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Reflexiones sobre Productividad Inclusiva (PI)

Las manos de una Persona que trabaja en la tierra
Escrito por Eduardo Fracchia

El presente artículo integra la publicación «Productividad Inclusiva» del IAE Business School, de la Universidad Austral (diciembre 2021). En la entrega pasada compartimos «Productividad del sector público: educación pública en la Argentina (2000-2018)» de Belén Pagone y Mauricio Grotz, y en las próximas semanas podrán leer los artículos que forman parte el dossier

 

El propósito de las siguientes líneas no es focalizar sobre ningún punto en especial sino comentar algunas cuestiones de interés teniendo en cuenta el avance de la investigación del equipo de PI.

Uno de los primeros diagnósticos no académicos sino de divulgación sobre el tema Futuro del Empleo correspondiente a Rifkin (1995), fue negativo, aunque suelen aparecer reflexiones con un panorama más optimista. En general, los economistas suelen serlo mientras que los sociólogos son más escépticos.

Por otro lado, uno de los primeros textos de divulgación económica que aluden a la importancia de la productividad fue el del economista francés Fourastié (1907-1990). Presentaba la productividad como gran esperanza del siglo XX y, en nuestra opinión, sigue vigente, este adagio para nuestro siglo.

Visiones constructivas sobre el impacto de las revoluciones industriales son las de Kendrick (1961). Es relevante dado que desde el origen de la raza humana hasta alrededor de 1800 (1° revolución industrial) se produjeron cambios abruptos: desde niveles generales de pobreza del 99% de la población comienza de modo gradual a aparecer la clase media. La productividad hizo la diferencia. En ese marco, si bien se produjo el advenimiento de la economía de mercado que impulsó mucho el bienestar respecto al fracaso del marxismo, hubo una contribución sustancial de las ciencias exactas: energías, electricidad, automóviles, remedios, entre otros hallazgos e inventos cruciales.

Eso derivó en bienestar asociado a la productividad. El PIB per cápita aumentó 10 veces desde el origen de la humanidad visto desde hoy a moneda constante. El campo expulsó gente hacia los centros industriales y la industria es expulsora neta en el mundo desarrollado desde los años 40. Los servicios actualmente no expulsan, pero podrán hacerlo con consecuencias importantes para el sector público 95% asociado a servicios. El gran interrogante de todo esto es la inteligencia artificial, para nada los robots, y algunos economistas, sociólogos, personas orientadas a la futurología, pregonan un contexto complejo.

En ese sentido, se disponen de proyecciones de crecimiento de empleo vinculados con la revolución 4.0. Trabajos vinculados a salud y Stem (disciplinas académicas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se los observa con mucho futuro junto a otras actividades en expansión, muchas de ellas desconocidas aún.

Sin embargo, las proyecciones de futuro son cuestionadas, pero es lo que tenemos a mano. La precariedad de la formación y dualismo son puntos negativos para sociedades como la nuestra. La educación es importante como se trata en otros artículos del presente dossier. En concreto, emergen con protagonismo la inteligencia emocional, programación y ciencias duras.

El desafío ante los cambios tecnológicos es que el trabajo sea prioritario respecto al capital.  El trabajo debe siempre conservar su dignidad y es el centro de la cuestión social. Es clave la educación como lo presentamos en este dossier. Actualmente tenemos un panorama de la política con más peso de lo social. Hay más demanda de procesos de cohesión social. En efecto, se va a presentar en el tradicional Foro Davos esta metodología innovadora que se propone resetear un capitalismo al que siempre le ha costado distribuir, pues su fuerte es la creación de riqueza, su debilidad la equidad.

El IAE es la escuela de negocios en Argentina asociada al World Economic Forum (WEF), la mayor institución del mundo con estos temas, principalmente por su reporte de competitividad que saldrá el 17 de enero para 144 países. Desde 1994 hacemos la encuesta WEF. El responsable de este proyecto es Martín Calveira. Cuando pensamos en competitividad es en general tipo de cambio y productividad. Krugman desprecia la competitividad como lo alude en un documento célebre de 1994, rescata en cambio la productividad. Para él las guerras competitivas de suma cero destruyen valor, es la peligrosa obsesión por la competitividad en sus términos.

Los trabajos que se hicieron de proyección de empleos a futuro tanto de economistas como consultores de management son heterogéneos. No hay evidencia clara. Hay cierto optimismo respecto al empleo subordinado a la formación específica e inteligente del capital humano, que parece un argumento sólido.

Respecto a nuestro país, es evidente que dispone de gran heterogeneidad la productividad. La pampa húmeda está en la frontera productiva internacional, en especial con la revolución verde que ocurrió en democracia Sin ningún apoyo de los políticos. Recordamos la reflexión corriente de Bernardo Kosacoff acerca de que Argentina tiene alrededor de 500 plantas industriales de gran productividad que están en la frontera tecnológica. No obstante, existe un diferencial de productividades relativas, donde las empresas de escala multinacional son más eficientes entre espacio y en todo tiempo. Hay PYMEs que claramente están en la vanguardia, pero el conjunto corre de agrás esta meta de productividad preocupados por la supervivencia.

En ese contexto de país, tuvimos entre 1870-1970, arbitraria periodización, donde se sucedieron distintos modelos económicos en los que se observó crecimiento y productividad con inclusión. Sin embargo, a partir de la década de 1970, tenemos principalmente volatilidad y retroceso. Desde 1990 en adelante con algunos avances: cosecha pasa de 30 millones a 70 millones de toneladas, modernización de la estructura productiva, entre otros aspectos, aunque con dificultades y luego crisis de 2001. La productividad según FIEL creció 20% en el decenio 1990 respecto a la década de 80, número relevante.

PI es un proyecto que fomenta el diálogo con las facultades de ciencias empresariales e ingeniería de la Universidad Austral. Estos últimos tienen un proyecto 4.0 con otra perspectiva, más tecnológica y relacionada con la implementación. Nos complementan estos enfoques con otras organizaciones interdisciplinarias. El diálogo e interacción con empresarios relacionados con el IAE o no, es imprescindible para acotar las visiones academicistas y enriquecerlas con la experiencia sobre el terreno.

La encuesta PI del año 2021, presentada en este dossier, es muy valiosa. Conecta al campo empírico con nuestra producción académica.

Otro de los procesos es en relación a la revisión de autores teóricos y gran variedad de reportes sobre productividad y Revolución 4.0. Nos encontramos gestionando un texto de extensión en el nuevo paquete tecnológico que se será abordados en un informe ejecutivo a egresados del IAE y que venimos discutiendo con un colega que sirgue de cerca estos temas hace años, Ing. Miguel Kelly. A su vez, si bien la denominada Contabilidad del Crecimiento no parece ser nuestro campo, tenemos en la agenda de trabajo de Productividad Total de los Factores (PTF) que la aborda el profesor e investigador Mauricio Grotz.

Desde los trabajos técnicos y análisis que exponemos en este dossier esperamos integrar más a la academia con el mundo de la administración y de los negocios. Nuevamente, la mirada de inclusión social con productividad debe ser la orientación y ocupación del proyecto PI.

Sobre el autor

Eduardo Fracchia

Ingeniero Industrial (UBA), Licenciado en Economía (UBA) y Doctor en Economía y Dirección de empresas (IESE, Universidad de Navarra). Director del área de Economía del IAE Business School y profesor de la Universidad Austral.

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