del año 2020 junto a Eduardo Fracchia. .(Documento disponible haciendo clic acá). 

Sobre el autor

Martín Calveira

Licenciado en Economía (UBA) y estudios de posgrado (UBA). Investigador del IAE Business School y profesor de Macroeconomía y Política Económica en la FCE UBA.

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2 comentarios

  • Muy interesante. Solo me pregunto si cuando se analiza el «trípode que sostiene el programa, cuando se habla de buscar el «el empleo formal», este concepto no debería ser más abarcativo, porque creo que uno de los fenómenos que estamos viendo es una crisis de la relación de dependencia y una tendencia de las personas a ofrecer sus servicios en el ambito de la cuenta propia y de las empresas de tercerizar sectores. más que de empleo formal ¿no debería hablarse de trabajo formal o fomento al espíritu emprendedor?