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El empresario y la Doctrina Social de la Iglesia

Escrito por Portal Empresa

Esta entrevista pertenece a la serie de entrevistas a Luis Miguel Bameule «Trabajar para crear trabajo».*

 

Portal Empresa: ¿Cómo ves todos estos temas desde la mirada de la Doctrina Social de la Iglesia y, especialmente, desde los últimos documentos del pontificado de Francisco?

LB: Ya adelanté y cité opiniones de San Juan Pablo II en CA que, para mí, forman parte de la columna vertebral de la Doctrina Social de la Iglesia. El problema es que, muchas veces, se considera a ésta como un programa político que no lo es. Es un llamado a todos los cristianos para que actuemos en nuestra vida social y económica conforme a los principios del evangelio en donde la “opción preferencial por los pobres” es un objetivo claro y concreto. El dilema se produce en los medios que consideramos convenientes para llevar adelante esa opción. Los empresarios que creemos en el sistema de economía libre, creemos que la propiedad privada utilizada con sentido social y la libertad para emprender son medios adecuados para canalizar la opción por los pobres porque generan trabajo, oportunidades y permiten despertar los talentos que muchos tienen para emprender.

La Doctrina Social de la Iglesia ha sostenido estos principios desde siempre. Obviamente también marca los efectos nocivos del egoísmo, la ambición de poder, el abuso de los poderosos y el vicio del consumismo que se traduce en valorar a las personas por lo que tienen y no por sus virtudes y es bueno que así sea. Solo una anécdota: cuando nos visitó San Juan Pablo II en 1987, yo era presidente de ACDE y organizamos un encuentro con los empresarios que llenó el Luna Park, generosamente cedido por su entonces propietario Tito Lectoure. Allí el entonces Papa nos habló “sin pelos en la lengua” marcando nuestra misión y las tentaciones en las que muchas veces caemos: el egoísmo, la avaricia, el abuso de poder etc. Pero también valorando nuestro rol como generadores de productos, servicios y empleo. Al finalizar de pie el auditorio aplaudió a Juan Pablo por varios minutos. Con su natural simpatía, al finalizar los aplausos recuerdo que dijo algo así como (cito de memoria): “la verdad es que, con todo lo que les dije, no sé por qué me aplauden”.

En cuanto a Francisco creo que, si se leen sus documentos en forma total, si bien pone el énfasis en la crítica a los aspectos negativos del capitalismo, no niega los principios generales antes comentados. Personalmente no comparto su visión excesivamente estatista y confusa sobre la economía y la empresa. También me preocupan las consecuencias de sus reflexiones y gestos en la política argentina. Pero creo que no debe dramatizarse y los empresarios de verdad debemos exponernos más, rendir cuentas y no quedarnos solo dentro de las empresas.  Francisco también podría ayudar valorizando un poco más al generador de empleo genuino y asumir que empresario no es sinónimo de rico, que el empresario de verdad es un trabajador que toma riesgos, que tiene pobrezas y angustias económicas y no económicas. 

Portal Empresa: Para despedirnos, ¿podrías cerrar con una síntesis de tu pensamiento.

LB: Creo que debemos abandonar la cultura de “sálvese quien pueda” asumida también por buena parte del empresariado que lleva a la fuga de capitales, al éxodo de gente formada y a la caída relativa de la Argentina frente a todo el mundo. Lo que San Juan Pablo II definía como “pecado social”. En los últimos tiempos se han debilitado aún más las instituciones más básicas de la sociedad: Educación, Justicia, Moneda, Derecho de Propiedad, lo cual obtaculiza aún más la inversión genuina y fomenta la fuga de capitales y talentos.

¿Cómo se sale?: Fundamentalmente reconociendo la verdad y no ocultar nuestros defectos. Dejar de confiar en líderes mesiánicos y más en instituciones fuertes que cada uno, desde su lugar, debe ayudar a crear y fortalecer. Se trata de un verdadero cambio cultural porque la situación actual no es solo culpa de los políticos sino de vicios que se han arraigado por décadas en la sociedad.

Los resultados no se verán a corto plazo, pero es hora de comenzar. No se puede emparchar más. Debemos volver a valores básicos: trabajo, rol de la empresa e inversión y mejor educación; Estado chico y fuerte y fortalecimiento de las instituciones. Se trata de aplicar SUBSIDIARIDAD, TRABAJO, LIBERTAD PARA EMPRENDER, COMPETITIVIDAD y COMPETENCIA. El cumplimiento de la Constitución ayudaría a empezar de nuevo. La dirigencia argentina debe lograr acuerdos básicos para avanzar en este sentido. De lo contrario, las inversiones no llegarán a la Argentina y el capital y los emprendedores se seguirán fugando.

Para volver a crecer, como dije antes, se necesita recrear una atmósfera favorable a emprender de verdad: empresarialidad.

 

* Para leer la parte 1, hacer clic acá; y para leer la parte 2, acá.

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