Valores

El kerigma de los cristianos de empresa

Escrito por Ignacio Gorupicz

Buenos y audaces administradores. Redescubrí recientemente el concepto de kerigma leyendo una homilía del Papa Francisco. El kerigma es el anuncio de la Buena Noticia de la vida, muerte y resurrección de Jesús. La palabra en griego tiene distintas acepciones a veces más entusiastas como proclamación y otras más intensas como grito. El kerigma es el punto de partida de la Evangelización. Es el primer anuncio de Jesús dirigido principalmente al querer (más que al entendimiento) y su finalidad es suscitar la Fe o al menos despertar curiosidad. Sin kerigma no puede haber ni catequesis, ni sacramentos ni vida moral ni comunitaria en el sentido cristiano de todos estos conceptos.
Contra intuitivamente, no me resulto fácil encontrar reflexiones sobre el kerigma en la empresa. Al tipear literalmente “kerigma en la empresa”, un conocido motor de búsquedas me ofreció múltiples opciones que no me resultaron relevantes: desde una librería hasta una firma de ingeniería y construcción pasando por agencias de diseño, branding y consultoras varias.

Más allá de la pastoral de la familia, es posible que la pastoral de la empresa sea uno de los ámbitos donde transcurre una parte relevante de la vida de muchas personas. Hoy hay aproximadamente 3.300 millones de personas empleadas en empresas, es decir algo más del 40% de la humanidad. El mundo de las empresas hoy posiblemente tenga algunos puntos de contacto con el contexto de los primeros cristianos: poca presencia de Dios y de su Iglesia en forma explícita. No hay Biblia ni catequesis, tampoco santos ni liturgia sacramental ni otros componentes que configuran nuestra Fe. En la época de los primeros cristianos aún no existían; hoy existen, pero no se conocen. Hay sin embargo una creciente presencia de otras creencias. Es en este sentido que podríamos trazar una analogía con los primeros cristianos y afirmar que los cristianos de empresa contamos con Jesús y el Espíritu Santo. Esto me lleva a la reflexión acerca de cómo podría expresarse esta pastoral para la empresa de modo de ampliar su alcance y potencia.

Volver a hablar en primera persona

Si bien el uso del lenguaje es un fenómeno complejo, me gustaría hacer foco en una forma de lenguaje que se ha vuelto prevalente en la sociedad moderna: el lenguaje impersonal. El lenguaje impersonal es aquel en el cual las oraciones no tienen un sujeto concreto. Hay miles de ejemplos de este tipo de lenguaje en el día a día tales como: “se puede concluir que…”, “hoy hace calor”, “en Argentina pasa tal o cual cosa” o “Cristo vive”.

Este tipo de lenguaje impersonal genera un hablar a un otro genérico y no tanto a una persona especifica. Para hablar en universal de alguna forma necesito despersonalizarme. En nuestra sociedad si yo dijese que “Dios me habla” (un alguien concreto, en este caso Dios) un psiquiatra posiblemente me diagnostique con algún trastorno mientras que si usase la expresión “me lo dijo mi conciencia” (un otro genérico) esta frase pasaría seguramente desapercibida. Invito a la reflexión acerca de que quizás valga la pena evitar en ocasiones las limitaciones que genera el lenguaje impersonal.

Para expresar el kerigma de los cristianos de empresa, propongo animarse a hablar en primera persona de nuestra experiencia con Jesús. Hablar en primera persona para generar la posibilidad de encontrarnos con lo que cada uno tiene de único y de común a la vez. No hablar desde mi ego, sino desde mi propia vivencia. Hablar desde mi propia vivencia para encontrarme con tu vivencia.

Carlos Acutis

El beato Carlo Acutis decía que todos nacemos como originales, pero muchos mueren como fotocopias. Vivamos como originales y hablemos en primera persona.

Sujeto y predicado. Voy a intentar expresar el kerigma de un cristiano de empresa como yo en primera persona. Quiero hablarte con sujeto y predicado desde mi vivencia de Jesús.

Yo creo que el kerigma parte de mi vivencia personal. Si bien tuve un acercamiento liviano a la catequesis y los sacramentos de chico, yo me convertí a los 16 años. Mi conversión fue en una misión a Santiago del Estero a la que había ido de mala gana invitado “al azar” por el sacerdote que nos daba clase de religión en el colegio secundario. Fue durante esta misión que un día a la noche me encontré solo en un aula de colegio rural sentado en penumbras mirando un Jesús crucificado colgado en la pared. Estaba pensando, más que rezando u orando, sobre el concepto de justicia. A esa edad, no sé porque me resultaba de alguna forma injusto el concepto de solidaridad sin contraprestación y veía como más razonable el de dar a cada uno lo que se merece. De tanto dar vuelta en mis pensamientos levante la vista y en mi interior le pregunte al Jesús colgado en la cruz: ¿Por qué es que debería ser misericordioso? A mis ojos les pareció ver que Jesús me ofrecía el palo horizontal de la cruz en que lo habíamos clavado y a mis oídos les pareció oír que Jesús me decía: “porque Yo lo hice”. Sin entender entendí y me convertí.

A mí no me convence tanto el proselitismo sino el “entrar por la de ellos y salir por la nuestra”.

Hace poco estaba con un colega y amigo del trabajo en un taller de día completo. Hablando de bueyes perdidos, me sugirió que me hiciese un test online de déficit de atención (ADD) que él se había hecho a ver qué resultados me daba. Me pareció una idea rara, pero accedí. Las preguntas eran bastante intensas y a los pocos minutos concluí el test y me dio todo verde más allá de algún nivel de ansiedad normal (de acuerdo con este test online). Mi colega me miró y me dijo: “vos estás bárbaro” a lo yo le respondí que la verdad es que yo vivía mayormente siendo feliz. Nos quedamos sentados un rato más y casi como al pasar estiré piernas y brazos mientras le comentaba a mi colega casualmente: “este fin de semana hice un retiro espiritual que me vino muy bien”. Enseguida mi colega que media hora antes me había sugerido hacerme el test de ADD me pidió que lo invitase al retiro para empresarios así iba con su mujer.

Pienso que hay que animarse a anunciar a Jesús en público. Hacer. Hace dos años nos mudamos a una casa más grande en un barrio de Buenos Aires. Nos sorprendió positivamente el muy alto estándar de pulcritud y paisajismo de los espacios comunes. Grande fue mi tristeza el encontrar la estatua de la Virgen María colocada en un espacio público del barrio en claro estado de abandono: manchada de humedad, con decenas de rosarios rotos colgados, rodeada de plantas de todo tipo puestas en un macetero hecho con cariño con la base de una botella de plástico descartable. Confieso que mi primera reacción fue buscar a quien contratar para que lo arregle, pero resulta que no existe este tipo de servicio. Así que llame a mi mamá y a mi hija de 5 años y en un par de horas de una tarde de domingo limpiamos y restauramos la zona y la estatua de la Virgen María. Nunca dijimos nada en el barrio, pero al poco tiempo mejoro el empedrado del lugar común donde está la Virgen y cada tanto vamos a rezar ahí con mis hijos donde también a veces se acercan otras familias.

Escribir. Leo regularmente una revista digital llamada Seúl que presenta notas de análisis y opinión sobre los desafíos que tiene la Argentina. Hace unos meses me surgió la inquietud de escribirles una carta de lectores, pero no encontraba tema (o mejor dicho inspiración) para escribir. Se me ocurrió al azar tipear las palabras “Jesús” y “Cristo” en el motor de búsqueda de la revista. Cliquee cada uno de los 17 artículos de Seúl que mencionaban cualquiera de estas dos palabras. Salvo un caso, todas las referencias a Jesús o Cristo de la revista estaban asociadas a canciones, películas o series tales como “El conde de Montecristo” o la más reciente “Okupas” y “El Reino”. También había nombres de jugadores de futbol, empresarios y funcionarios públicos; había marcas de ropa (Cristóbal Colón) y hasta el nombre de una Catedral en Rusia cerrando con algunas referencias al vínculo entre el peronismo/populismo y el catolicismo (vía Jesucristo en este último caso). Decidí que con eso ya tenía el contenido de la nota que titulé “menos uno mismo” para simplemente compartir mi mirada sobre Jesús. Ahora en la revista Seúl duplicamos la cantidad de artículos que se pueden leer sobre el Jesús de los cristianos (de 1 a 2).

Visibilizar. Hace varios años compré algunas encíclicas del Papa Francisco y varios libros de Enrique Shaw para tener a mano en la oficina. Mi intención era regalarlos a colegas o clientes cuando surgiese la oportunidad. Vino la pandemia y ahí quedaron. Hace poco revisando los cajones me reencontré con estos libros de alguna forma cajoneados. Me pareció una pena tenerlos guardados, así que decidí exhibirlos sobre una cómoda que tengo para que queden al alcance de cualquier persona que entre a la oficina. Si bien hasta ahora creo que nadie tomó un libro, la semana pasada yo sí elegí dos y se los regalé a un consultor que se había asociado a ACDE recientemente. En general, me siento cómodo compartiendo que tal o cual día me confesé o fui a Misa o incluso que estuve rezando el Rosario en una cárcel. Creo que hacer visibles las cosas que me acercan a Dios puede inspirar a otros, pero también a mí mismo.

Con respeto, yo suelo animarme a invitar a actividades para acercarnos a Dios.

Quizás sea por el tipo de trabajo que hago, pero con el paso del tiempo me he ido animando más y más a proponer actividades que considero valiosas a otros como retiros de impacto u otras celebraciones litúrgicas. Este año, por ejemplo, estuvimos veraneando con mi familia unos días junto a una familia de amigos que decidieron no bautizar a sus hijas. Cuando les ofrecí llevar a sus hijas a Misa aceptaron con gusto y terminé llevando a la más grande junto con mis dos hijos. Hace poco fueron las fiestas patronales de María Auxiliadora e invite a otro matrimonio a venir a Misa y luego a ir en procesión por todo el barrio: vinieron los dos con sus tres hijos y pasamos una muy linda mañana peregrinando por el barrio. En mi experiencia, la contracara de invitar es el ser invitado. Por ejemplo, este año me reglaron un libro sobre espiritismo. Siempre agradezco un regalo que honestamente es bien intencionado
Yo trato de pensar y hablar en cristiano.

En lugar de hablar de tener éxito, intento hablar de ser fecundo. En lugar de viralizar, prefiero diseminar. En lugar de ansiedad, fervor. Es bueno sembrar, aunque yo me inclino más por regar. Mientras en algunas redes buscamos seguidores (followers) y el mundo nos dice que sigamos nuestros sueños, yo intento seguir a Jesús. Cuando pienso en el crecimiento de mis hijos, intento ir más allá de la educación del futuro y trato de ayudarlos a construir una relación con Dios y exponerlos a una educación del origen.

Así como las hinchadas de fútbol cantan sobre la emoción y el sentimiento, yo creo que lo de Jesús es una pasión. Mientras veo tanta espiritualidad sin Dios, yo soy un pecador que trata de vivir con Jesús. Ante tantas bien intencionadas propuestas de emotividad sin raíz, yo trato de vivir la radicalidad del Evangelio en el sentido de su acepción original que hace referencia a la profundidad, al fundamento, a las raíces en Jesús. En lugar de preguntarme quién soy, intento preguntarme para quién soy. Yo pienso que somos creativos, pero no creadores.
Yo creo que Cristo vive. Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir. Estas palabras que acabas de leer son las que escribe el Papa Francisco en su exhortación apostólica sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. ¿Estará Cristo golpeando para que lo dejes salir de tu corazón?

El ejemplo de Enrique Shaw nos puede dar una luz. A lo largo de su vida, Enrique escribió notas en múltiples libretitas. En ellas fue registrando sus pensamientos y conversaciones con Dios y con los demás. Este testimonio está disponible para que lo leamos y nos inspiremos: mucho está escrito en primera persona. A principios de 2022 conocí a un socio de ACDE que de niño viajaba a Pinamar junto con su padre y Enrique (quién iba al volante). Este socio de ACDE me compartió una frase que resume su memoria de niño acerca de cómo era el Enrique Shaw cotidiano: “Enrique siempre traía a Dios a la conversación”.

Yo creo que Cristo vive. ¿Tendrías la audacia de postear esta frase en tus redes sociales? Like, share o retweet…o como diríamos los cristianos, diseminar.

Sobre el autor

Ignacio Gorupicz

Socio en McKinsey & Company. MBA Stanford University. Master en Finanzas UTDT. Contador y Licenciado en Administración (UBA). Vicepresidente Primero ACDE y Presidente del Encuentro Anual ACDE 2021.

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3 comentarios

  • Una muy interesante y, diría, valiente nota en estos tiempos de tanta superficialidad en las personas. Creo que nos hace falta convicción y seguridad para llevar la Palabra de Jesús -sin temor- a cada lugar en el cual podamos estar.
    Muchas veces, como comenta Ignacio, uno termina hasta sorprendiéndose de la aceptación que tienen muchas personas a conocer algo más de Jesús y su vida. Hay muchos corazones vacíos.

    Con respeto, paciencia y humildad, aunque con verdadero compromiso y Fe en que Cristo vive, no seamos tímidos para anunciarlo. ¡Está aquí, acompañándonos en nuestro día a día!